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«Él está todos los días con nosotros en la Eucaristía»

Publicado: 22/06/2011: 1171

"La Iglesia vive de la Eucaristía". El beato Juan Pablo II, en su encíclica "Ecclesia de Eucharistia" nos recordaba que esta verdad "no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. (...) Con razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es «fuente y cima de toda la vida cristiana».

En esta fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, que hoy celebramos, hemos querido acercarnos a la experiencia eucarística de un sacerdote y de un joven malagueños para conocer cómo viven su relación con Dios y con los hombres a través de la Eucaristía.

¡Adónde voy yo sin la Misa!

Adrián Troncoso, es párroco de San Patricio, en el popular barrio malagueño de Huelin. Su amor por la Eucaristía está en los orígenes de su fe: «Nací en una familia cristiana, donde se vivía la fe como algo natural. Sin presiones y sin rechazos. La Misa dominical entraba como algo normal dentro, digamos de la agenda semanal. Sobre todo en mi madre estaba muy arraigada su importancia y así nos lo transmitía a los hijos». Troncoso recuerda una anécdota que le ayudó a profundizar en otra relación interesante del domingo con la Eucaristía: «En una ocasión, siendo ya sacerdote, una persona muy querida se apartó de la Iglesia. Así como de paso, mi madre dijo ‘es que de niño su madre no le enseñó a ir a Misa los domingos’. A mí, aquella frase aparentemente de poca importancia me ha hecho reflexionar bastante por la profundidad teológica que contenía. Tocaba un principio básico: o vivimos la Eucaristía cada domingo como algo consustancial a nuestro ser, o nuestra pertenencia al Cuerpo de Cristo, que es su Iglesia, ha muerto, o está a punto de morir».

El Camino Neocatecumenal también ha supuesto un descubrimiento decisivo en la maduración de su fe en la Eucaristía: «me impresionó la atención que presta el camino a lo que hoy llaman los liturgistas el ‘Ars celebrandi’, el ‘arte’, la manera de celebrar. Algo que también tuve el gusto de ir descubriendo desde mi tiempo de Seminario, y de tantas Jornadas de Liturgia». 

También el culto eucarístico, es decir la prolongación de la riqueza de la Eucaristía celebrada, a través sobre todo de la adoración ante la presencia permanente de Cristo, ha sido para él una experiencia importante: «Comenzó especialmente cuando de adolescente conocí la Adoración Nocturna española, en Ronda. Después, al entrar en el Seminario, fui admitido como miembro del Turno de San Francisco Javier, que estaba formado por estudiantes de Filosofía del Seminario».

Adoración silenciosa

«¡No puedo olvidar tampoco la experiencia vivida durante muchos años con la Fraternidad Seglar de Carlos de Foucauld! La adoración silenciosa y en gratuidad de Jesús Amor en el Sacramento llenó muchas horas de nuestras convivencias, a veces noches enteras, como el hermanito Carlos lo vivió en la soledad del desierto». 

Este curso, en su parroquia, ha habido lo que él califica como “otro regalo del Señor”: «La restauración del Turno de Adoración Nocturna de San Patricio. Comenzamos el verano pasado a dar los pasos, y ya se puede decir que está consolidado. Unos cuarenta adoradores nos reunimos el tercer viernes de cada mes. Siempre se nos unen algunos hermanos al turno que, de un modo libre, quieren acompañarnos».

También los fieles que realizan la formación cristiana del Camino Neocatecumenal encuentran especiales ámbitos para la Adoración: «Sobre todo  en las últimas etapas como culminación de las catequesis eucarísticas. Y, para los jóvenes, se prepara una tarde de domingo al mes un encuentro en que se da un tiempo de “escrutación” (o lectio divina) seguido del tiempo para la adoración y bendición».

«La remodelación del templo parroquial –señala, finalmente– ha ayudado en el acrecentamiento de la vida eucarística al quedar más destacado el Sagrario. Se nota un aumento de las visitas al Santísimo durante las muchas horas de apertura del templo».

«Él está esperándome con los brazos abiertos»

Francisco Ojeda es un joven feligrés de San Patricio. Casado y a la espera de su primer hijo, es responsable de una de las comunidades neocatecumenales presentes en la parroquia y asiduo participante de las actividades de adoración eucarística que se celebran en el templo.

Y es que a Francisco, la Eucaristía le ha cambiado la vida. «Hace unos cinco años, el Señor me rescató de la vida que llevaba y me la cambió totalmente. Me cogió sobre sus hombros como buen pastor que es y, desde entonces, tengo la oportunidad de recibirlo cada domingo e incluso cada día. Mi familia me había transmitido la fe, me había llevado a hacer la primera comunión, pero han sido sobre todo mis catequistas de la comunidad y los sacerdotes de la diócesis los que me han hecho amar de verdad y conocer la importancia de la Eucaristía. Recuerdo como un momento especial cuando, después de 14 años sin querer saber nada del Señor, volví a recibirlo, sentí que me abrazó como un padre bueno. Ahora, en ese trozo de pan que ven algunos, yo veo a Jesucristo que está esperándome con los brazos abiertos. Cuando exponen el Santísimo, siento que Jesús me llama a adorarlo y sé que me escucha, porque Él siempre escucha a los que le piden con fe. Y la Eucaristía me lleva a amar a los hermanos siguiendo el ejemplo de Jesucristo, entregando cuerpo y sangre, en una donación total»

Un reportaje de Antonio Moreno publicado en "Diócesis"

Autor: diocesismalaga.es