Visita Apostólica de Juan Pablo II

Publicado: 10/08/2012: 1038

Entrevista en la Revista “Ecclesia” (1982)

 ¿Cuál es su balance de la Visita Apostólica del Papa a España?

Juan Pablo II ha potenciado nuestra confianza. Y esto lo ha hecho no solamente a través de su testimonio y de su palabra, sino también por habernos dado la oportunidad, entre otras, de constatar la capacidad que tenemos los españoles de crear un marco festivo para celebrar nuestra fe. En otras palabras, nos hemos convencido, una vez más, del valor y la eficacia del signo. Los encuentros o asambleas litúrgicas, la palabra leída

o proclamada (sobre todo la del Papa, orfebre en «el decir»), el canto, los aplausos,... son expresiones válidas de nuestro encuentro con el Señor, de nuestro encuentro con quien actúa «in persona Christi» y de nuestro encuentro con los hermanos.

Han sido admirables «las incrustraciones bíblicas» tanto en sus homilías como en sus discursos. Todo esto constituye, a mi manera de ver, un aspecto positivo (no el más importante) de la Visita Apostólica.

¿Qué enseñanzas de su predicación le parecen más destacables?

Opino que lo más destacable de Juan Pablo II ha sido la coherencia en la totalidad de su doctrina, girando alrededor de lo esencial o nuclear de la fe. Ha ejercido su misión de velar por la unidad de la doctrina. Ha proclamado el Credo y el Pueblo lo «ha coreado» con él.

Así, la actitud pastoral de Juan Pablo II, se ha convertido para todos nosotros en una cariñosa pero clara advertencia ante el riesgo de perder tiempo y energías en lo pasajero y accidental. Porque, aunque pueda pa­recer inverosímil, creo que, en ciertas discusiones pastorales y teológicas tenemos el peligro de caer de nuevo en los defectos de la baja escolástica.

Creo que se podría resumir la actualización del mensaje evangélico hecha por el Papa en este tríptico:

-valor del hombre

-en su historicidad

-redimido por Cristo, presente en su Iglesia.

En la casi totalidad de sus homilías y discursos, Juan Pablo II ha ido desmenuzando el contenido doctrinal de sus tres grandes encíclicas: «Redeor hominis», «Dives in misericordia» y «Laborem exercens».

¿Cómo habría que orientar los impulsos o los frutos derivados de esta visita de Juan Pablo II?

Calmado el entusiasmo que produce lo inmediato, será necesaria una serena reflexión sobre las grandes líneas de la doctrina del Papa que, sin duda, son la expresión más genuina del actual magisterio de la Iglesia. Desde esta perspectiva, convendrá ver lo que hay que potenciar y lo que hay que corregir en la marcha de la Iglesia en España.

Por otra parte, lo que también parece quedar claro es que, sin olvi­dar la necesidad del trabajo de investigación de los teólogos (cabe recor­dar su discurso en Salamanca), al pueblo fiel se le tiene que servir la doc­trina ya asimilada por la Iglesia, evitando crear confusionismos con apor­taciones de última hora.

Creo, sin embargo, que este es un problema de no fácil solución. Dicho en otras palabras: la presencia y las palabras del Papa nos han emplazado a encontrar el difícil y necesario equilibrio entre la institución y la profecía, el magisterio y los teólogos.

En fin, Juan Pablo II nos ha confirmado en la esperanza, quitándo­nos el miedo (¡concepto tantas veces repetido por él!), para ser fieles al Espíritu que, a través y a pesar nuestro, sigue guiándonos hacia el Cristo total.

Revista Ecclesia, Noviembre de 1982.

Visita «Ad limina» 

Autor: Revista