DiócesisEl blog de la Palabra

Lucas: Jesús, el Salvador misericordioso

Publicado: 26/06/2012: 2324

El sacerdote Gabriel Leal, profesor de Nuevo Testamento, desgrana algunas de las claves del evangelio de san Lucas.

San Lucas, que con casi toda seguridad conocía el evangelio de san Marcos y la misma colección de dichos de Jesús que había utilizado en la redacción de su obra san Mateo, escribió su obra entre años 80 y 90. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, Lucas escribe por su orden un relato “de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra”. Y esto con una finalidad que el evangelista explicita con claridad: “para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”. El autor no acomete su tarea a la ligera, él mismo nos dice que lo hace “después de investigarlo todo diligentemente desde el principio” (Lc 1,1-4).

¿POR QUÉ UN NUEVO EVANGELIO SI CONOCÍA EL DE SAN MARCOS?

¿Por qué Lucas, que conocía el evangelio de san Marcos se siente impulsado a escribir su obra? ¿Qué está ocurriendo para que la finalidad principal de la obra lucana sea disipar la desconfianza, hacer ver la solidez de las enseñanzas recibidas?

En primer lugar, con el paso del tiempo, la comunidad está descubriendo la monotonía del día a día de la vida cristiana, el cansancio y la tentación de inconstancia. Además, con el aumento del número de los creyentes y el retraso de la parusía, la comunidad necesita una organización cada vez más compleja. Por otro lado, se ha ido desarrollando la comprensión del mensaje de Jesús a la luz de nuevas situaciones comunitarias y han empezado a aparecer falsos maestros, el peligro de sincretismo y herejías.

Seguramente, la incredulidad mayoritaria del judaísmo en Jesús, debió cuestionarle su situación dentro del mundo de las promesas hechas por Dios a Israel. Además, el contexto cultural helenista en el que se desenvolvían, con su modelo de salvación pagana, no dejaría de atraer a bastantes cristianos: salva, y por eso se diviniza, la fuerza, el dinero, la cultura, el prestigio, la «gloria»; es salvador el emperador, el rico, el sabio. Pero se margina al que no puede dar esta salvación: el pobre, el inculto, el débil. Un sistema salvador de unos pocos, a costa de la marginación y tristeza de muchos.

Por todo ello, la comunidad se cuestiona sobre su identidad y la relación que tiene con los orígenes de la Iglesia. Si se nos permite formularlo coloquialmente, se preguntan algo que muchos de nosotros nos hemos preguntado: ¿qué tiene que ver la Iglesia actual con lo iniciado por Jesús durante su vida pública y después de resucitar? Lucas quiere dar a sus lectores «seguridad», confianza en la situación eclesial que han recibido, en la catequesis doctrinal y en la normativa práctica que han aprendido, pues son una interpretación y actualización fiel del kerigma primitivo. El evangelista busca fortalecer en sus lectores la conciencia de identidad entre el presente y el pasado de la Iglesia, hacerles comprender que la evolución y el cambio de la Iglesia se están haciendo con absoluta fidelidad a sus orígenes y al Señor. Garantes de esta evolución fiel son el Espíritu Santo, que siempre se anticipa y guía los nuevos pasos que la Iglesia va dando, y los Doce-Apóstoles, testigos de la vida de Jesús y de su resurrección.

LA OBRA DE LUCAS: DIOS PROMETE Y REALIZA UN CAMINO PROFÉTICO Y SALVADOR

Lucas presenta un camino, cuyo protagonista principal es Dios, que no puede ser detenido por la incredulidad de los hombres y que ofrece la salvación a todos, primero a los judíos y después a los gentiles.

Al mismo tiempo, para atajar la atracción que ejercía el sistema de salvación pagano presenta a Jesús como el único y auténtico Salvador de los hombres, porque salva de todo a todos, especialmente a los marginados. Y por ello el único que puede dar la verdadera fidelidad y alegría. El evangelista redacta una obra en dos partes: la primera centrada en el camino de Jesús (evangelio) y la segunda en el camino de la Iglesia (Hechos de los Apóstoles). Se trata de un «camino profético y salvador» que tiene cuatro etapas.

El tiempo de las Promesas El tiempo de la promesa abarca todo el tiempo del Antiguo Testamento, hasta Juan el Bautista. Lucas subraya la acción de Dios Padre, protagonista principal del camino (Hch 1,7), que con sus promesas lo programa, crea y determina. Y lo hace presentando las grandes etapas del camino como «cumplimiento», a la luz de textos del AT. De esta forma toda la Historia de la Salvación tiene carácter de cumplimiento, revela la fidelidad de Dios y es motivo de acción de gracias y confianza (cf. Lc 1,55.69s; 2,29-32).

