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Ortiz Palomo: «Le pido a Dios que nos duelan los pobres»

Publicado: 11/09/2020: 1933

Este domingo 13 de septiembre ha tomado posesión de su nueva parroquia en Málaga, San Fernando, en la barriada de El Cónsul.

«Los preferidos de Dios son los pobres, pues también son los preferidos de nuestra Iglesia malagueña»

El antequerano Juan Manuel Ortiz Palomo (1972) es también, desde primeros de agosto, el nuevo vicario episcopal para la Acción Caritativa y Social de la Iglesia. A punto de defender su tesis doctoral, reflexiona para El Espejo de COPE y para DiócesisMálaga sobre la pandemia, la labor de la Iglesia y los "preferidos del Señor".

Escucha aquí parte de la entrevista emitida en El Espejo de COPE Málaga

Vicario para la Acción Caritativa y Social, ¡vaya responsabilidad!

Sí, es una responsabilidad es verdad. Los preferidos de Dios son los pobres, pues también los preferidos de nuestra Iglesia malagueña, son esas personas que viven en ese mundo de las distintas pobrezas.

Muchos desconocen las estructuras diocesanas ¿En qué va consistir su tarea?

Sobre todo en coordinar las distintas delegaciones y realidades que tiene la Iglesia de Málaga en este área. Es verdad que, cuando en la Iglesia pensamos en caridad, la primera gran realidad que nos viene a la mente por cercanía y por presencia en las diferentes parroquias es la de Cáritas. Pero además de Cáritas, hay otra serie de delegaciones otra serie de delegaciones que van desde la Pastoral de la Salud, pasando por Pastoral Penitenciaria, Migraciones o Manos Unidas que es otra de las organizaciones que la Iglesia tiene para trabajar en este mundo, en este caso en el desarrollo del Tercer Mundo. O sea, que es un abanico muy amplio.

Algunos se empeñan en separar la labor de Cáritas y las entidades de ayuda social de la Iglesia, de la institución eclesial, de la jerarquía, como si hubiera una iglesia “buena” y otra “mala”. ¿Qué piensa?

Sí, a veces parece que no queremos hablar bien de la Iglesia, que no queremos reconocer el trabajo que la Iglesia está realizando. La Iglesia es una y lo es en todas sus actividades. Es verdad que, de cara hacia fuera, Cáritas es el rostro amable de la Iglesia; es donde más gente se puede sentir identificada con la actuación de la Iglesia. Pero hay que recordar que, tanto los trabajadores como los voluntarios de Cáritas, a lo que responden con su labor es a realizar su vocación cristiana ahí, en la atención a las personas más pobres.

¿Qué retos plantea el coronavirus a la labor de la Iglesia en este ámbito?
El grave problema es que no son solo los retos que ya nos ha planteado y nos está planteando, si no los que nos puede plantear. Es una realidad que está afectando a la sociedad en todos sus ámbitos y que está sacando a la luz muchas de las pobrezas que tiene nuestra sociedad española. No sabemos exactamente ni la duración ni la gravedad que puede tener, lo que complica mucho el poder hacer una previsión de respuesta de aquí en adelante. Si todos los analistas nos están diciendo que estamos ante la crisis social más grave de las últimas décadas aquí en España, pues eso hace que tengamos mucha más responsabilidad.

¿Qué nos está diciendo el Señor con todo esto?
Nos está llamando a pararnos un poquito y a darle importancia a las cosas que realmente la tienen, porque a veces nos hemos dejado llevar. En la anterior crisis decíamos: “venga, que de aquí vamos a salir mejor”; pero en el momento en que la dinámica económica se puso bien, nos dejamos llevar otra vez. La realidad es que no hemos estamos trabajando por construir una sociedad humana, no nos hemos apoyado en los valores que brotan de la fe. Los cristianos, muchas veces, no hemos sabido o no hemos sido capaces de transmitir los valores del Evangelio que son los que hacen una sociedad humana, esa sociedad a la que Dios nos está llamando. Muchas veces, por vergüenza o porque no está de moda, nos cuesta trabajo presentar la radicalidad del Evangelio, la radicalidad de la buena noticia que es adonde Jesús nos está llamando una y otra vez, a que volvamos nuestro rostro hacia Él.

