DiócesisEl blog de la Palabra

San Pedro, las cartas del entusiasmo y la alegría

Publicado: 09/10/2012: 1491

Continuamos nuestro estudio por los diferentes libros y cartas que comprende el Nuevo Testamento. En esta ocasión nos centramos en las dos Cartas de San Pedro. Unas cartas que ayudan a profundizar en el don de Dios que es la alegría.

SEGUNDA CARTA

El elemento distintivo de esta carta es su capacidad para asimilar los acentos teológicos de otros escritos del Nuevo Testamento. Puede decirse, incluso, que constituye el más denso resumen del Nuevo Testamento sobre la fe cristiana y sobre la conducta que esta fe inspira. En efecto, el atento lector de la carta queda cautivado y sorprendido desde el primer momento por el tono de seguridad, de entusiasmo, de alegría que exhala toda ella. Y esto precisamente cuando en la carta se expone claramente la dificultad de ser cristiano y los peligros que rodean al creyente.

MARCO HISTÓRICO DE LA SEGUNDA CARTA

La tradición, hasta bien entrado el siglo XIX, ha atribuido constantemente la carta a Pedro el apóstol de Jesucristo (1Pe 1, 1). Sin embargo, la cuestión no está ni mucho menos resuelta definitivamente. La opinión más común hoy es que el autor fue un cristiano anónimo, perteneciente a la escuela o tradición de Pedro, que utilizando la autoridad de un apóstol tan significativo, habría escrito esta carta circular a las comunidades cristianas del Asia Menor. 

De ser cierta la primera hipótesis, Pedro habría utilizado a Silvano como secretario y la carta podría haber sido redactada en Roma alrededor del año 64 poco antes de la persecución de Nerón. Podríamos hablar de la primera carta encíclica del primer papa. 

Si lo es la segunda hipótesis la carta habría sido redactada por un discípulo de Pedro, no muchos años después del martirio de su maestro, tal vez en la década de los 70, con la intención de mantener vivos el recuerdo y la tradición petrina, y al mismo tiempo sostener el ánimo de una serie de comunidades cristianas dispersas que comenzaban a tener dificultades. En cualquier caso, las comunidades cristianas que están en el trasfondo de la carta, parecen ser comunidades que viven en zonas rurales, principalmente en aldeas. Comunidades en las que la organización de los ministerios se revela todavía un tanto elemental. La condición social de la mayoría de los miembros de estas comunidades debía ser más bien humilde.

Campesinos o pastores procedentes del paganismo, gentes de clase baja que cultivan las propiedades de las clases dominantes (1Pe 2, 13-20).   Esto explicaría la vulnerabilidad de aquellos creyentes en medio de una sociedad hostil, y justificaría la insistencia en temas como el de la fraternidad, el amor y la solidaridad entre los cristianos. Este mutuo apoyo entre creyentes (1Pe 3, 8; 5, 9) se hacía del todo imprescindible para hacer frente, desde la pobreza, a la hostilidad social que constituía, al parecer, su mayor fuente de tribulaciones.

ESTRUCTURA Y MENSAJE

Los numerosos intentos de entender y estructurar la carta como una liturgia o una catequesis bautismal no han tenido demasiado éxito. El análisis cuidadoso de su estructura, vocabulario y contenido siguen favoreciendo la consideración tradicional de este escrito como carta, aunque más bien una carta circular, escrita para ser leída públicamente en las asambleas litúrgicas. Por ello no es de extrañar que esté sólidamente enraizada en toda una tradición catequética y litúrgica de la Iglesia primitiva, plena de motivos bautismales. 

El núcleo doctrinal de la carta descansa sobre dos textos cristológicos (1 Pe 2, 21-25 y 3, 18-22) que constituyen una especie de primitivo credo cristiano. Desde esta profesión de fe se entiende perfectamente por qué el creyente: debe esperar confiado la salvación (1 Pe 1, 3-12; 3, 5-15; 5, 10-11); debe llevar una vida santa en cualquier situación o estado social (1 Pe 1, 13-16; 2, 11-12; 3, 1-12); no debe acobardarse ante el sufrimiento o las dificultades de cualquier tipo (1 Pe 3, 13-17; 4, 12-19). 

El dato significativo de que el tema de la pasión de Cristo aparezca en las principales secciones de la carta, sugiere que precisamente ese tema puede constituir su clave doctrinal. El autor insiste en que la pasión de Cristo no desemboca en la muerte como última palabra, sino en la vida (1 Pe 3, 18; 4, 6) y es por tanto fuente de una esperanza segura, gozosa, activa, conquistadora, inmensa y trascendente. La exhortación de 1 Pe 3, 15: estad dispuestos a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida explicaciones, es central en esta carta y una de las más expresivas en todo el Nuevo Testamento.

INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA CARTA 

La que conocemos como segunda carta de san Pedro tiene todas las características propias del género literario "carta testamento". En este género literario un personaje, que se supone cercano ya a la muerte (véase Hch 20, 17-38; 2Tim, Jn 13-17), reúne a los suyos par darles las últimas recomendaciones con el objeto de asegurar la permanencia del grupo, advirtiéndole sobre los peligros que lo amenazan. Para ellos les recuerda el pasado, y los conforta con la seguridad de que Dios seguirá actuando en el futuro. 

Este esquema está claramente presente en la segunda carta de san Pedro que tiene, además, el valor de afirmar expresamente la inspiración divina de la Biblia (2 Pe 1, 20-21), de aludir a una primera colección de cartas paulinas (2 Pe 3, 15-16), y de dar una respuesta precisa al problema del retraso de la parusía o segunda venida del Señor.

CARACTERÍSTICAS LITERARIAS Y CONTENIDO DE LA SEGUNDA CARTA

La carta está elaborada con maestría y detenimiento. Alterna exposición, exhortación y controversia; junto a tonos solemnes y mesurados encontramos arrebatos apasionados. El recuerdo permanente del pasado tiene su contrapunto en la constante referencia al futuro. 

Todo ello cristaliza en una estructura concéntrica que tiende a poner de relieve la polémica contra los falsos maestros, parte central del escrito. He aquí las líneas básicas de su estructura:  Saludo; 2 Pe 1, 1-2; Exhortación a consolidar la vocación recibida: 2 Pe 1, 3-11; Recuerdo de la enseñanza de Cristo y de los profetas: 2 Pe 1, 12-21; Polémica contra los falsos maestros: 2 Pe 2, 1-22; El día del Señor en el mensaje de apóstoles y profetas: 2 Pe 3, 1-10; Exhortación a una vida santa: 2 Pe 3, 11-16; Conclusión: 2 Pe 3, 17-18 En cuanto al contenido doctrinal, el autor quiere asegurar el bien fundamental de los cristianos que es la fe (2 Pe 1, 1.5); por otra, trata de asegurar el conocimiento auténtico de Cristo (2 Pe 1, 2.5.8; 2, 20-21; 3, 18) frente a los errores que amenazan y que pueden hacer peligrar la continuidad de la comunidad cristiana (2 Pe 2, 1-22; 3, 17). 

En relación con la carta de san Judas (de la que con toda probabilidad depende), suprime ciertos elementos difíciles de entender por lectores no muy peritos en las tradiciones judías. Pero al mismo tiempo amplía y reelabora los materiales tomados en préstamo. ¿Supone esta carta un esfuerzo pastoral de conciliación frente a tendencias más particularistas insinuadas en la carta de san Judas? ¿Podemos hablar de un intento de síntesis entre diferentes tendencias en el seno de la Iglesia primitiva? Probablemente sí. 

MARCO HISTÓRICO DE LA SEGUNDA CARTA

A pesar de haber sido tradicionalmente atribuida al apóstol Pedro, hay poderosas razones para pensar que el autor no pertenece a la primera generación cristiana, ya desaparecida (2 Pe 3, 4). La evidente relación con la carta de san Judas, en la que se inspira y que suele fecharse en los últimos decenios del primer siglo, nos hace pensar también para la segunda carta de san Pedro en un autor y unos destinatarios de la segunda generación cristiana.

Se trata de comunidades que llevan largo tiempo esperando el retorno glorioso del Señor y están desencantadas y desconcertadas porque no acaba de llegar. En estas comunidades han hecho acto de presencia unos falsos maestros que con su enseñanza y su comportamiento amenazan con destruir la comunidad. No es fácil concretar quiénes son y a qué corriente de pensamiento pertenecen estos falsos maestros, pues el autor de la carta utiliza para aludir a ellos expresiones más bien convencionales. Por otra parte, las diferencias tanto doctrinales como literarias entre la primera y la segunda carta de san Pedro son tan notables, que parece totalmente inviable pensar en el mismo autor y los mismos destinatarios. Puede, en cambio, pensarse en un círculo o una escuela "petrina" que se mantuvo en vigor durante todo el siglo primero y que en la frontera caso con el siglo segundo dio origen a este escrito. Con él se quería recordar la persona y las enseñanzas del maestro y al mismo tiempo salir al paso de una serie de peligros que se cernían sobre estas comunidades cristianas de la segunda generación. Comunidades, por lo demás, muy familiarizadas con la Sagrada Escritura, pero también con las tradiciones apocalípticas judías a las que el autor alude con frecuencia sin citarlas explícitamente. Comunidades también más abiertas a la cultura helenística que las que se transparentan en la carta de san Judas.

Autor: Con autorización de La Casa de la Biblia