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Vivencias de una escuela rural a los 60 años

Carmelina Hermoso, alumna de la Escuela Rural Los Hijanos, en Comares
Publicado: 06/02/2017: 7597

El pasado mes de septiembre se cumplieron 60 años de la llegada de las primeras maestras rurales de la diócesis de Málaga a los campos. Estas escuelas fueron uno de los pilares de lo que hoy es la Fundación Victoria. Así lo vivió Carmelina Hermoso Sánchez, alumna de la escuela rural los Hijanos, en Comares.

Aprovecho para rendir homenaje a todas las heroínas de gran corazón, las cuales entregaron juventud, alegría, belleza es decir lo mejor de su vida, en favor de los niños campesinos de la provincia de Málaga. Pasabais años y más años corrigiendo a la luz de un quinqué, hasta altas horas de la noche, los cuadernos de cálculo y las faltas de ortografía. Yo recuerdo ver a mi maestra recorrer 8 kilómetros con la luz de una linterna, acompañada con alumnas, para asistir a la Misa del Gallo, lejos de su familia, de su pueblo y de su parentela. Como ella, sé que todas las maestras pasaban esa entrañable fecha en las escuelas celebrando de una forma u otra la Navidad con las gentes de las cortijadas, al igual que las vacaciones de Semana Santa, para celebrar lo más dignamente este tiempo sagrado.

A todas vosotras que enterrásteis vuestros 20 años y los donásteis a niños, jóvenes, mujeres y ancianos de todas las aldeas y cortijadas donde no había ni agua potable (solo un pozo), ni luz eléctrica, ni caminos, solo veredas; donde antes de llegar vosotras los niños no sabíamos que coger un nido de jilguero era atentar contra la naturaleza, que compartir era mejor que poseer, que dar es mejor que recibir, que adherido se escribe con h intercalada y que Jesús murió en una Cruz para abrirnos a todos las puertas del cielo.

Porque sé que muchas de vosotras habéis hecho de vuestra profesión un matrimonio sagrado, pensando en vuestra renuncia, un día escribí un poema…

No fue a concurso de baile, ni a salones de belleza, se unió a los marginados y los trajo a su escuela, entregó su juventud, y todo cuanto tenía para construir un mundo de amor, de paz y alegría… y que escondido en su pecho van sus amores de novia.

Agradecimiento pleno a todos los sacerdotes que cabalgaban kilómetros a lomos de una caballería prestada por algún campesino para celebrar la Eucaristía, aguantando el sol, el frío, el viento y la lluvia. Y por último, un homenaje y agradecimiento pleno, al gran hombre sabio, adelantado a su tiempo, el cardenal D. Ángel Herrera Oria, fundador de las escuelas rurales. ¡Yo sé que está en ese balcón grande y luminoso del cielo! Gracias, don Ángel.

Carmelina Hermoso, alumna de la Escuela Rural Los Hijanos (Comares)

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