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Saneando el cáncer

Publicado: 04/01/2020: 198

La imaginación puede convertirse en una específica y eficaz “quimioterapia creativa y curativa”.

Aunque es significativa la eficacia de los tratamientos en los procesos cancerosos, en ocasiones se agotan los recursos terapéuticos y la enfermedad se valora como irreversible. Se impone el alta hospitalaria y enviado el enfermo a su domicilio, el médico de cabecera y cuidados paliativos serán las referencias para el seguimiento de la enfermedad.

La persona inicia un periodo de duelo, sombras y desesperanzas. No sabe qué hacer ni hacia dónde dirigirse. Alejado de responsabilidades y ambiciones sociales y laborales y con sentimientos de inutilidad y fracaso existencial, el único camino que se le ofrece es el de su mundo interior y, en los ratos de soledad y silencio, entra dentro de sí mismo pidiendo auxilio a la esperanza que aún le queda en su hondón.

En este escenario, son las neurociencias las que nos informan que el cerebro, el órgano más perfecto jamás conocido, limitado en su crecimiento por la bóveda craneal, no tiene fronteras en su contenido en el que descubre y localiza los recursos necesarios y suficientes para, en su activación y desarrollo, garantizar una supervivencia en óptimas condiciones, y de manera autónoma. Los programas grabados en el ADN aseguran el mantenimiento, conservación, defensa y reparación de todo el organismo, en una estructura cerebral que se encuentran en una dinámica de progresiva perfección del individuo y de la especie.

La información científica de las potencialidades cerebrales son la que ofrecen respuesta documentadas a esa petición de ayuda y son singularmente terapéuticas. Una de las capacidades a analizar es el poder de la imaginación que se presenta como un especial “fármaco universal”. Las tomografías han demostrado, conectando electrodos al cerebro, dónde y cómo se producen cada una de las actividades de la mente: “se mide su actividad eléctrica mientras se produce una actividad mental, ya sea racional, emocional o espiritual, y así se sabe a qué área corresponde esa facultad”. Estos experimentos han comprobado que cuando vemos un determinado objeto, aparece actividad en ciertas partes de nuestro cerebro, pero cuando se le pide al sujeto a que cierre los ojos y lo imagine, la actividad cerebral es idéntica: el cerebro refleja la misma actividad cuando se ve que cuando siente. Y es que el cerebro no hace diferencia entre lo que ve y lo que imagina porque las mismas redes neuronales están implicadas; para el cerebro, es tan real lo que se ve como lo que se siente.

Y es que esta realidad imaginada, estimulando los cambios neuro bioquímicos y eléctricos y con sus propios mecanismos de acción, se manifiestan de diferentes maneras en los órganos, aparatos y sistemas del cuerpo, según sus específicas funciones: la mente se refleja en el cuerpo.

Así, la imaginación, visualizando y contemplando el cáncer como curado, crea una realidad neurológica “de sanación” sustentada por cambios biológicos y eléctricos que le hace sentir a la persona sensaciones, emociones y sentimientos gratificantes relacionados intrínsecamente con esa experiencia de salud.

Es una realidad que, valorada y asumida por el cerebro racional, emocional y reptiliano, por ser esencialmente buena y positiva para la persona, no pierde esta intencionalidad y estimula permanente y selectivamente a las capacidades cerebrales para fortalecer el proceso; de forma sistemática son informadas todas y cada una de las células del cuerpo, “hogares de consciencia”, que por imperativo jerárquico activan y unifican todos sus recursos en una singular hiper sincronía funcional que fortalece el progreso hacia el bien deseado.

Es un movimiento que, ocupando espacio y tiempo en la mente, asume el control y dominio de los recursos cerebrales que le ofrece la oportunidad de disminuir el protagonismo de las células rebeldes que identifican el cáncer y dificultan su actividad destructiva.

En esta dinámica, la imaginación se convierte en una específica y eficaz “quimioterapia creativa y curativa” que, creando una realidad interior, es el origen de un clima y ambiente de “bondad terapéutica” en toda la economía que explica y justifica las curaciones espontáneas, evoluciones positivas y los fallidos pronósticos infaustos.

Transformar la primitiva desesperanza por una multiplicación de esperanzas fundamentadas que adquieren categoría de verdades inconcusas, aseguran que lo deseable es posible. Sentir y experimentar este deseo, es ya una manera de vivir “sin cáncer en la cabeza”. Y vivir sin que el cáncer protagonice el contenido de la mente, es ya una manera de “vivir con calidad”: el poder organizar el contenido mental con una “estructura neuronal de curación” es crear las condiciones idóneas para conseguir una experiencia humana con sabores de plenitudes.

“Cuando oigas decir que algo es incurable, piensa que eso no es verdad; recuerda que existe un Ser superior que en esencia, presencia y potencia se encuentra en tu corazón en un permanente acecho de Amor”.


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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