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DIARIO DE UN CONFINAMIENTO. José Carlos Moreno Luque

José Carlos Moreno trabaja en los Servicios Generales del Obispado
Publicado: 03/04/2020: 1317

CRISIS CORONAVIRUS

José Carlos Moreno Luque trabaja en la Oficinas Generales del Obispado de Málaga.

Cuando el 13 de marzo el presidente del Gobierno decretó el Estado de Alarma, me acordé de aquellas prácticas de Derecho Internacional que hacíamos en la facultad, me sonaba a algo ficticio y pensaba que no podía estar sucediendo en realidad.

Pero no era nada ficticio ni un caso práctico, era una situación real en la que se nos condenaba a un arresto domiciliario sin haber cometido ilícito alguno. El mundo de repente había dado un frenazo en seco, nos había pillado a todos desprevenidos. Ahora tocaba cumplir con el deber social y moral de quedarse en casa.

En mi caso no lo estoy llevando nada mal, ya que mi casa es el mejor sitio donde puedo estar, junto a mi familia. Mi casa es mi fortaleza y mi refugio, donde me siento seguro y donde puedo disfrutar de infinidad de cosas de las que antes no podía debido al ritmo tan frenético que llevamos. Mi casa se ha convertido en mi lugar de trabajo, en mi templo, en mi lugar de descanso, en mi cine, en mi biblioteca, en mi restaurante... ¿qué más puedo pedir? Este confinamiento ha venido a recordarme una vez más lo afortunado que soy y lo mucho que tengo que dar gracias al Señor por regalarme tanto. Es un tiempo de oración, reflexión y gratitud.

En mi familia somos cuatro: mi mujer, mis dos hijos y yo. Yo salgo a comprar cuando es necesario, mis hijos no han pisado la calle en todo este tiempo y, pese a su juventud, lo están llevando bastante bien; mi mujer sí tiene que salir a trabajar, ya que es enfermera en el Hospital Materno Infantil de Málaga (profesión tan aplaudida en este tiempo).

Lo que echo mucho, pero mucho, en falta, son mis paseos por las tardes por el paseo marítimo respirando ese olor a mar. Pronto lo podré volver a disfrutar.

EL TRABAJO

El día a día se desarrolla con normalidad, soy muy madrugador, es un hábito que tengo adquirido desde siempre, intentamos en casa llevar un orden en cuanto al trabajo, el estudio, las comidas y las horas de descanso. Cada uno de nosotros nos encargamos de hacer alguna tarea para que, de este modo, sea más llevadero; yo, como soy un amante de la cocina, cada día me esfuerzo por elaborar un plato y sorprender a mi familia, es una manera de regalarles el amor que les tengo.

Con respecto al trabajo, contamos con la ayuda que nos brindan las nuevas tecnologías para que se pueda trabajar desde casa, disponemos de una conexión telemática contando con el mismo escritorio que tengo en el trabajo y las mismas herramientas. En mi caso, el rendimiento no es el mismo, hay muchas cosas que no puedo hacer, echo en falta el contacto y el calor humano. Habitualmente, en mi puesto atiendo a muchas personas y me es muy fácil empatizar con el usuario y saber cuál es su necesidad, intentando resolver el asunto que me plantean lo más pronto y fácil posible, ahora no me es factible.

Echo mucho de menos a mi compañera Reme, que en el último año ha sido para mí un apoyo importantísimo en el ámbito laboral, echo de menos nuestras risas, nuestras conversaciones, confidencias y echo mucho de menos los desayunos con mis compañeros, alrededor de un pitufo de tortilla de espinacas.

VIDA DE FE

Desde el punto de vista de la fe, al coincidir el confinamiento con el tiempo de la Cuaresma, hace que sea muy especial, ya que estar en casa tanto tiempo, te permite reflexionar e interiorizar. Este tiempo lo vivo con esperanza, con confianza en el Señor, que ahora se me está haciendo más presente que nunca y que me conduce a mirar hacia la Cruz como la única salvación de este mundo.

Cada mañana, a las 7.30 horas en punto, D. Rafael Gil, me envía por whatsApp una reflexión sobre el Evangelio del día, y a las 12.00 horas me invita a rezar el Ángelus. Algunas mañanas me he unido a la misa oficiada por medio de Instagram por el Padre Aurelio, quiero agradecerle las veces que ha rezado por mí y por mi familia, poniendo mis intenciones ante el Señor. Agradecimiento también para todos los sacerdotes amigos y la gente que me quiere que me hacen sentir acompañado en este tiempo.

Cada tarde, desde el inicio de este periodo de confinamiento, estoy en comunión espiritual con mi comunidad parroquial (Virgen Milagrosa y San Dámaso Papa), desde donde mi párroco, D. Andrés Merino, vía Facebook, nos retrasmite en directo la Misa de cada día y nos permite estar toda la familia participando de la misma junto al resto de los miembros de mi comunidad parroquial de manera virtual. Las nuevas tecnologías ayudan mucho.

Cada tarde, a las 20.00 horas, es el momento del agradecimiento y el reconocimiento de todos los que están trabajando y luchando contra esta pandemia. Una vez más, mi párroco derrocha su alegría y aprovecha para dar ejemplo de una “Iglesia viva”, poniendo tras los aplausos, algunas canciones animosas desde la azotea de la parroquia.

Es un tiempo de oración, de reflexión, de ponerse en el lugar del necesitado, del que lo está pasando mal en estos momentos, rezar por los sanitarios, por los enfermos, por los ancianos, por los fallecidos por el Covid-19 y sus familiares.

SEMANA SANTA

La Semana Santa, la afronto con serenidad y con esperanza, como no soy nada cofrade para mí no supone un disgusto añadido. Este año la Semana Santa será diferente en cuanto a los oficios religiosos y el triduo Pascual, que lo viviremos “on line”, lo cual la hace más especial si cabe, pero que seguro nos conducirá a la Resurrección y saldremos renovados de todo esto.

Seguro, gracias a la fe, sacaremos algo positivo de este tiempo tan excepcional que nos ha tocado vivir y aprenderemos a valorar lo que realmente importa.

¡Resistiremos!!!

Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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