BlogsDroga, vida y libertad

Desde la razón

Publicado: 27/06/2018: 398

“Y no puedo tener por mí mismo la idea un ser más perfecto que el mío propio y tal idea sólo puede haber sido introducida en mi consciencia por un pensamiento superior al mío, capaz de contener en sí todas las perfecciones. Descartes”

El ser humano se encuentra conformado por una entidad biológica en una estructura celular que durante un tiempo fugaz le ofrece existencia visible; el cerebro se presenta como un órgano que con sus programas de mantenimiento, defensa y reparación, localizados anatómicamente, asegura, en íntima cohesión con la mente que es la que asume la función de elaborar los contenidos cerebrales, la coordinación de todo el organismo conservando la armonía y equilibrio y, respetando el orden y jerarquía de conjunto, garantizando una  existencia en óptimas condiciones. Finalizado el ciclo biológico todo este sistema celular se descompone, desintegra y desaparece.

Pero esta realidad corporal, condensación transitoria de energía, se encuentra indisolublemente ligada a una realidad interior que, con capacidad de diferenciarse de ella, se manifiesta con inquietudes, interrogantes y singulares deseos que superando los límites biológicos y rechazando de manera taxativa la idea de extinción, marcan unas orientaciones en que los imperativos categóricos  de trascendencias y permanencias, se resuelven en argumentadas motivaciones. Esta realidad interior no “visible ”, y en la que “vivimos, pensamos y existimos”, representa el motor de vida que organiza a la totalidad para alcanzar la plenitud de su naturaleza que es la meta de todo ser vivo.

Lo anterior nos revela que somos algo más que un conjunto de  células organizadas y que estas inquietudes que se formalizan como deseos, se encuentran a la espera de ser satisfechos y obligan a la razón a buscar soluciones y respuestas, y es entonces cuando la razón, facultad suprema, valora que esas “inmortalidades e infinitudes” poseen una categoría que la supera y que van más allá de sus propias capacidades. Ante la existencia de estas añoranzas comunes al género humano, la razón confirma que lo infinito no surge de lo finito y nunca puede ser la suma de muchos finitos, ni lo transitorio puede generar lo permanente, y de manera taxativa refuta, en su ejercicio de discernimiento, el poseer estas intensas y esenciales orientaciones sin estar dotada de los recursos necesarios y suficientes para poder desarrollarlas, y registra que debe existir un fallos, una carencia: algo falta.

Y surgen las preguntas: ¿Por qué las tenemos?¿Somos una realidad celular que nace, crece, se desarrolla y desaparece? ¿Estamos fabricados para la frustración y el fracaso? ¿Todo es una broma o un timo existencial? Pero entonces, estos movimientos mentales ¿Qué me señalan? ¿Qué informaciones me quieren dar? ¿Quién las ha grabado de manera tan indeleble en nuestra sustancia limitada y transitoria?

Testimonio

La droga, durante más de una década, al estimular zonas específicas del cerebro, me ha hecho experimentar  frecuentes y variados estados de conciencia que me han dejado significativas huellas neuronales.

Después de 27 años sin consumir, hace tiempo que se presenta en el escenario de mi conciencia, una sed de infinito y una nostalgia de eternidad que, protagonizando mis movimientos mentales, me hacen contemplar el misterio de mi ser y existir y me indica que soy algo más que un cuerpo y una mente. En búsqueda de respuestas estoy hollando territorios interiores que de manera inefable me ofrecen  sensaciones de paz, serenidad, equilibrio y armonía, y que, llenando de energía y vida mi aljaba, no dejan de multiplicar ganas, entusiasmos y argumentos para continuar.

En esta composición de lugar, tengo fundamentadas sospechas que “alguien”  me ha insertado  en mi hondón esas trascendencias y que también que me ha dotado de un gen de categoría espiritual que ofrece respuestas, explicaciones y soluciones. Es un gen que “informa” a la razón con su cualidad espiritual, y establece con ella una intrínseca relación funcional, y esta unión es la que, sublimando a la razón en sus funciones y capacidades y recursos, determina una singular expansión de la conciencia. La “nueva razón” enriquecida, completada e iluminada, superando sus límites, puede ya caminar de manera segura por unas dimensiones en los que han desaparecido “horizontes, lugares y estrecheces del tiempo”, y ella entiende y sabe que en ellas encontrará todas las plenitudes.

Una firme esperanza de encontrar a ese “alguien”, que me ha marcado su gen, es la que sostiene mi gratificante vivir de cada día.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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