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Así fue la Oración Ecuménica por la Creación

Publicado: 01/10/2021: 2965

Ecología

Las distintas comunidades eclesiales presentes en Málaga se unieron el jueves 30 de septiembre para realizar una Oración Ecuménica en torno al Tiempo de la Creación. El acto tuvo lugar en El Cementerio Inglés de Málaga capital.

Durante la oración el delegado de Ecumenismo de las diócesis, Rafael Vázquez, explicó que «desde hace unos años las distintas comunidades eclesiales presentes en Málaga nos unimos al Tiempo de la Creación, un período que se extiende del 1 de septiembre al 4 de octubre, en el que tomamos conciencia de nuestra responsabilidad común en el cuidado de la Creación y oramos por la conversión ecológica de nuestras Iglesias».

El lema de este año, continuó el delegado, «es “¿Un hogar para todos? Renovando el Oikos de Dios. “Oikos” es la palabra griega para designar el "hogar". Y así nos referimos a la Tierra, como el hogar común que el Dios nos ha regalado, donde la vida ha de florecer y todas las criaturas han de encontrar su lugar para vivir seguros. En el cartel que anunciaba esta oración aparece la imagen de una tienda, que evoca a la tienda de Abrahán, donde Abrahán y Sara acogieron a tres extraños que resultaron ser los ángeles de Dios. La tienda es lugar de hospitalidad, de encuentro, de diálogo y de refugio y de sencillez. Con esta imagen nuestra celebración quiere animarnos a trabajar por una Tierra donde nadie se sienta excluido o marginado, donde podamos gozar del encuentro y el intercambio en la diversidad reconciliada, donde se establezca un auténtico diálogo que nos haga crecer y buscar con sinceridad la verdad, y donde los refugiados encuentren su hogar sintiéndose acogidos con sencillez en cualquier lugar del mundo».

En este sentido, Rafael Vázquez quiso tener un agradecimiento especial a la comunidad de la Iglesia Anglicana de San Jorge por acogerlos y en especial al Rvdo. Louis Darrant, por su disponibilidad». Junto a él estuvieron presentes pastores de otras confesiones como: el Rvdo. Taras Petrunyak, del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla; la Rvda. Caroline Lygre, de la Iglesia Luterana de Noruega, el Rev Juha Sarkkinen de la I Luterana Finlandesa; el Pastor Rubén Bernal y José Manuel Mochon de la Iglesia Evangélica Española; el Rvdo. Manfred Ottersttaeter y el Rev. Wilfried Steinke de la I Evangélica Alemana; el Rvdo. Ko Brevet, de la Iglesia Protestante Holandesa; el Rev Niguel Thomas de la capellanía Anglicana de Nerja, el Rvdo. Juan Manuel Ortiz Palomo, vicario de la Acción Socio caritativa de la Iglesia Católica.

Un bosque de oraciones y acciones por la creación

A lo largo del mes de celebración, los 2.200 millones de cristianos del mundo nos unimos en oración y en acción, para cuidar de nuestra casa común. Pero este compromiso debe ser continuo, debemos hacer de nuestra oración y acciones por la creación, un hábito. Para ello os invitamos a que, desde vuestros hogares, parroquias, iglesias, familias etc., comenzando en septiembre 2021 hasta octubre del 2022 cuidemos de un árbol simbólico, que haremos florecer escribiendo en sus hojas todas las oraciones y acciones que hagamos en favor de la creación, de la humanidad, de la naturaleza, de nuestro planeta…. De esta forma el próximo año, podremos tener un frondoso y significativo “Bosque Ecuménico” como testimonio de nuestra unidad en oración y acción en favor de la casa común. Lux Mundi facilitara los materiales necesarios para este empeño, utilizando en lo posible materiales reciclados, reciclables y biodegradables, así como las plantillas o el tiempo necesario para organizar una actividad para vuestras congregaciones de adultos, jóvenes y niños. Ponte en contacto con nosotros para comenzar lo antes posible!

Homilía íntegra del reverendo Louis Darrant de la Iglesia Anglicana

Entrar a este lugar a traves de las rejas del porton de la Avenida Pries, es entrar en un jardín con profunda historia y paz, un lugar donde se entrelazan las historias de los malagueños y las comunidades de expatriados.

Nos reunimos en el lugar soñado por el cónsul británico William Mark, que tras mucha determinación fundó el cementerio inglés en 1831. En 1846, el obispo Tomlinson, primer obispo de la recién creada diócesis de Gibraltar, llegó a Málaga para consagrar el jardín del cementerio inglés.

Este año se celebra el 130 aniversario de la Iglesia de San Jorge en el Cementerio Inglés. Hasta abril de 1891 se celebraban los servicios anglicanos en el antiguo consulado británico, en la calle Vendeja en el barrio de Málaga ahora conocido como Soho. Los planos del edificio fueron elaborados en 1839 por el entonces cónsul británico William Penrose Mark y su construcción tardó un año. El edificio original era un templo ornamental que servía como casa para el guardia del cementerio y su familia con una pequeña habitación reservada para un sacerdote visitante que pudiera venir a realizar un entierro. Avanzando muchos años hasta nuestros días, St George's es un hogar espiritual para muchas personas de diferentes países y orígenes que descubren la esperanza y el consuelo en la belleza de este lugar.

