Publicado: 10/05/2018: 147

Decían en tiempos de mi infancia que “cuando el pobre come jamón, o esta malo el pobre o está malo el jamón”.

Hoy ya no pasa esto. Sucede de forma similar a como prometía el NODO: el mundo entero al alcance de los españoles, que llevándolo a nuestro terreno nos diría: el jamón español está al alcance de todos los españoles.

Esta idea viene a mi mente sostenida por el regalo de una sustanciosa cantidad de jamón, cortado en finas lonchas, de un alma caritativa a una institución en la que colaboro como voluntario. Cada día, al prepararle la tostada con aceite matutina, uno de los acogidos me preguntaba que donde estaba el jamón. Yo le contestaba indefectiblemente que teníamos al cerdo atrincherado en la despensa y no se dejaba cortar la pata. El día en que recibimos el taco de jamón este hombre se “jartó”.

Mi trabajo en la periferia está lleno de anécdotas, en su gran mayoría agradables. De encuentro con personas que han tenido peor suerte que nosotros y dependen un poco de nuestra ayuda. Una anciana de aspecto (tiene tres años menos que yo), que cada mañana me ilumina con dos sonoros besos y un olor maravillosa a mujer cuidada. El otro que le da vergüenza saludarte por la calle pensando que nos va a molestar. El tipo grande con la edad de alguno de mis hijos y que se encuentra solo y fuera de su país. El musulmán que realiza escrupulosamente sus rezos cada día y que se aparta del “galufo”.

Una bendición de Dios. Ellos creen que les hacemos un favor. No se dan cuenta de que el gran favor nos lo hacen ellos a nosotros. Cuando salen cada mañana a la calle les despido con un “que tengas suerte”. A partir de ese momento su lucha se basa en sobrevivir durante dieciséis horas. Y nosotros peleándonos por el dinero, el poder o el prestigio.

Hoy he llevado a uno en mi coche a realizar una gestión. Su problema: tener un domicilio donde empadronarse y poder recibir una paga no contributiva. Estado: separado y solo en el mundo. Edad: sesenta y cinco años. Le podía pasar a cualquiera de nosotros.

Que os puedo pedir. Por lo menos… que los respetéis. Los miréis sin miedo y, por lo menos, dadles una sonrisa. Con vosotros está y no le conocéis. Y jamón para todos.


Manuel Montes Cleries

Manuel Montes, casado, ocho hijos y 16 nietos. Profesor Mercantil. Licenciado en Comunicación Audiovisual. Doctor en Periodismo desde junio de 2012. Pertenece al Movimiento Diocesano de Cursillos de Cristiandad. Escribe “La Buena Noticia” en diversas publicaciones digitales y participa como colaborador en diversos programas de radio y televisión.

m.montescleries@telefonica.net
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