NoticiaLiturgia

FERMÍN NEGRE. Comentario al Evangelio de hoy, sábado 11 de julio

Publicado: 06/07/2020: 87931

¿Cuántas peleas familiares por herencias? Pobres padres que trabajaron tantísimo para que luego sus hijos entablen guerra civil por la repartición de bienes. Muy triste.

El dinero siempre coquetea con el poder. Henry Kissinger, aquel político tan influyente, decía que «el poder es el último afrodisíaco». Dinero y poder son el nuevo plato de lentejas por el que vender la propia vida.

Dejarlo todo y seguirle. Parece, dicho así, que es una acción puntual que se hace en un momento determinado y vale para siempre. Equivocado. Se trata de un proceso de vaciamiento continuo que dura toda la vida. Todos los días escogemos, todos los días renunciamos. El sí nuestro de cada día.

Guardamos ases bajo la manga y naves que no queremos quemar. Y es que todavía no nos fiamos del todo. Seguridades mezcladas con ciertos miedos a quedarnos en la intemperie. Miedo a la descalcez.

Cien veces más y la vida eterna. Herencia prometida. Lo que nos tocará. Ya vamos saboreando anticipadamente buenas dosis – aunque no tantas como quisiéramos-.

¿Y cuál es la herencia que dejaremos tras nuestros pasos? Ennio Morricone, recientemente fallecido, nos ha dejado inmortales melodías como las de «La Misión». Inolvidable.

Siempre he pensado que cada canción que he escrito es como una ventana por donde se desnuda el alma. Cada nota es una arruga, una cicatriz, una risa. Cada arruga muestra una porción de tu propia historia. Cada cicatriz un poco de tu viaje. Cada risa una porción de tu felicidad. Y detrás de todo, tras las bambalinas de este teatro… siempre Dios.

De los mejores piropos a Ixcís: «Gracias por ser parte de la banda sonora de mi vida». Compartir la historia de otros. Compartir la herencia recibida. ¡Qué hermoso!

Muchos últimos -descartados, maltratados, señalados, ninguneados- serán los primeros en la lista de los herederos. Y ojalá fuéramos los últimos en juzgar, buscar poder, condenar y los primeros «en todo amar y servir».

¡Nos rezamos!

Fermín J. Negre Moreno

Sacerdote