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Los silencios de la droga (I)

Publicado: 05/07/2018: 248

Ocurre, con más frecuencia de lo deseado, que por falta de información sobre algunas de las particularidades de la enfermedad de la droga, ésta provoca un efecto destructivo sobre el núcleo familiar afectado que es el factor terapéutico más importante del que no debemos ni podemos prescindir para conseguir la curación; desde luego, evitar ese posible desastre es sólo cuestión de conocer la dinámica de las drogodependencias y aceptar que es una patología silente. Así sucede que la noticia que el hijo está metido en la droga, cae en la familia como un bombazo. Al primer momento de incredulidad le sigue la certificación del hecho y después, la movilización de todos para encontrar las soluciones posibles, en el menor tiempo que se pueda. Pero la sensación de desorientación y confusión, empieza a protagonizar las relaciones de la familia; la obsesión del “¿por qué?”, continúa con el reparto de culpabilidades, y los conflictos latentes o antiguos salen a flote y agravan un presente de por sí angustioso y angustiante. A veces sólo se  manifiestan relaciones que previamente hacían agua y el problema puede ser la ocasión para hundir el barco...o recuperarlo definitivamente, como acontece en muchos casos, cuando el peligro de la desintegración ilumina las posibles consecuencias y se toma conciencia que son  más negativas que la situación actual.

Pero es ahora cuando el hijo o hija necesita la ayuda y no el investigar culpas y responsabilidades. No es tiempo de destruir sino de construir. Pisar el pasado, anular las sombras, miedos y temores y prepararse para un trabajo en el que se puede conseguir  la consolidación de ese núcleo social y la completa recuperación de uno de sus miembros: es una razón suficiente para que los padres deban conocer algunos de los regates que la droga realiza para pasar desapercibida y no ser descubierta a tiempo.

Porque cuando esa persona empieza a consumir, su vida no cambia de pronto. No aparece ninguna señal de alarma. Todo sigue igual y el uso de la droga puede ser errático, ocasional y circunstancial, hasta que suavemente se va convirtiendo en semanal, coincidiendo con fiestas y puentes. Apenas se pueden detectar algo; sí, existen cambios de hábitos, de amigos, de carácter...pero a lo largo de varios meses y siempre se encuentra la explicación y la causa en el mismo periodo de cambio hormonal y bioquímico significativo de la juventud, que intenta encontrar su identidad y su autonomía. Las señales  de la droga aparecen tardíamente, cuando ya se ha producido la dependencia cerebral y las motivaciones de la conducta, consecuencia directa de ella, se manifiestan claramente. A pesar de esto, puede pasar mucho tiempo antes que la familia se entere y casi siempre la coge a pie cambiado.

Lo anterior encuadra y escenifica lo que se denomina el 1º silencio de la droga, que es el más perverso, ya que nos dificulta el diagnóstico precoz: los remordimientos de ¿por qué no nos hemos dado cuenta antes?, ¿en qué hemos fallado?, ¿qué hacías tú?...¡NO!, este silencio nos juega una mala pasada y se debe tener en cuenta para evitar reproches, porque lo único urgente y necesario es aunar esfuerzos e hipotecar culpas, para poder ser eficaces instrumentos terapéuticos y conseguir que el enfermo se recupere ....y la familia también.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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