Uno de los colectivos más afectados por la pandemia es el de las personas mayores, muchos han dejado de venir a nuestras comunidades…
La Iglesia puede hacer mucho con los mayores. Ellos son parte de esa nueva pobreza de la que hablábamos antes. Es verdad que, ante esta situación, se ha limitado mucho la presencia y el acompañamiento de la Pastoral de la Salud, pero no podemos renunciar a estar cercanos a ellos y a seguir haciendo, si no podemos la visita, sí la llamada. Y si no podemos acercarnos a llevarles la comunión, pues estar pendientes de ellos, porque son parte de nuestras comunidades parroquiales. Además, una parte muy importante son gente que durante toda su vida ha vivido su fe y que ahora se ve limitada por la realidad que la pandemia.

Lo han nombrado a usted vicario para la Acción Caritativa y Social y párroco de, entre otros barrios, Los Asperones, donde hasta la ONU nos ha advertido de su extrema pobreza. ¿Casualidad?
Desde que hice los ejercicios ignacianos no creo en las casualidades. San Ignacio dice que no existe la casualidad, que la mano de Dios, la Providencia, está detrás de todas las cosas. A esta parroquia de San Fernando llego ahora junto a Rafael Vázquez y son muchos los retos. Es una zona de expansión de Málaga, una zona joven, una zona en la que hay que trabajar mucho, como nos dicen los compañeros que han venido sirviendo en esta parroquia; pero está también esa parte con esa realidad de pobreza. Hay que seguir trabajando para que esa situación llega a su fin. Mientras tanto, hay que buscar la humanización de la persona que es lo que está tratando de hacer Cáritas en tantos proyectos. Es verdad que, cuando hay hambre, hay que ayudar y hay que atender las necesidades inmediatas, pero luego hay muchas cosas a las que hay que ir respondiendo a medio y a largo plazo.

El confinamiento y la menor concurrencia de fieles a las parroquias hace que tengamos que buscar nuevos modos de practicar la Caridad, al no poder realizar los donativos de forma presencial…
Es uno de los retos que se nos plantean. Normalmente, hemos estado acostumbrados, tanto en las parroquias como en Cáritas, a ayudar a través de la canastilla, cepillos, buzones y demás. Ahora que la pandemia nos ha limitado tanto la movilidad, pues necesitamos inventar nuevas maneras. Si la gente más joven lo paga todo con bizum, pues necesitan también que habilitemos formas para poder colaborar. También es verdad que en todas las parroquias o en la página web, están los números de cuenta de las Caritas parroquiales o de Cáritas Diocesana. Una de las cosas que más me sorprendieron al hablar con las personas que tienen esta tarea fue que, durante la pandemia, entre las cosas que han subido han sido los donativos, porque la gente era consciente de que tenían que ayudar y sabían que a través de Cáritas, se podía ayudar a esas personas que lo estaban pasando bastante mal a causa del confinamiento o de los problemas con los trabajos.

Para terminar, ¿qué le pide usted a Dios en esta nueva misión?

Que de verdad nos duelan los hermanos, que nos duela el sufrimiento de los hermanos, que nos duelan los pobres; porque si ellos son los preferidos de Dios, si en ellos vemos el rostro sufriente de Cristo, no es algo superficial, no es algo que podemos dejar para más tarde. Ellos tienen que ser los preferidos en nuestra iglesia, en nuestra labor. Yo sé que, gracias a Dios y gracias al trabajo de muchas personas, de muchos trabajadores, de muchos voluntarios, la Iglesia de Málaga es así y lleva siendo así mucho tiempo. Uno viene simplemente a sumar su pequeño esfuerzo para que pueda seguir siendo así. Rezo para que el Señor nos ayude a estar presentes en esa realidad de la pobreza.

Antonio Moreno Ruiz

Antonio Moreno Ruiz. Periodista de la diócesis de Málaga

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