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Migrantes ante el coronavirus: la medicina del amor

Publicado: 06/04/2020: 1529

Artículo de colaboración de Alberto Ares SJ, Director del Instituto Universitario de Estudio Sobre Migraciones (IUEM) de la Universidad Pontificia Comillas y coordinador adjunto del SJM España.

«Un buen porcentaje de población migrante está sosteniendo el cuidado de la humanidad»

Esta mañana escuchaba a Julia Koehler, una profesora de la universidad de Harvard, que trabaja en el Boston Children’s Hospital, en la sección de enfermedades infecciosas. Estaba dando una charla informativa y contestando las preguntas de la comunidad migrante en el área de Boston. Esta doctora trata a diario a personas enfermas de coronavirus. En la charla dio muchos consejos prácticos, sobre las mascarillas, la higiene, los medicamentos, etc. Sobre todo, mantenerse en casa, a todos los que puedan.

Es verdad, como comentaba, que un buen porcentaje de población migrante trabaja en los hospitales (1 de cada 3), cuida de los mayores, limpia oficinas o establecimientos públicos, atiende o nutre los estantes en los supermercados, circula como transportista portando mercancías, en el mantenimiento de muchos sistemas básicos de infraestructuras,... Muchas de esas personas están sosteniendo el cuidado de la humanidad, algo que parece pasar desapercibido, pero que se hace más patente en estos momentos.

Un buen porcentaje de personas tampoco tiene la oportunidad de cumplir el confinamiento con las suficientes garantías de higiene, pues viven hacinados en pisos minúsculos, a veces con problemas de violencia doméstica, con dificultad de suministro en servicios básicos, pérdida de empleo y de protección, incluso personas que enferman y que no tienen ni lo básico para desplazarse a un hospital o hacer llamadas telefónicas. Por no hablar del drama que viven las personas sin hogar o aquellas que se encuentran en centros de detención o bloqueados en las fronteras o en escalas que nunca pudieron seguir. Escuchar estos días a un compañero indio cómo nos contaba de la realidad en varios rincones de la India me dejaba sobrecogido.

Me gustó escuchar las palabras de la Dr. Julia, y las cuestiones que le planteaban las personas en el debate. Sus palabras como la de tantos amigos y amigas médicas en España, dando consejos e informando de lo duro que está significando para tanta gente, tanto como para ellos mismos. Uno da gracias y se siente orgulloso en España de tener un sistema público de salud que no deja fuera a nadie y de profesionales que comprometen todos los días su vida para salvar la de los demás.

Al final de la charla, le preguntaban a la doctora cuál era el mejor consejo que podía dar para cuidar a una persona con coronavirus. Ella que había propuesto todas las medidas preventivas y médicas, algunas muy técnicas, concluyó con algo que para ella es fundamental. "Mostremos nuestro cariño a las personas que están enfermas. Aunque no estemos cerca físicamente, que sientan que los llevamos en nuestro corazón. Esa es la mejor medicina".

Creo que en estos días esta medicina es buena para cada uno y cada una de nosotros. La medicina del Amor, aquella que sana los corazones rotos, el desánimo, la soledad y tantas otras dolencias, y que nos convierte en personas de esperanza, al servicio de los demás. El mismo amor, que llevó a Jesús a darlo todo por sus amigos y amigas, por la humanidad. Un camino del amor, en su pasión, muerte y resurrección que comenzamos como peregrinos al lado de Jesús en esta Semana Santa.

Diócesis Málaga

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