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La droga de la risa

Gas de la risa
Publicado: 21/09/2018: 273

El problema de las adicciones, no se encuentra en las drogas sino en las personas que son las que tienen la capacidad de convertir el remedio en veneno y viceversa; el abuso de una sustancia nunca hipoteca su uso, especialmente si tiene el objetivo de aliviar el sufrir del ser humano.

Pues bien, el óxido nitroso (N2O) gas volátil, incoloro, con olor dulce y ligeramente tóxico, posee unas indicaciones que aseguran sus útiles y beneficiosos efectos. Su asociación con el oxígeno en las proporciones debidas (de un 50% a 70%) es utilizado de manera necesaria y rutinaria para modular y estabilizar la anestesia, y mantener la analgesia y sedación suficiente para los procedimientos quirúrgicos. Ser coadyuvante de la anestesia señala su legalidad y su distribución normalizada en los hospitales, y su uso tiene la seguridad de la valoración previa del enfermo por un médico especialista.

Pero este gas tiene unas propiedades que, desde su descubrimiento, han sido aprovechadas para su provocar estados de conciencia que tienen una finalidad lúdica o recreativa. Durante esos últimos meses se ha puesto de moda su consumo en la costa del sol, aunque hace años que es normal otros lugares de nuestro país. Este N2O, que se conoce como el “gas de la risa o gas hilarante”, se encuentra en los mostradores de algunas salas de fiestas o pubs, en depósitos metálicos con el que los empleados rellenan unos globos que son distribuidos entre los que lo solicitan. Su consumo se realiza por inhalación del contenido de ese globo y los efectos son casi inmediatos y se manifiestan en una irrefrenable risa gesticular y carcajadas huérfanas de sentido y causa, pero sugestivamente contagiosa y atractiva; se acompaña de sensación de bienestar y de aturdimiento, y con cierta desinhibición de una mente que se encuentra, de manera parcial y transitoria aunque sea fugazmente, clausurada o ausente.

La facilidad de su consumo, el precio de 2 a 3 euros, la rapidez de sus efectos, su duración limitada a pocos minutos y la rápida recuperación que se consigue con una normalizada respiración, ofrece argumentos suficientes para una querencia que le orienta a repetir su consumo. No es adictiva; no provoca tolerancia; no tiene síndrome de abstinencia y no se han registrados ingresos hospitalarios por sobredosis. “¿Por qué no probar?” es una afirmación más que una pregunta.

El consumo al libre albedrío, “sin control ni piedad”, de este gas potencialmente tóxico, presenta las condiciones idóneas para convertirlo en veneno, aunque el verdadero y más grave peligro es la opinión generalizada de su inocuidad e inocencia clínica que llega a adquirir categoría de certeza, y que determina un consumo confiado que relativiza o no contempla las posibles consecuencias cuando se asocian o mezcla con otras sustancias o fármacos; existe una población muy significativa que se encuentra en tratamiento con fármacos prescrito por profesionales: analgésicos, sedantes, antiinflamatorios, antidepresivos etc., que señalan un vademécum personal y que, formando parte de su vida, lo consumen de manera crónica y con su particular autocontrol en dosis y frecuencia.

De una manera casi inconsciente, el tener la experiencia de inhalar “un globito”, no es valorado como factor de riesgo, pues se ignora o no se plantea que el organismo se puede encontrar metabolizando los anteriores fármacos con la presencia en sangre de algunos de sus elementos químicos: las posibles interacciones, reacciones adversas, contraindicaciones, incompatibilidades y efectos secundarios descubren un extenso tratado de patología.

Una señal de alarma descubre un factor de riesgo selectivo, y es que el gas tiene una gran apetencia por zonas ricamente vascularizadas, por lo que llega al cerebro en pocos segundos y con la misma concentración que la inhalada. En el estudio del cerebro de algunas personas en los que se cumplían estas condiciones de coincidencia de consumos, se descubren territorios dañados y con déficit funcionales que presentaban una manifiesta vulnerabilidad e hipersensibilidad a procesos degenerativos neuronales. Las secuelas neurológicas con perspectiva sombrías, es una hipótesis documentada

Cuando las anteriores situaciones tienen el escenario de un cerebro infantil o juvenil, que se encuentra en periodo de desarrollo y maduración, la posibilidad de provocar una “ruina mental” no es una excepción. 

Se impone, sin la menor indulgencia, una información sistemática y verdadera, justificada científicamente, para que la decisión de consumo se elabore desde la libertad del conocimiento de causa y no desde la esclavitud de la ignorancia.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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