BlogsDroga, vida y libertad

La droga roba el alma

· Autor: Heredero 3.0 on Visu
Publicado: 08/11/2018: 74

La enfermedad de la droga es la punta de iceberg que nos señala causas profundas de una honda insatisfacción social y personal; también nos descubre una intención de búsqueda de soluciones.

Muchos jóvenes experimentan como su conciencia ordinaria les proporciona momentos agradables y satisfactorios, pero a la vez múltiples frustraciones y desilusiones, que le hacen vivir en una cierta desorientación existencial y que, sentida en lo más recóndito de su ser, les impulsa a la búsqueda de otras experiencias interiores, pues sienten que no están huecos, que no son sólo máquinas psiconeurobiológicas, y sospechan que existen respuestas a los interrogantes e inquietudes que pugnan en su interior.

La droga ofrece de manera inmediata y sin esfuerzos, un estado de conciencia que, desterrando preocupaciones y temores, se experimenta como positivo. Sus efectos más selectivos se concentran en el cerebro, que es su órgano diana, afectando a los neurotransmisores, que son sustancias químicas que posibilitan el funcionamiento de los diferentes circuitos neuronales, sistemas de recompensa y de gratificación cerebral etc.

Pero el consumo repetido, perturba su vida de relación familiar y social, abortando ilusiones y esperanzas, y quedándose, psicológica y emocionalmente, plano; se tocan las raíces de la persona, afectos, sentimientos y todo lo que conforma su mundo personal e íntimo que es su auténtica realidad. Cuando comprueba que la droga es un error de cálculo en el camino de la felicidad, la droga ya se ha convertido en la protagonista de su vida. ¿Vive? una existencia sin esencia y cuando, en los momentos de lucidez, se mira, se ve como vacío, sin nada donde apoyarse y con la sensación de haber perdido su identidad. El sentido de su vida desaparece, y ¿cómo vivir sin esperanzas?

El ser humano no puede ser reducido a una existencia biológica breve, y en muchas ocasiones angustiosa y repleta de dificultades; la lógica, el sentido común y la razón, deja de poseer entidad si aceptamos la vida como un absurdo, como un camino sin dirección o finalidad.  Y es terriblemente empobrecedor acotar a la persona en los estrechos límites de cuerpo y mente, porque existe algo latente y presente, dando vida a todos los fenómenos psíquicos: emociones, afectividad, pensamientos etc., que es una realidad aún más profunda que nos hace sentirnos como seres irrepetibles, únicos, con deseos de inmortalidad y con conciencia de ser y existir, y que constituye la esencia de nuestro ser. Esta realidad permanente anima a todo el complejo físico y psíquico y se designa con la palabra alma o espíritu, como principio unificador del ser viviente, y por ser una forma sustancial, se encuentra y está en la totalidad y en cada uno de sus distintos órganos según sus potencias o virtualidades, y así se dice que está en el ojo, por la vista; en el oído por su capacidad auditiva, etcétera. Se deduce que, como forma sustancial y principio unificador y organizador de la persona, no es visible. Tampoco lo son sus potencias, como la voluntad, el entendimiento, la memoria, aunque sí son deslumbrantemente visibles los efectos que demuestran su existencia.

Pero el alma se manifiesta y se expresa, por, en y a través del cuerpo y mente, y necesita como condición “sine qua non”, su integridad anatómica y funcional. Por enfermedad y deterioro de esta integridad, el alma se encuentra con una cierta limitación para manifestarse, y con la dificultad de funcionamiento derivada y proporcional a la patología que la droga ha causado. Así, ella misma sin estar enferma, se encuentra mutilada en su función de animar e informar, ya que sus instrumentos se encuentran dañados. El alma se encuentra herida en sus potencias, no en su esencia ya que pertenece a otro orden: es un principio creado de la nada por el pensamiento de amor (¿podría ser otra clase de pensamiento?) de una entidad superior, que decide prolongarse en el corazón del ser humano.

Pues bien, el proceso terapéutico en las drogodependencias se asemeja a una batalla interior, invisible, en la que se desarrolla un trabajo de discernimiento para fortalecer factores de prevención, superar factores de riesgos, depurar ideas, analizar proyectos, valorar alternativas, consolidar objetivos y luchar para conseguir una integración fundamentalmente emocional que ofrezca argumentos para las motivaciones de un cambio. Estos movimientos psíquicos se encuentran íntimamente unidos a su dimensión espiritual, y se presenta la ocasión de un despertar a lo que de divino tiene toda persona. Por esto, al enfermo se le puede hacer presente una vivencia de su espíritu, generalmente inefable pero inequívoca, que le impulsa a asomarse a sus aguas profundas, a su yo, que le engancha y seduce, porque le hace experimentar sensaciones de paz, seguridad y liberación, e intuye que, en esta ruta, puede encontrar respuesta a todas esas interrogantes e inquietudes que bullen en su corazón. Continuar en esta dirección es ir descubriendo su razón de ser y el sentido de su existencia... en poco tiempo puede ser fácil reconocer en “su mirar, la luz del sol”.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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