Apertura de la II Asamblea Diocesana de Pastoral

Publicado: 09/08/2012: 1934

Palabras del Obispo (1990)

Queridos asambleístas:

Hemos iniciado los trabajos de la II Asamblea Diocesana de Pasto­ral de Málaga con la invocación al Espíritu Santo, cuya luz y fuerza espe­ramos alcanzar de Dios Padre por los méritos de Jesucristo, pidiendo tam­bién a la Stma. Virgen María que nos acompañe con su intercesión.

Ante todo conviene resituarnos en la historia de la Iglesia, de la que queremos ser fieles hijos, fidelidad que pasa por la Iglesia particular de Málaga a la que hemos sido convocados por la fe y de la que somos miem­bros. Esta resituación histórica la haremos especialmente a partir de los dos últimos decenios (1970-1990).

Los cristianos de estos últimos años podemos llamarnos “hijos del Concilio Vaticano II”. El Concilio es uno de los grandes regalos que Dios ha concedido a su Iglesia en este siglo; por él se nos ayuda a configurar­nos mejor como Pueblo de Dios y Cuerpo Místico de Cristo de acuerdo con los actuales momentos históricos. La fidelidad al Concilio Vaticano II es la fidelidad a la Iglesia, sacramento de Cristo, en la que permanece y se realiza de un modo singular la salvación.

Nuestra Diócesis inició el recorrido de este trecho de la vida eclesial recibiendo con gratitud y gozo la doctrina y las orientaciones pastorales del Concilio. Desde el primer momento procuró encarnarlas en este lu­gar concreto que se llama diócesis o iglesia particular de Málaga, que abarca toda la provincia y la ciudad de Melilla, en comunión con las de­más Iglesias de todo el mundo, presididas por la de Roma.

Este quehacer tiene sus raíces en las Semanas de Formación Per­manente del Clero que de manera ininterrumpida se vienen celebrando desde 1971.

A estas Semanas de Formación siguieron en 1979 los Encuentros del Pueblo de Dios. Es justo recordar al inolvidable y celoso sacerdote Dn. Salvador Montes Marmolejo que fue el alma de dichos Encuentros y de quien ahora esperamos su intercesión desde el cielo. Ya desde el prin­cipio la evangelización constituyó el objetivo prioritario.

En 1983, y siempre en la misma línea, surgió el Plan Trienal de una más intensa Evangelización, en cuya elaboración se calcula participaron aproximadamente unos diez mil diocesanos.

A finales de 1986 tuvo lugar la I Asamblea Diocesana de Pastoral, con la participación de doscientos setenta delegados, representantes de la casi totalidad de las parroquias y de movimientos apostólicos y de espiri­tualidad de la Diócesis.

Los tres eventos recordados tuvieron un objetivo común: evangeli­zar y catequizar de una manera profunda, coherente y sistemática a to­das las personas que por uno u otro motivo vivían prácticamente fuera de la comunidad eclesial o nunca habían pertenecido a ella. Esto lo hacía­mos sobre los que considerábamos tres pilares básicos de nuestra vida cristiana y nuestra pastoral, a saber:

a) Iglesia-misión, recordando que ella existe para evangelizar, se­gún la voluntad de Dios Padre.

b) Iglesia-comunión, que es Una, Santa, Católica y Apostólica, por

y en la que recibimos la capacidad de vivir la fraternidad evan­

gélica, dada en Jesucristo.

c) Iglesia-Pueblo de Dios, convencido que todos somos miembros

del Cuerpo Místico de Cristo y corresponsables de su presencia

y marcha en la historia, enriquecidos por los carismas que reci­

bimos del Espíritu Santo.

Además de estos hechos diocesanos se han dado otros a nivel na­cional en los que nos hemos visto reflejados y que, a su vez, han potencia­do nuestra pastoral. Me refiero al Congreso Nacional de Evangelización celebrado en Madrid en noviembre de 1985; y el Congreso Nacional de Parroquia Misionera, que tuvo lugar en la misma capital y mes de 1988. Tampoco se puede olvidar el Congreso de Espiritualidad Sacerdotal, ce­lebrado en septiembre de 1989.

Pasos que se han dado

El listón que la Formación Permanente del Clero, los Encuentros del Pueblo de Dios, el Plan Trienal de una más intensa Evangelización y la I Asamblea Diocesana de Pastoral, se había situado muy alto. Y si es cierto que no hemos llegado a su altura, también lo es que entre todos hemos intentado acercarnos a él y hacia él han tendido nuestros esfuerzos.

Permitidme recordaros algunos logros que, aunque de manera imperfecta, se han alcanzado.

