DiócesisEl blog de la Palabra

Cartas pastorales a Timoteo y a Tito

Publicado: 16/04/2013: 3255

Esta semana, continuando con el acercamiento a los textos sagrados, presentamos las claves de las dos cartas dirigidas a Timoteo y una a Tito. Conocidas desde el siglo XVIII como cartas pastorales y aunque formalmente están dirigidas a personas individuales, en realidad se trata de misivas destinadas a los responsables de las comunidades tal y como se desprende de los temas que se abordan en ellas: organización comunitaria, requisitos para ocupar responsabilidades, falsos y verdaderos maestros, relaciones sociales, correcto comportamiento...

Autor

El saludo de las cartas pastorales las presenta como salidas de la mano de Pablo. Por otra parte, el Canon de Muratori (año 180 aproximadamente), el Adversus haereses de Ireneo de Lyon y la tradición de la Iglesia, en general, las ha recibido como escritos paulinos y, como tales, fueron incluidos en el canon cristiano de la Biblia. Las objeciones y dificultades que plantea, justificadamente, la exégesis moderna contra dicha atribución, pueden solucionarse si se admite que estos escritos fueron redactados por alguien cercano a Pablo, bien a su dictado, o bien recogiendo el legado del Apóstol y aplicándolo a las nuevas circunstancias de las comunidades cristianas de herencia paulina. 

Composición

La mayor parte de los autores se inclina por datar la redacción de estas cartas en un período de tiempo amplio: entre finales del siglo I y comienzos del II. Lógicamente, si es cierta la opinión de quienes defienden que proceden directamente del Apóstol, habría que remontarse a una fecha anterior. También es impreciso el lugar en que vieron la luz estos escritos, aunque, en general, se relacionan con las comunidades del Egeo que se hallaban bajo el influjo de la predicación y la actividad misionera de Pablo. 

Género

Las cartas pastorales forman un bloque uniforme y han salido probablemente de la misma pluma. No hay en ellas grandes diferencias en la formulación del mensaje ni en el modo de concebir la organización de las comunidades. Casi todos los estudios recientes reconocen que existe una intención unitaria, a pesar de la diversidad de materiales que emplean. Tradicionalmente, se viene diciendo que son textos orientados a exponer la disciplina eclesiástica; los destinatarios encontrarían allí instrucciones autorizadas sobre el comportamiento correcto, las responsabilidades comunitarias, los ejemplos que se deben seguir... Es verdad que esta preocupación se halla en algunos pasajes, pero no explica globalmente el corpus. Estas cartas pueden ser consideradas como una exhortación general que se sirve para su propósito no sólo de códigos o catálogos de vicios, virtudes o deberes, sino también de notas biográficas, recomendaciones personales, testimonios existenciales, citas litúrgicas tradicionales. Cada uno recibe de su antecesor el mandato de exhortar a su sucesor (...).

Destinatarios

Hch 16, 1-3 cuenta que, en su segundo viaje misionero, Pablo llegó a Listra, donde encontró a Timoteo. El elogio que dedica Hechos de los Apóstoles a este joven explica que el Apóstol lo eligiese como colaborador suyo. Su nombre aparece también en 1 Tes 1,1; Flp 1,1; 2,19-23; Flm 2; 2 Tes 1,1; Col 1,1. Por lo que se cuenta en 1 Tesalonicenses, Timoteo debió de realizar con éxito la misión encomendada por Pablo cuando éste lo envió a Tesalónica para que tratase de resolver los problemas suscitados en esta comunidad. A partir de entonces, Timoteo actúa en calidad de representante plenipotenciario del Apóstol, como de da a entender en 1 Cor 4,17; 16,10. Se comprende así que Timoteo sea uno de los destinatarios de las cartas pastorales: es el modelo de discípulo. 

Las noticias acerca de Tito son más escasas: no aparece en Hechos y lo poco que se sabe de él es a través de 2 Cor 2, donde Pablo menciona su labor de mediador entre él y la comunidad. También se menciona su nombre en Gál 2,1-3, donde aparece como prototipo de seguidor del Evangelio libre de la ley. 

Así pues, los dos destinatarios de las pastorales pertenecen al círculo de Pablo y han actuado en nombre de éste cuando, en su ausencia, las circunstancias requerían una contundente intervención apostólica que recondujese por el camino recto la predicación evangélica y la vida comunitaria. Con estas epístolas, dirigidas a dos colaboradores del Apóstol, se pretende subrayar la continuidad de la tradición paulina, que llega, a través de las tres cartas pastorales, a todas las Iglesias. De este modo, Pablo acabará convirtiéndose en el Apóstol por antonomasia, pues la adhesión a los contenidos doctrinales de su predicación será un firme criterio para discernir quién vive y piensa en conformidad con el Evangelio auténtico. 

