«La pasividad ya es injusticia»

Publicado: 10/08/2012: 987

Palabras en la procesión del Corpus Christi (1975)

Hace más de setecientos años en Lieja, Bélgica, el Obispo de aquella Diócesis, a instancias de la religiosa Juliana de Cornellón, establecía la festividad del Corpus Christi con el deseo de que la institución de la Eu­caristía, conmemorada el Jueves Santo, adquiriera el realce que, tal vez, le pudiera restar la Semana Santa, celebrada, por aquel entonces, dentro de un clima de penitencia y dolor por la Pasión del Señor. Años más tarde, esta festividad diocesana se establecería para toda la Iglesia.

A medida que pasaban los años, el pueblo fiel, orientado por los teólogos, místicos y jerarquía, fue tomando conciencia de esta festividad y vio en ella una manera de manifestar su fe, adoración y gratitud a la institución de la Eucaristía, a la presencia real y misteriosa de Jesucristo entre los hombres. Y se labraron primorosas custodias, maravillosos sagrarios y artísticas capillas al Santísimo Sacramento. A la par iban sur­giendo Hermandades, Cofradías y Congregaciones que no sólo daban un culto especial a la Eucaristía, sino que daban a conocer y estimulaban a vivir el misterio de la presencia real de Jesús en este sacramento.

Un culto dinámico

Van pasando los años y con ellos por el Espíritu nos es concedido un progresivo conocimiento de los misterios de Dios manifestados en Cristo; conocimiento al que, si queremos adjetivarlo de cristiano, debe­mos acompañar de un ordenar nuestro vivir de acuerdo con los misterios revelados. Porque nuestra fe es ante todo vida.

Por esto, a nuestro Corpus de hoy, a nuestra fe, adoración y grati­tud al Santísimo Sacramento debe dársele la proyección de amor a Dios que siempre ha tenido y de ayuda al hermano necesitado, aspecto, este último, no siempre suficientemente recordado.

La celebración de un Corpus Christi, el sacramento de amor y que nos impulsa a vivir en amor, no puede olvidar aquellas cifras que las modernas estadísticas nos van arrojando y por las que conocemos con certeza las necesidades de nuestros hermanos. Nuestra adoración carece­ría de sentido, si olvidáramos conscientemente al necesitado.

Nuestra responsabilidad

Es cierto el derecho de propiedad. También es cierto que siempre habrá diferencias porque se rompe el molde después de la creación de cada hombre. Es verdad que habrá quien pierda lo que tuvo o no pueda adquirir lo que necesita por culpa propia. Pero nadie puede negar que en nuestro mundo hay diferencias injustas, desigualdad de oportunidades y que unos grupos humanos viven a costa de otros. Nadie que se diga cris­tiano puede sentirse ajeno a estos problemas. La pasividad ya es injusti­cia. Debemos preguntarnos qué responsabilidad podemos tener noso­tros en este orden de cosas y qué es lo que realmente estamos haciendo para que el Reino de Dios, que es de justicia y de paz, se vaya construyen­do.

Cómo podemos actuar

Puede, también, que sintamos la preocupación por nuestro próji­mo, porque en nosotros hay verdadera actitud de adoración a Dios; pero quizás no sabemos cómo encauzarla. La Iglesia nos ofrece una manera concreta de hacerlo, al mismo tiempo que sensibiliza nuestra conciencia. Este ofrecimiento se nos hace a través de Cáritas Diocesana o parroquial. Por ellas podremos saber las necesidades, a veces tan cerca de nosotros, y a través de Cáritas podremos aportar nuestra colaboración concreta. Por­que, como cristianos, debemos ordenar aun nuestra pequeña o gran eco­nomía como servicio a los demás. Y esto es lo que hace Cáritas. Suscribir­nos como socios será uno de los cauces más atinados y concretos de ayu­dar a los demás.

Celebrar el Corpus hoy

Si con motivo de la festividad del Corpus Christi nuestra Diócesis de Málaga doblara el número, todavía escaso, de socios; si con motivo del Corpus llegáramos a sensibilizarnos más ante las necesidades ajenas,... nuestro homenaje a Cristo en el Sacramento del Amor adquiriría la di­mensión que, tal vez, todavía le falta; más aún: la ayuda al que pasa ham­bre porque no tiene trabajo o salud, al que no tiene instrucción, al que no cree,... potenciaría nuestra adoración a la persona de Jesucristo, presente en la Eucaristía.

Que la bendición que os voy a dar con el Santísimo sea la fuerza que nos llega de Dios para saberlo adorar como El desea y saberlo descu­brir en la persona del que sufre.

Málaga, Festividad del Corpus Christi, 1975. 

Autor: Mons. Ramón Buxarráis