Algunos días me siento tranquilamente en este jardín y escucho el sonido de las aves, el zumbido de los sonidos de la ciudad al fondo, el drama del cielo y pienso en las historias de los que aquí se recuerdan y los que hoy vienen buscando a Dios en los cambios y las oportunidades de nuestra vida. Recuerdo que en la Biblia el jardín ofrece el teatro de nuestra salvación. Desde el paraíso perdido del Edén, hasta la agonía de Getsemaní y la confusión de María suponiéndole a ël como el jardinero en la tumba vacía. Un jardín cementerio es un lugar conmovedor para reunirse como Pueblo de Dios, con diferentes orígenes y tradiciones y celebrar la historia de nuestra redención en Cristo resucitado.

Nuestra redención se está elaborando en medio de una crisis ecológica con posiciones polarizadas sobre cómo responder a la urgente amenaza de una catástrofe humana. Hay que hacer un contraste con el lenguaje de algunos activistas ambientales y el lenguaje tradicional de la Iglesia. Las acusaciones de que la Iglesia está obsesionada con el pecado, se encuentran curiosamente junto al lenguaje de algunos activistas que lamentan la participación del hombre en la destrucción de los hábitats no solo de las criaturas, sino el nuestro, y un llamado al arrepentimiento y a una nueva forma de vida. Diferentes lenguajes, pero un apretón de manos que comparten la lucha por un mundo nuevo.

Entonces, ¿cómo puede la Iglesia hablar con esperanza y claridad? Comencemos diciendo que Dios es Dios. En Dios encontramos nuestro destino y, por devastadores que sean los efectos del pecado humano, nada puede ser tan malo como para eclipsar la gracia de Dios. Al lamentar el estado de la tierra, no necesitamos exagerar el poder de la humanidad sugiriendo que podemos arruinarlo todo de forma permanente o hacer a Dios demasiado pequeño. La preocupación cristiana por el medio ambiente debe ser más grande que nuestra propia autoconservación. Nuestra fe se trata de la historia de Dios en la que podemos participar y no al revés.

Para algunos cristianos, la tierra es un lujo innecesario en nuestra esperanza de unión con Dios. Puede verse como una especie de camisa de fuerza de la que nos liberamos. Puede ser un lugar maravilloso y asombroso que nos lleva a la intimidad de Dios, pero fundamentalmente no es algo necesario o de lo que dependamos. Este último entendimiento es donde la visión cristiana de la tierra a menudo se ha equivocado tanto. Entonces, si Dios es Dios y la tierra no es algo para vencer y escapar, ¿dónde está entonces la esperanza cristiana?

La resurrección de Cristo es donde comenzamos. María no reconoce a Jesús en la tumba vacía, pero supone que es el jardinero. ¿Por qué aparece Jesús resucitado en la tierra? Si nuestro destino es estar con Dios en el cielo, ¿por qué no va Jesús directamente allí? Pensemos en las apariciones de Jesús en ese primer día de Pascua. Les muestra a sus discípulos las marcas en sus manos, costados y pies. Come pescado asado a la orilla del mar. Tiene un cuerpo real y no un espíritu incorpóreo. Estas revelaciones nos dicen algo sobre cómo los cristianos debemod ver la creación y la crisis ambiental. La resurrección es la promesa de que la tierra vendrá al cielo y el cielo vendrá a la tierra. La Tierra no es un lujo ni una limitación, sino el teatro del deleite de Dios.

La razón por la que nos apasiona el cuidado de la creación no es porque todos estemos condenados si no la cuidamos, sino más porque este es el hogar que Dios nos ha dado para vivir ahora. Si no disfrutamos y no nos preocupamos por el hogar que Dios ha hecho para morar ahora, ¿por qué deberíamos asumir que anhelaremos y apreciaremos el hogar celestial preparado para nosotros? Cuidar la creación expresa nuestra gratitud por el hogar que se nos ha dado. La contaminación y explotación de la tierra, el mar y el cielo, el agotamiento de los hábitats y la erradicación de especies le dicen a la humanidad que la creación esta disponible y que su supervivencia es secundaria a nuestra comodidad.

Para los cristianos, la crisis de la creación es una oportunidad. Porque la historia de la creación nos cuenta cuando los pájaros comenzaron a cantar llenando el aire con una música indescriptible. Nuestra fe habla de alguien que vino y caminó entre nosotros recordándonos la música que habíamos olvidado y enseñándonos a cantar nuevamente. En su resurrección, nos inspira a esperar el día en que toda la creación, rocas, montañas, mares y valles, cante la antigua y siempre nueva canción de Aleluya. Y mientras tanto, nuestra ofrenda de alabanza nos libera para permitir que otros canten con nosotros con una voz que nunca supieron que tenían.

Beatriz Lafuente

Licenciada en Periodismo e Historia. Casada desde 2011, es madre de un hijo.

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