Vida DiocesanaDroga, vida y libertad

Neurociencia humana (razón) y neurociencia divina (fe)

El cerebro es capaz de captar el deseo de eternidad del hombre
Publicado: 12/04/2022: 84

En la sociedad actual, el hedonismo representa una referencia existencial que justifica el consumo de droga, pues al estimular el sistema de recompensa cerebral (SRC) desencadena un estado de conciencia que, experimentado como gratificante, deja una huella neuronal que propicia su repetición; es un recurso fácil, rápido y directo para olvidarse de problemas y dificultades. Pero por el fenómeno de tolerancia cerebral, las dosis deben aumentar progresivamente para conseguir los efectos deseados.

En el tiempo, la droga asume el protagonismo del cerebro e impone sus intereses: conseguir la próxima dosis. Se formaliza una adicción que, como enfermedad no auto limitada, progresa hacia su periodo de estado, en una situación en la que la persona sólo vive para la droga, y la perversidad es que sus dimensiones profundas, al ser sistemáticamente reprimidas se diluyen e hipotecan, y la persona se presenta ausente del presente, un pasado lleno de sombras y sin ningún proyecto de futuro. La droga lo ha dejado hueco, “me ha robado el alma”, su vida carece de sentido y la droga sólo la consume para olvidarse que está vivo: la autolisis se valora como una salida. 

Es entonces cuando el cerebro reptiliano, con su poderoso instinto de supervivencia se rebela, ante esta limitación de la existencia, activando este instinto en todas las células del organismo y desencadenado un movimiento de hipersincronía en favor de la vida que argumenta a la razón, facultad suprema, para que inicie un proceso de discernimiento y movilice los recursos que la neurociencia científica le informa: tiene un cerebro, que hace a la persona, única, irrepetible, con voluntad libre, autónoma, y con conciencia de ser y existir, y diseñado con todos los programas necesarios y suficientes (mantenimiento, defensa, regeneración, desarrollo…) para garantizar una experiencia humana en óptimas condiciones. 

En esta composición de lugar, la razón, y por su mismo ejercicio de introspección, es sorprendida por noticias, que le llegan de dimensiones interiores, que le informan, de inmortalidades y trascendencias, que no se compadece con las limitaciones biológicas de una estructura celular, fugaz y transitoria, y que la desborda, y descubre que es “algo más”que un cuerpo y un cerebro; de manera significativa esos deseos de eternidades no le son extraños, sino que se sienten como algo propio y muy íntimo, y que le hacen experimentar singulares añoranzas, y nadie añora lo que no ha experimentado previamente. Pero es al conocer, que esas inquietudes son comunes al género humano, cuando la razón intensifica su trabajo para para descubrir ese “algo” tiene que tener una capacidad que pueda aprehender, entender y justificar esos deseos de eternidades y que señalan una cualidad de naturaleza espiritual que es la que carece de referencias de tiempos y espacios. 

Es el terreno abonado para que la neurociencia divina nos revele definitivamente el verdadero significado, sentido y utilidad de la experiencia humana.

-Catecismo de la Iglesia Católica. Dado el 11 de octubre de 1992, trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y año decimocuarto de mi pontificado. Ioannes Paulus Pp II:

-(27) El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar. El hombre es “capaz” de Dios.

-(355) Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer. El hombre ocupa un lugar único en la creación: está hecho a imagen de Dios; en su propia naturaleza une el mundo espiritual y el mundo material; Dios lo estableció en la amistad con Él. 

-(1702) La imagen divina está presente en todo hombre. Resplandece en la comunión de las personas a semejanza de la unión de las personas divinas entre sí.

-(1703) Dotada de un alma espiritual e inmortal, la persona humana  es la única criatura en la tierra la que Dios ha amado por sí misma. Desde su concepción está destinada a la bienaventuranza eterna.

-(1704) La persona humana participa de la luz y la fuerza del Espíritu divino. Por la razón es capaz de comprender el orden de las cosas establecidas por el Creador. Por su voluntad es capaz de dirigirse por sí misma a su bien verdadero. Encuentra su perfección en la búsqueda y el amor a la verdad y del bien. 

-(1705) En virtud de su alma y de sus potencias espirituales de entendimiento y de voluntad, el hombre está dotado de libertad, signo eminente de la imagen divina.

-(1706) Mediante su razón, el hombre conoce la voz de Dios que le impulsa a hacer el bien y a evitar el mal. Todo hombre debe seguir esta ley que resuena en la conciencia y que se realiza en el amor de Dios y del prójimo. El ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana.

- (1709) El que cree en Cristo es hecho hijo de Dios. Esta adopción filial lo transforma dándole la posibilidad de seguir el ejemplo de Cristo. Le hace capaz de obrar rectamente y de practicar el bien. En la unión con su Salvador, el discípulo alcanza la perfección de la caridad, la santidad. La vida moral, madurada en la gracia, culmina en la vida eterna, en la gloria del cielo.

José Rosado Ruiz. Médico de adicciones


José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones

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