1) Se ha tomado conciencia y ha habido una mayor inquietud en lo que se relaciona a los tres pilares básicos antes mencionados.

2) Constatamos una mayor preocupación por la presencia evangelizadora en los ambientes.

3) Se han tenido en cuenta, en parte, las prioridades pastorales asu­midas en la I Asamblea Diocesana de Pastoral.

4) En la ciudad de Málaga se han creado seis Arciprestazgos que han facilitado una mejor coordinación pastoral; esta coordinación pasto­ral ha sido también más eficiente en cada una de las Vicarías Episcopales Territoriales de la Diócesis.

5) La Delegación de Catequesis ha ofrecido medios y ha organizado encuentros para formar y animar a los catequistas. Otro tanto se ha he­cho de cara a los Agentes de Pastoral.

6) Las Semanas de Formación Permanente del Clero han ayudado a los presbíteros diocesanos a integrarse mejor en los planes pastorales de la Diócesis.

7) Ha aumentado la convicción de que todos somos Iglesia Diocesana y se han dado pasos de cara a una mayor coordinación de parroquias y movimientos apostólicos.

8) Se ha revitalizado la Delegación Diocesana de Apostolado Seglar con sus distintos Secretariados.

9) En un buen número de Parroquias de la Diócesis se ha celebrado el Cursillo de Planificación Pastoral.

10) Cada día se comprende más y mejor que la vida cristiana es un proceso de crecimiento y que los sacramentos son momentos clave de este proceso y no hechos aislados. En esta misma línea se han dado unas catequesis presacramentales que poco a poco revitalizan la comunidad.

11) Cáritas está organizada en la mayor parte de Parroquias.

12) Las Delegaciones Diocesanas han procurado tener en cuenta las conclusiones y prioridades de la I Asamblea Diocesana de Pastoral.

13) Los Colegios de la Iglesia cada día se sienten más integrados a la Diócesis, aportando la nueva savia de las generaciones jóvenes.

14) Se detecta un avance creciente en la corresponsabilidad en lo que a la economía parroquial y diocesana se refiere. Se da una mayor colaboración económica de cara al sostenimiento de personas y medios pastorales. Como botón de muestra podemos mencionar el aumento en las colectas de la Campaña contra el Hambre, del Seminario, de Misiones y otras. Cabe destacar los sesenta millones recaudados por Cáritas Diocesana a favor de los damnificados por las últimas inundaciones en Málaga.

En esta misma línea se ha creado (y funciona eficazmente) el Con­sejo Diocesano de Economía. También en algunas Parroquias existe ya el mismo Consejo a nivel parroquial. Los mismos Colegios de la Iglesia in­tegran cada día más a los padres de los alumnos en la misma gestión económica de los centros educativos.

15) El hecho de que la diócesis de Málaga se haya responsabilizado de la Vicaría de Caicara del Orinoco de la Archidiócesis de Ciudad Bolí­var en Venezuela, comprometiéndose en mantener allí tres o más sacer­dotes de nuestra Diócesis.

16) La buena marcha del Centro Diocesano de Teología en Málaga y su ampliación en los Centros de Ronda y Antequera.

Compromisos pendientes

Entre las deficiencias todavía no cubiertas en nuestra pastoral diocesana, podríamos recordar las siguientes:

1) El Ecumenismo. A pesar de los esfuerzos de la Delegación, se detecta escaso interés en una gran mayoría de los diocesanos.

2) Se nos hace difícil acertar en la Pastoral de Turismo y Tiempo Libre, siendo así que nuestra diócesis tiene una de las parcelas mayores y más complejas de toda Europa en lo que a este aspecto pastoral se refiere.

3) No acabamos de poner en marcha los Consejos Pastorales en todas las Parroquias. Esto hace que los Consejos de Pastoral tanto a nivel de Vicaría como de Diócesis sean una asignatura pendiente y urgente.

4) El catolicismo popular tan arraigado en nuestros pueblos y ciu­dades no acaba de ser afrontado con el rigor y creatividad que exige.

5) No se da el necesario seguimiento de cristianos después de una catequesis presacramental. Esto es más notable en las parejas jóvenes que han recibido el sacramento del matrimonio; en otras palabras, el resulta­do de los Cursillos Prematrimoniales aparentemente dan escasos resulta­dos.

6) Necesitamos directorios presacramentales que nos ayuden a evi­tar la grave dispersión de criterios que afectan negativamente a los pres­bíteros y responsables de la pastoral en general, así como de los fieles que se inician en las distintas etapas de la catequesis.

7) Nuestras celebraciones litúrgicas, especialmente la Eucaristía, aunque celebradas dignamente, no llegan todavía a incidir positiva y pro­fundamente en el pueblo cristiano, quizás debido a una falta de cateque­sis sobre sus contenidos.

8) La disminución de vocaciones contemplativas. Es posible que dentro de los próximos años se tengan que cerrar algunas de las veinti­trés comunidades de monjas contemplativas que hay en la Diócesis.

…Y otras muchas lagunas doctrinales y pastorales que todos cono­cemos y que será necesario afrontar con la ayuda de Dios y la colabora­ción de todos.

Tiempo de gracia

En Jesucristo ha comenzado el tiempo de gracia para toda la huma­nidad. La Iglesia es depositaria de los misterios de salvación que el Señor le ha confiado. Y esto tiene ahora y aquí un nombre propio: II Asamblea Diocesana de Pastoral. De ahí su importancia.

Agradezco a los presbíteros, seculares y religiosos; a las religiosas y sobre todo a los militantes cristianos el interés y esfuerzo que habéis puesto en los trabajos de preparación de esta II Asamblea que hoy, en nombre del Señor, comenzamos.

Espero que de esta Asamblea salga un Plan Diocesano de Pastoral concreto, fruto de la gracia de Dios y de la reflexión de cada uno de voso­tros. Este Plan Pastoral debe ayudarnos a tomar conciencia que todos formamos la Iglesia particular de Málaga, en comunión con la de Roma y a través de ella con todas las demás Iglesias del mundo, a fin de respon­der a los retos y urgencias pastorales de nuestro tiempo.

El Plan Pastoral deberá recoger, en lo posible, las sugerencias de todos, y será normativa para toda la Diócesis. A través del Plan se nos ayudará a crecer en la convicción de que formamos una misma Iglesia y vivimos la filiación que nos ofrece Dios Padre y la fraternidad que nos es dada por Jesucristo a través del Espíritu Santo.

No podemos olvidar, sin embargo, los carismas que el Espíritu ofrece a personas, a comunidades y a movimientos, cada uno en su lugar y ambiente. Pero la fidelidad a estos mismos carismas nos exige una con­vergencia, que no una dispersión.

La presente Asamblea

Aunque todavía conservamos vivo el recuerdo de los trabajos de grupo preparando esta Asamblea, así como las mismas Asambleas cele­bradas en cada Vicaría o Zona de la Diócesis, es conveniente tener en cuenta que la evangelización continúa siendo el objetivo prioritario y la meta de este encuentro. Será necesario concretar los pasos a dar.

Para que la comunidad eclesial malagueña pueda llevar a cabo su tarea evangelizadora, urge que todos sus movimientos se comprometan:

1º) A una formación doctrinal y pastoral permanente, recibida y dada. El proceso de conversión nos obliga a una apertura interior a la gracia del Señor, a una fe en aumento, celebrada en la liturgia y anuncia­da con el testimonio y la palabra.

2º) A evitar la dispersión de fuerzas y afianzar la comunión con el Dios Uno y Trino y los hermanos en la fe. Esto conlleva corresponsabili­zarnos, cada uno según los carismas recibidos, en la marcha de la Iglesia Diocesana, partiendo de las parroquias, movimientos apostólicos y co­munidades, colegios católicos, cofradías y hermandades… Cualquier rea­lidad eclesial diocesana nos atañe de una manera directa o indirecta; nada de la vida eclesial y social puede sernos ajeno.

3º) A salir de la posible comodidad o eclosión de nuestros “grupos”, para ser enviados a todas partes: mundo rural, fábricas, talleres y ofici­nas; campo del pensamiento y de la técnica (universidad, institutos, es­cuelas…); donde estén los pobres y marginados en general; espacios de diversión y deporte… En fin, allí donde haya una persona o un colectivo, debe haber un cristiano misionero.

Todo esto será posible si progresamos en el don recibido de la fe, si dedicamos tiempo a la oración personal y litúrgica, si estamos organiza­dos y somos constantes, si asumimos la obediencia evangélica, si somos pobres y ponemos nuestra esperanza en Dios. Así haremos viable el obje­tivo pastoral prioritario de esta Asamblea:

Caminamos hacia una Iglesia evangelizadora desde comunida­des adultas en la fe y corresponsables, con una presencia misionera en la sociedad.

Epílogo

María, la Madre de Jesús y nuestra Madre espiritual, la gran cre­yente y fiel en el seguimiento a Jesús, está junto y con nosotros, como lo estuvo en la Iglesia primitiva. Con gratitud y esperanza hacemos nuestro su Cántico que ahora os invito a rezar:

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el poderoso ha hecho obras grandes en mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a los fieles

de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

como era en el principio

ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Málaga, Abril de 1990. 

Autor: Mons. Ramón Buxarrais