«XV Aniversario fallecimiento Mons. Ángel Herrera»

Publicado: 14/08/2012: 961

Artículo (1983)

 El 28 de julio, en la catedral de Málaga, junto al sepulcro del carde­nal Herrera Oria celebré la Eucaristía, conmemorando el decimoquinto aniversario de su muerte. Participó un grupo, más bien pequeño que grande, de católicos malagueños que, al mismo tiempo que se unían en la oración, querían rendir un homenaje de gratitud y admiración para el que fue un extraordinario militante cristiano seglar, un gran dirigente católico y un inolvidable pastor.

 Cuando en el verano pasado estuve sustituyendo durante quince días a uno de los párrocos de los montes de Vélez, en la misma fecha del aniversario de la muerte del Cardenal, un agricultor encorvado por el peso de los años y del duro trabajo del campo me decía, emocionado, que gracias al Sr. Obispo hoy contaba entre sus hijos a un médico y un catedrático de instituto. Yo sospeché que el Cardenal les habría consegui­do alguna beca para estudiar. Al preguntárselo me contestó: «No. Me refiero que, gracias a las Escuelas Rurales que fundó Mons. Herrera Oria, ahora mis hijos, con quienes vivía en un alejado cortijo, todos saben leer, escribir, echar cuentas... y, ya le digo, uno médico y el otro catedrático. De no haber sido así, quizás...»

 Bien seguro que además del agricultor de los montes de Vélez, en la provincia de Málaga, hay miles de hombres y mujeres que pudieron abrirse camino en la vida gracias a lo que aprendieron en las Escuelas Rurales; escuelas a su vez, que no hubieran sido posibles sin la idea del Cardenal y la colaboración de muchos sacerdotes y seglares malagueños, especialmente de los maestros que pasaron y pasan todavía gran parte de su vida entre las vegas y montes, muy lejos de las comodidades que ofre­cen los núcleos urbanos, pero muy cerca de los aislados cortijos espar­cidos a lo largo y ancho de la provincia.

El cardenal Herrera Oria tuvo una palabra y un gesto. Su palabra quedó plasmada en aquellas maravillosas homilías pronunciadas en la misa de los domingos al mediodía en la Catedral, y escuchada por la multitud que llenaba el primer templo de la diócesis, al mismo tiempo que era seguida en bares, quioscos y casas particulares por miles de mala­gueños que le seguían a través de los aparatos de radio. Su palabra fue evangélica y clara siempre; a veces, duro y contundente. Era la palabra de un pastor valiente.

Pero Mons. Herrera Oria tuvo también un gesto. Fue la consecuen­cia lógica de su palabra. El Cardenal proclamó la fraternidad cristiana social, basada en la justicia. Para ello hizo un gesto concreto con una do­ble vertiente: se preocupó por la cultura, el pan y la catequesis de los marginados; y, al mismo tiempo, con la creación de la Escuela Social qui­so que los más preparados se preocuparan de lo primero.

Pero, quiero añadir otra cosa.

Uno de sus más inmediatos colaboradores en Málaga me recorda­ba el otro día una frase muchas veces repetida por el Cardenal: «los cató­licos españoles acostumbran tener bien formada la conciencia cristiana personal pero muy deformada la conciencia cristiana social». Se refería preferentemente al aspecto socio-económico. Porque se daba y se da to­davía, la paradoja de cristianos que, fieles cumplidores de sus deberes culturales y ético-familiares (?), se olvidan de sus deberes sociales, con­culcando la justicia distribuida, burlando los impuestos, anteponiendo siempre y en todas partes el bien particular al bien común. Todo esto es una tremenda incoherencia que no resiste al más magnánimo examen evangélico. En el libro «Meditación sobre España», donde se recogen va­rios pensamientos del Cardenal con relación a nuestra sociedad, Dn. Ángel nos decía que o se hacía el cambio a partir de los que tenían el poder político, cultural y económico... u otros lo harían por medios impositivos, aunque fuera una imposición legitimada por el sufragio democrático.

Han pasado ya quince años después de la muerte del Cardenal. Y como quienes debían, no quisieron o supieron hacer el cambio... ahora, otros que pueden legítimamente, lo hacen. Y lo hacen unas veces bien y otras mal. Pero lo hacen.

Aunque no tuve la dicha de conocer al cardenal Herrera Oria per­sonalmente, ni siquiera me considero un profundo conocedor de su pensa­miento, (si bien lo leo con frecuencia y admiración), sospecho que Dn.Ángel se alegraría mucho de lo que está haciendo el actual gobierno so­cialista. Se alegraría del empeño que pone en concienciar y exigir la cola­boración de todos los españoles a favor del bien común, a través de los impuestos; se alegraría de que se desenmascare el fraude, tanto si se da en una empresa pública o estatal, como si se da en una particular; se alegraría de un gobierno, que aun en aras de erosionar su propia imagen y exponerse a perder muchos votos en próximas elecciones, está dispuesto a llevar a cabo la necesaria reconversión industrial, si bien otros dicen que se podría hacer de otra manera; se alegraría de que un gobierno so­cialista se esfuerce para que todos los que ocupamos «la piel de toro» de nuestra geografía sepamos compartir responsabilidades y beneficios. El sabría adivinar, en todas esas decisiones, semillas de verdad y de bien que todos debemos cuidar del frío de la indiferencia, de las riadas del terroris­mo y del golpismo y del calor sofocante producido por una sociedad consumista y erótica.

Pero Dn. Ángel, el Cardenal de Málaga, se pondría triste (tan triste hasta llevarle a una segunda muerte) ante los graves problemas del abor­to, de la enseñanza, de los medios de comunicación... y es que nada en este mundo es del todo perfecto. Y a veces, hasta imperfecto.

Málaga, Agosto de 1983. 

Autor: Mons. Ramón Buxarrais