El tiempo de Jesús: cumplimiento de las Promesas Jesús comienza su camino en Galilea, donde proclama la salvación como profeta que anuncia el cumplimiento definitivo de las Escrituras (Lc 4,14-21), la llegada definitiva de la salvación. Desde Galilea se pone en camino (9, 51) hacia Jerusalén, iniciando así su «ascensión» a los cielos, de acuerdo con lo anunciado en la Ley y los profetas (Lc 9,28-31).

Jerusalén tiene un significado especial en el camino de Jesús y de la Iglesia. Es el punto de llegada del camino de Jesús y el de partida de la Iglesia. Jesús llega a la ciudad santa al final de su camino y centra su acción en el templo, que purifica; en ella tiene lugar su muerte, resurrección y la consumación de su camino, que culmina a la derecha del Padre, en la que queda constituido Señor y Mesías (cf. Lc 22-24 y Hch 1,1-11 y 2,36).

El tiempo de la Iglesia Partiendo de Jerusalén, la Iglesia tiene que recorrer una etapa propia de este camino, caracterizada por el testimonio: proclamar con palabras y obras, bajo la acción del Espíritu Santo y la guía de los Apóstoles, que en Jesús, el Señor exaltado a la gloria, y por medio de él ya ha comenzado el cumplimiento de la promesa del Reino. Y este se ofrece a todos los hombres «hasta el confín del mundo». Este camino del testimonio de la Iglesia tendrá diversas etapas –Jerusalén, Judea, Samaría, el confín de la tierra (Hch 1,8)- y se extenderá hasta que el Señor vuelva glorioso (Hch 1,9-I1).

Cuando el Padre «someta todos los enemigos bajo los pies» del Señor Jesús y este vuelva glorioso para realizar plena y definitivamente su salvación, llevando a su plenitud el Reino y el cumplimiento de las promesas del Padre. 2 L a obra de Lucas: Dios promete y realiza un camino profético y salvador"

El evangelista comienza su obra con un prólogo literario (1,1-4), en el que indica la finalidad de su escrito –hacer comprender la solidez de las enseñanzas que ha recibido- y cómo ha procedido: informándose exhaustivamente de todo lo ocurrido “como lo transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra”.

LA ENTRADA DE JESÚS EN LA HISTORIA (1,5-4,13)

Comienza el evangelista relatando la infancia de Jesús (1,5-2,52), en dos cuadros paralelos, el primero con el anuncio de los nacimientos de Juan el Bautista y de Jesús y el segundo con el nacimiento de ambos. Cada uno de estos dípticos culmina con el encuentro de ambos mundos, el de Juan y el de Jesús, para destacar la superioridad de este sobre el Bautista y el alcance universal de la salvación que trae Jesús. 

Continúa el evangelista con un díptico introductorio (3,1-4,13). El primer cuadro está centrado en la actividad de Juan el Bautista, que señala el final del tiempo de la promesa. El segundo, presenta la unción de Jesús en su bautismo, como profeta solidario y probado, vencedor de las tentaciones.

PRIMERA PARTE: EL CAMINO DE JESUS EN GALILEA

Jesús se presenta en Nazaret, Cafarnaúm y Galilea (4,14-5,16) como Profeta-Salvador que llama a los Doce y es rechazado. Su manifestación en la sinagoga de Nazaret es el comienzo de su misión liberadora y evangelizadora de los pobres, donde se presenta como el «hoy» de la salvación.

Pero Jesús no ha sido acogido sino que, como muestran sus cinco discursos a los escribas y fariseos, ha sido rechazado (5,17-6,11). 

A continuación el evangelista presenta a Jesús como el «creador» de los Doce Apóstoles, testigos y garantes del «camino» posterior que habrá de recorrer la Iglesia, y el Profeta-Salvador que, en el Sermón de la Llanura, ofrece su mensaje de fraternidad, filiación, amor y misericordia (6,12-49).

Lc 7,1-50, presenta las obras del Profeta-Salvador: cura, resucita a los muertos, hace las obras anunciadas por los profetas y perdona los pecados (7,1-50). 

Lc 8,1-21 vuelve a la faceta de Jesús profeta que, en sus parábolas, ofrece una enseñanza sobre su palabra y cómo hemos de acogerla. 

De nuevo vuelve el evangelista sobre las obras de Jesús: la tempestad calmada, la curación del endemoniado de Gerasa y de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo (8,22-56). 

