BlogsDroga, vida y libertad

La droga no es rentable

Publicado: 15/03/2018: 551

Evitar el dolor, es una intencionalidad permanente de la toda persona que orienta su conducta a conseguir un placer que aparece con categoría de una necesidad justificada porque, en su estructura cerebral, se encuentran diseñados todos los programas necesarios y suficientes para al ser activados, garantizar una existencia en óptimas condiciones; claro que en esta tienda de felicidad cerebral, se "vende semillas" que necesitan ser cuidadas, alimentadas y desarrolladas para que ofrezca sus frutos.

En la actualidad, el ser humano ha conseguido una gran libertad que le ha proporcionado independencia y racionalidad, pero también la ha aislado y lo ha tornado ansioso, estresado, angustiado y lleno de miedos y oscuridades, y del hombre de las cavernas hemos pasado a las cavernas del hombre, en la que una sociedad, llena de cosas y vacía de contenidos, ofrece  objetivos perversos, efímeros y superficiales que desorientan y que lo dejan sin objetivos existenciales, y sin éstos, nace el protagonismo de la nada que “apagando la mente” desencadena la neurosis  del vacío.

La droga aparece como una solución pues proporciona  estados de conciencia gratificantes que ofrecen tiempos de alejamiento de problemas y conflictos que son transitoriamente terapéutico, y son estas alegrías y contentos  los que seducen al consumidor; es el escenario del cerebro donde se desarrolla toda la historia y de una manera progresiva y como sustancia extraña lo deja deteriorado en sus funciones y  la mutilación neuronal que provoca, contamina y desorganiza los recursos cerebrales que le hacen experimentar una situación de soledad y se queda sin rumbo, sin saber hacia qué puerto dirigirse, o más grave aún, sin sospechar siquiera que existen puertos. Este aislamiento, le llega a  resultar insoportable y le facilita huir de su libertad, precipitándose en nuevas formas de dependencia y sumisión, que le señala el camino de su desintegración mental, del mismo modo que la inanición conduce a la muerte: el único bien que descubre es aquello que provoca el olvido de la existencia.

Y es que la existencia posee un mecanismo íntimo que le es peculiar: tiende a expandirse o extenderse, a expresarse y a ser vivida. Si esta tendencia se frustra, la energía enraizada hacia la vida, sufre un proceso de descomposición y se muda en una fuerza dirigida hacia la destrucción: se conforma una respuesta nihilista. Los impulsos de vida y de destrucción, son universalmente proporcionales: cuanto más impulso vital se ve frustrado, tanto más fuerte resulta el que se dirige a la destrucción; cuanto más plenamente se realiza la vida, tanto menor es la fuerza de la destructividad.

Claro que un individuo puede estar solo en el sentido físico durante muchos años y sin embargo estar relacionados con ideas, valores y normas sociales que le proporcionan sentimientos de comunión y pertenencia. Por otra parte, puede vivir entre la gente y no obstante dejarse vencer por un sentimiento de aislamiento total, cuyo resultado podría ser un estado mental parecido a la esquizofrenia. Esta falta de conexión con valores, símbolos o normas, que podemos definir como soledad moral, es tan insoportable como la soledad física, o mejor, la soledad física se vuelve intolerable tan sólo si implica también la soledad moral. Las religiones, creencias o nacionalismos, por más absurdos o degradantes que sean, siempre que logren unir al individuo con los demás, constituyen refugios contra los que el hombre teme con mayor intensidad: la soledad y el aislamiento.

Para encontrar orientación, significado y “vida” a la existencia, es indispensable que el cerebro, como órgano de expresión de nuestro yo, se encuentre en las condiciones normales para tomar consciencia de sí mismo, de ser algo individual, único e irrepetible y descubrir, organizar y señalar el camino a hollar para encontrar las respuestas a todas sus inquietudes de plenitud, inmortalidad, felicidad y trascendencia, que no se encuentran en los demás ni en ninguna sustancia sino en el hondón de su ser.

Cuidar el cerebro es la mejor misión que tenemos para garantizar nuestra calidad de vida, por eso nunca es rentable consumir drogas.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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