Publicado: 18/05/2017: 268

Getafe es una población muy grande -un tanto destartalada- situada en el sur de Madrid y a unos 13 kilómetros de la Puerta del Sol.

Se encuentra a los lados del camino de Madrid a Toledo, lo que le ha hecho testigo de la historia de España, especialmente desde el siglo XIV con los movimientos de los Reyes castellanos hacia la conquista de los territorios ocupados por los árabes. En el siglo XX tiene un gran despliegue industrial y económico marcado por la creación de la escuela de Aviación Civil y la construcción del monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, ambos en la década de 1910-20. A partir de los años cincuenta del pasado siglo se montaron varias industrias importantes en esta zona. En 1988 se instaló en Getafe la Universidad Carlos III.

Su situación en medio de viejos caminos, entre la Mancha, Extremadura, Andalucía y la corte, han convertido a esta población en una especie de Babel llena de acentos y de inmigrantes de todo tipo. Para colmo, el boom actual de llegada de foráneos procedentes de Sudamérica, África y los países del este, han completado la miscelánea de razas y lenguajes en una especie de fusión muy bien llevada y aceptada por todos. Algo más que una ciudad dormitorio de la Villa y Corte.

A esa ciudad acudo con regularidad. En ella vive mi hijo mayor y toda su familia. Sus tres hijos han nacido, estudian y crecen en un barrio popular asentado en viviendas de protección oficial que rodean la Parroquia de San Rafael. A ella he acudido una vez más con motivo de la primera comunión de mi nieto Carlos.

Este centro parroquial está regido por los Hijos de la Caridad. Una Orden de origen francés con el siguiente objetivo principal según su propia definición: “Los Hijos de la Caridad somos una Congregación de religiosos pastores, reconocida por Roma, fundada por el siervo de Dios Juan Emilio Anizan en París en 1918 para la evangelización de los barrios populares y pobres en las afueras de las grandes ciudades”. En Getafe lo bordan. Ya en algún momento me he referido a dicha parroquia, sus carteles y su altar “del hermano”, lleno de latas de conservas, de macarrones y de detergentes. Un lugar para las ofrendas a los más necesitados.

Nueve niños recibieron la primera comunión (alguno de nombre impronunciable, de los que no pongo la foto por aquello del derecho a la imagen de los menores). Sus ancestros: africanos, sudamericanos, andaluces, extremeños o getafenses. Su nexo de unión: una excelente preparación catequética y un párroco que es fiel reflejo de su comunidad. Ameno, cercano, sencillo, adaptado a los neocomulgantes y a su familias. Una celebración sencilla, sin prisas y participativa. Todo con el uso de pantalla, coros y micrófonos adaptados, que invitaban a dejar de ser espectadores para pasar a ser actores en la celebración. Una hora que se pasó en un suspiro y llenó de lágrimas los ojos de más de uno.

Para colmo una celebración “lúdica” en el sitio adecuado: el convento de Santa Juana de la Cruz en Cubas de la Sagra. Un lugar donde acudían desde Carlos V hasta Don Juan de Austria en busca de paz y de consejo allá por los finales del siglo XV y principios del XVI. Allá tienen una casa de oración y de encuentros las monjas Clarisas en medio de la estepa castellana.

Os he contado otra “batallita” del abuelo. Pero es que de lo que abunda el corazón habla la boca y escribe el ordenador. Solo me quedé con ganas de recomendarles a los de mi quinta que no olviden la segunda comunión y las siguientes. Que no se quede todo en un día esplendido y memorable. Esos niños son el futuro de nuestra Iglesia. Con comunidades como las de San Rafael de Getafe es bastante probable que cuajen en buenos cristianos. Ellos han entendido muy bien las recomendaciones de nuestro Papa Francisco: “la evangelización de los barrios populares y pobres en las afueras de las grandes ciudades”.              

 


Manuel Montes Cleries

Manuel Montes, casado, ocho hijos y 16 nietos. Profesor Mercantil. Licenciado en Comunicación Audiovisual. Doctor en Periodismo desde junio de 2012. Pertenece al Movimiento Diocesano de Cursillos de Cristiandad. Escribe “La Buena Noticia” en diversas publicaciones digitales y participa como colaborador en diversos programas de radio y televisión.

m.montescleries@telefonica.net
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