BlogsDroga, vida y libertad

La droga y el MOR

Publicado: 18/04/2018: 785

Cuando el consumidor de drogas pide ayuda y se reconoce enfermo, generalmente la enfermedad se ha desarrollado en su totalidad y ha llegado a una situación límite. La droga ha hipotecado su vida durante un periodo de tiempo, que incluso no siendo prolongado siempre es intenso, y en función de ella ha vivido unos estados alterados de conciencia, con fases de duerme-vela alternando con los de alerta máxima para conseguir la próxima dosis; ha vivido alejado de la realidad objetiva y confundiendo días y noches.

Su cerebro ha estado sembrado de pesadillas, alucinaciones, miedos y también de episodios "patológicamente gloriosos" y él mismo ha estado condicionado para interpretar los acontecimientos según la droga "le dejaba". Sus sueños eran, a veces, una película de terror, otras, un angustioso sopor, y siempre, la confusión de la realidad con su mundo interno, una constante rutina; en muchas ocasiones no sabía cuándo realmente estaba despierto, dormido o dormitando, y qué sueños eran realidades o qué realidades eran sueños. Muchas de estas experiencias, al estar el filtro del consciente casi anulado, se graban con fuerza en el inconsciente  y desde allí pueden condicionar vivencias de la vida cotidiana, pues lo que alguna vez fue vivido y grabado, conserva una intencionalidad en la vida psíquica que incide directamente sobre ella, siendo éste un capítulo a sanear en el proceso de rehabilitación.

Bien, llegó la desintoxicación, se pasó el síndrome de abstinencia más fácilmente de lo que pensaba y la alegría de estar sin consumir y en un periodo de normalización social, le hace vivir como una segunda luna de miel (la primera fue al inicio de la enfermedad, en que todo era bueno menos el precio) y los motores de la esperanza están "echando humo".

Es entonces la ocasión de insistir, "a tiempo y a destiempo", que no se debe bajar la guardia, porque aún le queda por "cuidar" las zonas dañadas de su cerebro y que necesitan tiempo, mucho trabajo y suerte para su recuperación. Es peligroso  identificar el no consumo con estar curado, pues es confundir el camino con la meta, ya que las drogas dejan siempre heridas neuronales,

Una de esas heridas se manifiesta con un síntoma que aparece como un grave factor de riesgo para el pronóstico de la enfermedad: el insomnio

Es una secuela que permanece durante algún tiempo y que necesita ser valorado también por el enfermo, para que no "intente arreglarlo por su cuenta" ya que entonces es fácil que consiga el reiniciar otra drogodependencia, a veces de manera compulsiva, con un aumento del deterioro del centro del sueño y todas sus consecuencias. Por esto, se van a exponer algunas consideraciones sobre este importante apartado, que tantos optimismos frustran en los profesionales y en los enfermos.

Las drogas, al producir estados alterados de conciencia, provocan una interferencia en una función tan esencial como es el sueño, al que la persona le dedica al menos 1/3 de su vida; el 23% de ese tiempo es exclusivo de una fase importante que se identifica por los movimientos oculares rápidos, el MOR o REM (rapid eye movement), también llamado sueño paradójico por la apariencia de superficialidad y la realidad de su profundidad. En el electroencefalograma se caracteriza por una actividad de bajo voltaje y con aspecto de "dientes de sierra". Pero es una fase que si se interfiere o se disminuye repetidamente, la persona presenta aumento de agresividad, ideas de suicidio y alteraciones emocionales, pues es un periodo terapéutico en el que se reordena la "biblioteca psíquica"; sirve de válvula de escape de las tensiones emocionales diarias; soluciona o da "pistas" para problemas intrapsíquicos; relativiza experiencias traumáticas; dispersa obsesiones etc., y sobre todo es un tiempo de "descarga neuronal" y  de recuperación cerebral. En cualquier caso se puede afirmar que, con alteraciones de la fase MOR, la calidad de vida bordea patologías neurobiológicas.

Disminuir la "edad neuronal", "frenar" las potencialidades psíquicas y  deteriorar  las funciones cerebrales, son argumentos suficientes para valorar si merece la pena el consumo de drogas.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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