Temas principales

Los principales núcleos de interés en las pastorales pueden ser agrupados de la siguiente manera: 

• El cristianismo en el mundo. Estas cartas constituyen un testimonio de cómo el cristianismo comienza a situarse de una manera distinta ante el mundo. Por un lado, afirma su identidad propia y es consciente de su peculiar historia, que lo hace diferente de otros grupos de la época y del entorno; pero, por otro, se da cuenta de que no debe encerrarse en una posición anclada que pueda derivar hacia una ideología extemporánea, y trata, por ello, de afrontar con imaginación y determinación las cuestiones prácticas y cotidianas que van surgiendo a medida en que se expande geográfica, numérica y socialmente. El objetivo de estas cartas no es, pues, tanto afirmar la novedad del Evangelio, o un cambio radical en el modo de vida, cuanto lograr que este mundo nuevo se mantenga frente a los cambios temporales, sociales y culturales, en una actitud abierta que sea capaz de aunar la fidelidad a los orígenes y la pertenencia a un tiempo y a un contexto histórico diferentes. 

• Pablo, prototipo de cristiano y de apóstol. Pablo se muestra, en las cartas pastorales, como el primer pecador y el primer salvado. Su existencia se ha convertido en un ejemplo para todos. Su conversión es paradigmática. pero, además, el contenido de su predicación ha llegado a ser el punto de referencia más importante para conocer la verdad del Evangelio. Sus padecimientos deben ser incluso imitados por los ministros de la Palabra. Dios, que desde toda la eternidad ofrece su gracia a los hombres, se ha manifestado en Jesucristo, y la proclamación de ese misterio ha sido confiada a Pablo. En la medida en que la enseñanza y la vida comunitarias sean paulinas, serán auténticamente apostólicas. No se menciona a sus predecesores, sino a sus sucesores, que reciben de él la tradición con la que ha sido privilegiado y de la que es singular depositario. 

• El depósito. Pablo no es sólo el modelo y el fundamento del comportamiento cristiano, sino que es también, y sobre todo, el garante de una tradición que se conoce como depósito. En las pastorales, este término está estrechamente vinculado a la persona del Apóstol. El depósito es el mensaje de después de Pablo, su experiencia y su enseñanza. Con él comienza la tradición. El Evangelio recibido se ha convertido en el depósito confiado, que ha de ser íntegramente transmitido. 

• La casa de Dios. La casa, tal y como han demostrado los estudios de carácter histórico, sociológico y antropológico, ha sido una entidad básica para el desarrollo del cristianismo primitivo. Las referencias a esta estructura social se encuentran en varios pasajes del Nuevo Testamento. Las cartas pastorales son el último estadio de un proceso evolutivo que, en los escritos paulinos, ha comenzado por una alta estima de la libertad y de la igualdad de todos los seres humanos; después, sin renunciar a estos valores, una necesidad perentoria de consolidar las comunidades hizo que el cristianismo adoptase la estructura de las casas, al ver en éstas, tal y como estaban concebidas en el mundo grecorromano, el mejor medio para dar duración, continuidad y tradición a las incipientes asociaciones eclesiales; por último, frente a las desavenencias internas y apostasías, los códigos domésticos por los que se regían las casas acabaron siendo una especie de constituciones eclesiásticas. En las pastorales, el motivo de la casa se desarrolla en dos direcciones: como edificio y como familia. Como edificio, la comunidad es el fundamento puesto por Dios, la columna y el basamento de la verdad; como familia, es el lugar del comportamiento cotidiano, en el que se llevan a la práctica las exigencias morales que corresponden a un ámbito comunitario entendido como un gran hogar. 

• Los ministerios. En las cartas pastorales, la función de los ministros de la comunidad está en claro contraste con los adversarios. Los principales cargos comunitarios son los de obispo, presbítero y diácono. Al obispo y a los presbíteros corresponden también tareas de enseñanza y dirección. El diácono, en cambio, aunque parece estar subordinado al obispo, no ejerce funciones directivas y docentes, aunque, por lo que se deduce del contexto general del Nuevo Testamento, eran partícipes del ministerio de la proclamación del Evangelio. Las relaciones entre las tres funciones, tal y como se las describe en estas cartas, han sido objeto de estudio, llegándose a distintas conclusiones. 

• Los adversarios. Quiénes son los falsos maestros de las pastorales es una de las principales cuestiones debatidas en la historia de la investigación de estos escritos. El estudio de los pasajes en los que se habla de los adversarios ha llevado a establecer la existencia de dos grupos o corrientes: judaizantes y gnósticos. Hay quien opina que el estilo estereotipado de las tesis defendidas por el autor de estos escritos puede deberse a que su objetivo no es en realidad plantar cara a una herejía concreta, sino ofrecer un manual práctico para que los responsables de las comunidades sepan cómo deben situarse frente a cualquier tipo de adversario. Se ve que la intención no es informar acerca de los que se oponen a la recta enseñanza, sino descalificarlos a los ojos del lector y prevenir a este de las ideas y modos de vida contrarios al verdadero espíritu del Evangelio.

Autor: CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA