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José Ignacio Bermúdez: «El cristiano ha de estar presente en estas periferias de la enfermedad»

Publicado: 06/08/2020: 5015

DELEGADO DE PASTORAL DE LA SALUD

José Ignacio Bermúdez Fernández, fisioterapeuta, esposo, padre de tres hijos y miembro de la comunidad parroquial de Santa María de la Amargura, ha sido nombrado por el Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, delegado episcopal de Pastoral de la Salud de la Diócesis de Málaga.

Aquí puede escuchar el saludo del delegado de Pastoral de la Salud en COPE Málaga

José Ignacio, ¿cómo se presentaría?

Pues Nacho tiene 45 años, está casado y es padre de tres hijos varones. Vivo y celebro mi fe en la comunidad parroquial de Santa María de la Amargura, donde participo de mi grupo de vida desde hace ya unos 30 años, desde mi adolescencia. Profesionalmente, trabajo como fisioterapeuta en el Hospital Regional Universitario de Málaga, más concretamente en el Hospital Civil. Como profesional sanitario me siento llamado a acompañar a las personas que sufren algún proceso de enfermedad, atendiendo a todas las dimensiones que constituyen al ser humano, no sólo la esfera física. Como cristiano intento presentar a Jesús de Nazaret como fundamento de la esperanza y el amor en medio del dolor, el sufrimiento y la enfermedad.

Comienza ahora su tarea de coordinar una Delegación que ya conoce desde dentro, pues viene siendo parte de ella desde hace tiempo, ¿no es así?

Así es. Participo en la Delegación de Pastoral de Salud desde el grupo de Profesionales Sanitarios Cristianos desde hace unos 7 años. Esto ha supuesto un crecimiento extraordinario como cristiano y como profesional y agradezco a Dios que haya puesto en mi camino a todas las personas con las que comparto esta experiencia, por su trabajo desinteresado y su entusiasmo evangelizador. Son verdadera sal y luz del mundo.

¿Con qué ilusión recibió el nombramiento?

Pues hubo una mezcla de sentimientos, la verdad. Por un lado, esa ilusión por poder servir a la Iglesia y al mundo haciendo algo que se relaciona con la profesión sanitaria que ejerzo y a la que me siento vocacionado y, por otro, algo de vértigo y preocupación ante el reto que supone la responsabilidad encomendada y el no saber si seré capaz de llevarla a cabo. Pero mediante la oración y el discernimiento creo que el Espíritu sopla donde quiere e inspira a las personas que han considerado conveniente mi servicio en este momento, y en esta Delegación en concreto, y he aceptado para aportar lo que pueda en la tarea evangelizadora del mundo de la salud.

¿Cómo se ha vivido la pandemia desde esta Delegación de Pastoral de la Salud?

La pandemia ha supuesto para esta Delegación, como para el resto de la sociedad, un momento de incertidumbre y gran preocupación porque nos enfrentamos a algo nuevo y las medidas adoptadas para disminuir la propagación del coronavirus no han tenido precedentes. La mayor preocupación es cómo afecta todo esto a las personas mayores y con enfermedades previas, que son el grupo de mayor riesgo de complicaciones por Covid 19. La prioridad ha sido adoptar todas aquellas medidas que desde el Ministerio de Sanidad se han comunicado para evitar un aumento de los casos de contagio, así como las directrices que desde el Obispado se dictaron también en este sentido. De esta manera, se tuvo que dejar de visitar a las personas mayores y enfermas en su domicilio y en las residencias. Se hizo un seguimiento telefónico y con videollamadas a aquellas personas que eran capaces de usar estos dispositivos.

Otra labor resaltable es la de los capellanes de los distintos centros hospitalarios y de los sacerdotes que se ofrecieron voluntarios para acudir a dichos centros para acompañar a enfermos y familiares en los momentos donde todo era muy confuso y la sensación de soledad de estos pacientes era enorme. También se pusieron a disposición del personal sanitario, que ha experimentado una situación de demanda asistencial muy grande, lo que ha provocado mucho estrés y ansiedad en los profesionales. Quiero expresar mi reconocimiento a la enorme labor realizada en situaciones a veces extremas. Pero pienso que esta situación ha supuesto un reto para reinventarse y hacer las cosas de otra manera dadas las circunstancias por lo que también quiero reconocer a cada uno de los voluntarios y grupos de pastoral de la salud parroquiales, párrocos y el propio equipo permanente de la Delegación su esfuerzo en este sentido y su compromiso por seguir atendiendo a nuestros hermanos enfermos y mayores incluso en esta situación sin precedentes.

Mucho que hacer, muchas personas mayores a las que atender, estáis en primera línea, junto a los más vulnerables, ¿no es así?

Esto no es más que lo que la Iglesia viene haciendo desde siempre: estar al lado de los pobres, de los enfermos, de los más necesitados. Jesús entregó su vida para dar Vida en abundancia. El cristiano ha de estar presente en estas periferias donde a veces no llega ningún recurso. Esta pandemia está golpeando duramente a nuestros mayores y el miedo y la incertidumbre está muy presente en estas personas, que no se atreven a salir, que no quieren recibir visitas por miedo al contagio. Acompañar estas situaciones es ahora más necesario aún porque, aunque la fase más dura de la pandemia ha pasado, las consecuencias económicas, sociales y sanitarias permanecerán mucho tiempo y ahí la Iglesia, que hace presente a Jesús sanador, tiene mucho que aportar.

¿Qué le mueve a entregar su vida en este servicio pastoral?

En primer lugar, la fidelidad y obediencia a la voluntad de Dios que se expresa en esta petición que la Iglesia de Málaga, en la persona del obispo Don Jesús, me realiza para prestar este servicio. Con tanto regalado en mi vida, con tanta bendición de Dios, intento corresponder tratando de llevarlo a las personas que lo necesitan para dar un sentido a su vida y al momento de dolor y sufrimiento que pueden estar experimentando a consecuencia de una enfermedad o por la soledad y las limitaciones en el caso de las personas mayores. Por otro lado, como decía antes, encuentro una afinidad indudable entre esta responsabilidad y mi vocación sanitaria, de manera que ambas realidades pueden complementarse y beneficiarse mutuamente con el objetivo último de cuidar, acompañar y consolar a todos aquellos que están afectados por algún proceso que les impide vivir en plenitud.

¿Cómo se ha tomado su familia esta nueva misión?

Mi mujer comparte conmigo la fe y el compromiso cristiano, y vivimos nuestra experiencia de Iglesia en la misma comunidad de vida, por lo que entiende que haya aceptado llevar a cabo este servicio. Ella misma también desempeña un compromiso pastoral desde la Delegación de Misiones, por lo que creo que la clave es encontrar el equilibrio entre la vida laboral, familiar y pastoral o eclesial. Y ese equilibrio se consigue poniendo a Jesús en medio de todo ello, de forma que todo adquiere sentido y proporción según las circunstancias. Anecdóticamente, mi madre pertenece al grupo de pastoral de la Salud parroquial, por lo que ha recibido con mucha alegría la noticia de mi nombramiento. Pienso que son estos cristianos anónimos, los santos de la puerta de al lado, que acompañan a los enfermos y mayores, son los verdaderos protagonistas de esta hermosa labor de dar esperanza y sentido a tanto hermano vulnerable.

Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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