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El doble confinamiento de los presos

Detalle de la Memoria 2019 de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española
Publicado: 16/09/2020: 718

Del 17 al 24 de septiembre se celebra la semana de Pastoral Penitenciaria, que este año lleva por lema “En la cárcel, el encuentro” en reconocimiento a los presos que durante la soledad de la pandemia «han comprendido que la fe en Dios y en Cristo es un pilar importante en sus vidas truncadas».

Como explican desde Pastoral Penitenciaria «durante estos largos meses de la pandemia los presos y presas se han encontrado totalmente solos y desasistidos del calor y el cariño de la familia, han sufrido y siguen sufriendo la ausencia de muchas personas, especialmente de la Pastoral Penitenciaria; personas que le han acompañado en el duro caminar de la vida en prisión, y que notan más su ausencia en esta situación de desamparo y desvalimiento a causa del Covid-19. Sin duda alguna que es una dura prueba esta experiencia, que aún, por desgracia, no ha desaparecido del horizonte de nuestras vidas».

A lo largo de estos meses, para proteger a los presos y a todo el personal laboral, se llevó a cabo el cierre hermético de los centros penitenciarios, se extremaron las medidas de seguridad y se cerraron las puertas a todo tipo de colaboración desde el exterior. La Pastoral Penitenciaria «vio anulada su capacidad de intervención. Solo le queda rezar y esperar». Y explican que «el virus invisible podía hacer su aparición en el medio penitenciario. Podía estar en la cárcel, pero no encarcelado. Desgraciadamente goza de una libertad descontrolada jamás deseada por el ser humano».

Todo ello, hizo que se produjera «una ruptura casi total con el exterior. Aunque se habilitaron algunas medidas de comunicación telefónica y por video llamadas con los familiares. Pero no todos los presos tuvieron la posibilidad de poder conectarse con el exterior; los indigentes, los que no tienen familia, los extranjeros. Suponen un colectivo humano de alto riesgo que queda “anulado”, invisible para el resto de la sociedad. Personas en situación de riesgo que no cuentan para el conjunto social. Las prisiones se convierten en una burbuja hermética, invisible» concluyen desde esta pastoral.

En este sentido, añaden ha sido «muy dura la vivencia del doble confinamiento al que han estado sometidos los presos. También para quienes, desde Cristo y movidos por nuestra vocación de entrega al servicio de ellos, nos hemos visto totalmente limitados en nuestro quehacer pastoral. Es extraordinario y gozoso el hecho de que muchos presos, durante este tiempo de la pandemia, no se han quedado con los brazos cruzados a la espera que les solucionaran los problemas».

Para muchos de ellos este tiempo «de vacío les ha servido para reflexionar y ahondar en su vida interior, en las motivaciones profundas de su vida, en las situaciones amargas y dolorosas, en el daños que se han hecho a sí mismo y a los demás; han comprendido que la fe en Dios y en Cristo es un pilar importante en sus vidas truncadas y marcadas por el sufrimiento y la pérdida de tantos valores, las consecuencias tan negativas que le ha acarreado una vida de vacío existencial, de carencias de amor y cariño. Y en este camino hacia el interior de sí mismos, se han encontrado con esa otra persona que es y que la tenía amordazada y esclavizada. Para muchos la lectura asidua de la Palabra de Dios, la oración personal y en grupo con otros compañeros, ha supuesto un maravilloso descubrimiento al comprobar que, aún en medio del infierno que es la cárcel, han experimentado que desde la fuerza de la fe es posible transformarlo en espacio de gloria, de vida, de libertad».

Pastoral Penitenciaria de Málaga atiende en la actualidad, cuatro centros, el de Alhaurín de la Torre, Archidona, Melilla y el CIS en Málaga (Centro de Inserción Social Evaristo Martín Nieto, en Guadalhorce). Para ello cuenta con 4 capellanes, 5 sacerdotes colaboradores y cerca de 60 voluntarios que trabajan y colaboran dentro y fuera de prisión. Su acción se desarrolla especialmente en tres tiempos áreas como son: la prevención y sensibilización; el acompañamiento de personas privadas de libertad y de sus familiares y por último la ayuda a la reinserción».

Beatriz Lafuente

Licenciada en Periodismo e Historia. Casada desde 2011, es madre de un hijo.

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