Concluye el evangelista esta primera parte presentando el apogeo de la misión de Jesús en Galilea (9,1-50): Jesús envía a los doce apóstoles, da de comer al pueblo en la multiplicación de los panes y Pedro, en nombre de los discípulos, le confiesa como “El Mesías de Dios”. 

Jesús les anuncia por dos veces su pasión, muerte y resurrección y los invita a renovar el seguimiento por el camino que le conduce a su «éxodo». Un camino querido por el Padre y avalado por la Ley y los Profetas, en la transfiguración.

SEGUNDA PARTE: CAMINO HACIA JERUSALÉN

Lc 9,51 introduce la segunda parte del Evangelio, informándonos que “llegado el tiempo de su partida de este mundo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén”. Jesús emprende un camino, con el que comienza el proceso de su muerte-resurrección-exaltación.

Esta parte, constituye la central del Evangelio y da enseñanzas para seguir a Jesús. Presenta la exaltación de Jesús como el culmen de su camino, que le realizará plenamente como Profeta-Salvador. Los discípulos son invitados a seguir este camino tras Jesús para realizarse como Él. El evangelista alude siete veces al camino y marca varias etapas en las que distribuye sus enseñanzas morales:

Primera etapa: en la que destaca dos características: es el  camino de los discípulos y enviados (9,52-10,24), del amor y la misericordia (10,25-37).

Segunda etapa: camino de oración (10,38-11,13), de oposición (11,14-54), de testimonio (12,1-12), del compartir (12,13-34), de la vigilancia (12,35-48), de la decisión firme (12,49-53), de la conversión (12,54-13,9) y de la salvación (13,10-21).

Tercera etapa: camino estrecho (13,22-35) y de humildad (14,1-24).

Cuarta etapa: camino de la renuncia a los bienes (14,25-35), del perdón  (15,1-32), del compartir los bienes (16,1-31) y de la humildad (17,1-10). 

Quinta etapa: camino de gratitud (17,11-19), de vigilancia (17,20-37), de oración perseverante y humilde (18,1-14), de los que son como niños y de los que comparten sus bienes (18,15-30).

Sexta etapa: camino de muerte y resurrección (18,31-34) que sigue el que, como el ciego de Jericó, reconoce su ceguera y se deja iluminar por Jesús (18,35-43); camino del perdón que como a Zaqueo lleva a Jesús (19,1-10). Concluye esta etapa con una parábola en la que invita a vigilar hasta que vuelva Jesús de un “país lejano” al que va para tomar posesión de su Reino (19,11-28).

TERCERA PARTE: META DE SU CAMINO

Esta parte transcurre en Jerusalén, meta geográfica del camino de Jesús, donde se realiza trágicamente la salvación. El evangelista presenta esta actividad en cuatro secciones: 

La primera relata la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, la ciudad Santa, que termina en el templo (19,28-48), del que sólo saldrá para la pasión. Jesús enseña en el templo, lo que provoca una discusión con los miembros del sanedrín y con otros y enseña al pueblo y a sus discípulos (20,1-21,4); culmina Jesús esta enseñanza con el discurso escatológico en el que anuncia su retorno glorioso e invita a la vigilancia (21,5-38). 

La segunda sección está centrada en la fiesta del día de los Ázimos, en la que Jesús instituye la Eucaristía y dirige a los doce apóstoles un discurso de despedida (22,1-38).

La tercera sección relata la pasión y muerte de Jesús (22,39-23,56), definida por el evangelista como el éxodo de Jesús, su salida de este mundo (9,31). Él ha muerto entregando confiadamente su espíritu al Padre y poniendo en práctica todo lo que ha enseñado, proponiéndolo así como modelo de los discípulos. La pasión de Jesús relatada como una enseñanza es, también, una invitación a la conversión: toda la gente “al ver lo sucedido, volvía golpeándose el pecho” (23,48).

La cuarta y última sección del Evangelio (24) narra los acontecimientos que tuvieron lugar el primer día de la semana: tres apariciones que confluyen en la última, en la que Jesús constituye a los once y a sus acompañantes en testigos oficiales de su resurrección. Jesús, antes de ser llevado al cielo, les invita a permanecer en la ciudad hasta que les envíe el Espíritu Santo, que los revestirá con su poder para que den testimonio hasta el confín del mundo, comenzando por Jerusalén.

En su visión de la historia este es el momento central: hacia él confluye el tiempo de Israel y el ministerio de Jesús, y desde él se extiende el tiempo de la Iglesia y la misión de los cristianos hasta los confines del mundo. Por eso Lucas concede tanta importancia en su evangelio a la ciudad de Jerusalén.

Autor: Gabriel Leal