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El Concilio de Constanza, el comienzo del cisma occidental (I)

Publicado: 18/09/2013: 2912

En la ciudad imperial de Constanza, junto al lago que lleva su nombre, se celebró el más original de todos los concilios acontecidos anteriormente. Un concilio acéfalo durante tres años hasta la elección de un papa legítimo, Martín V.

Para entender esta situación, conviene examinar un hecho histórico sin precedentes en la historia de la Iglesia: el llamado Cisma de Occidente. En realidad no fue un verdadero cisma, pues no hubo herejías, ni errores teológicos, ni siquiera mala voluntad. Sencillamente, se ignoraba quién era el verdadero y legítimo Papa. Pero fue la realidad de este cisma, el motivo de la convocatoria de un concilio universal. 

Concluido el "Destierro de Aviñón", y fijada ya la residencia del Papa en Roma, muerto el papa Gregorio XI, los 16 cardenales presentes en Roma se reunieron en cónclave, sin aguardar la llegada desde Aviñón de los otros seis cardenales, secundando los deseos del difunto Pontífice. El pueblo de Roma deseaba un papa romano o al menos italiano y no francés, por temor a que de nuevo, caso de ser francés, marchara el pontífice electo a Aviñón. Iniciado el cónclave, desde el exterior los romanos y con cierta violencia y amenazas presionaron a los cardenales exigiendo la elección de un Papa romano. Los cardenales apresuradamente eligieron al arzobispo de Bari, italiano y no cardenal: Urbano VI. Se ha discutido mucho sobre si la elección fue válida. Hoy está claro que los tumultos populares precipitaron la elección, pero no la decidieron. La elección fue por tanto libre y válida. 

La actitud del nuevo Papa dejó mucho que desear; su inestabilidad patológica le llevó a insultar a los mismos cardenales.

El resultado fue que un grupo de cardenales, sobre todo franceses, rompen con Urbano VI. Marchan a Fondi (reino de Nápoles) y allí se reúnen en cónclave eligiendo un nuevo Papa, Ricardo de Ginebra, que se llamó Clemente VII. Éste puso su residencia en Aviñón. Y así comenzó aquel cisma o división en la Iglesia occidental, que duró 39 años. La Cristiandad se dividió en dos obediencias. La situación era muy confusa. Nadie sabía quién era el verdadero Papa. Urbano VI murió en Roma, aborrecido por su crueldad e imprudencia. Sus sucesores fueron incapaces de resolver el conflicto. Lo mismo ocurrió con la muerte del papa aviñonés Clemente VII; le sucedió el célebre aragonés Pedro de Luna, quien tomó el nombre de Benedicto XIII. 

Para solucionar el grave problema eclesial, la Universidad de París en 1394 propuso tres caminos: la "via cessionis, ambos papas debían renunciar; la "via compromissi", un árbitro imparcial decidiría quién era el verdadero papa; la "via concilii", un concilio universal debía deponer a ambos papas y elegir uno nuevo. Las dos primeras vías no dieron resultado. Se intentó probar la "via concilii" y con este fin se convocó el Concilio de Pisa (1409). 

En Pisa se reunieron 34 cardenales y con toda la buena fe del mundo depusieron al papa romano y al aviñonés y eligieron un nuevo papa: Alejandro V. Ni que decir tiene que la confusión fue aún mayor, pues en vez de dos, hubo tres papas (Iglesia tricéfala). A Alejandro V le sucedió Juan XXIII. 

Ante tal situación, el emperador alemán Segismundo, invitó a Juan XXIII a convocar un concilio en Constanza (1414). La participación fue muy numerosa: unos 300 obispos y abades, más de 300 doctores en Teología y Derecho, el propio emperador y numerosos representantes de las naciones europeas. El papa romano Gregorio XII renunció al pontificado (1415). El papa pisano Juan XXIII terminó abdicando casi a la fuerza. El papa aviñonés Benedicto XIII fue depuesto. Eliminados los tres pontífices, quedó libre el camino para la elección de uno nuevo. Fue elegido el cardenal Colonna, con el nombre de Martín V (1417). 

Con esta elección quedó resuelto un cisma, que al decaer la Edad Media, causó una grave crisis que afectó a toda la Cristiandad Occidental.

Autor: Santiago Correa, sacerdote