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El nacionalismo. El totalitarismo (I)

Publicado: 09/01/2019: 1663

El sacerdote Santiago Correa, profesor de Historia de la Iglesia, repasa los grandes hitos de la Historia de la cristiandad.

Ambas teorías políticas, perfectamente interrelacionadas, tienen sus origen en el último tercio del s. XIX, pero es en el período llamado “entre guerras” cuando adquieren mayor virulencia. Dos papas: Pío XI y Pío XII, se enfrentaron a esta situación, y se vieron obligados a intervenir. Analizamos a continuación la primera de estas tendencias.

El Nacionalismo tiene su origen en el “ideal nacional” que sirvió de base para que algunas naciones europeas, en el XIX, consiguieran su unidad política; entre ellas Italia y Alemania. En todos los pueblos europeos y especialmente en los oprimidos, surge la conciencia de pertenecer a una determinada comunidad, vinculada por una misma lengua, territorio, raza, religión y cultura.

El Nacionalismo, más que una teoría elaborada es, en sus orígenes, un sentimiento nacido al calor del Romanticismo.

Con el paso del tiempo, este “ideal nacional” degeneró en un verdadero culto al Estado. El Nacionalismo es, en parte, una consecuencia de la concepción hegeliana del Estado, al que considera como una síntesis superadora de todos los conflictos. Para Hegel, el Estado es la más perfecta realización de la vida humana y es tan real como puede serlo una persona física. El estado es un ente superior que integra personas y familias. En definitiva, es el Estado la encarnación del Espíritu Absoluto, fuente de todo derecho y superior a la persona. El Estado lo es todo.

Las consecuencias han sido graves: el inicial amor a la patria se convierte en culto a la patria; se rechaza toda otra forma trascendente; a veces se fomenta el odio a otros pueblos. Con el tiempo, el Nacionalismo degeneró en el Totalitarismo. La Iglesia tuvo que intervenir

Santiago Correa

Sacerdote Diocesano