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Santa Argentea y Bobastro. Una leyenda muy difundida

Publicado: 06/09/2011: 5953

Bobastro está nimbado por el halo de una tradición relativa a Santa Argentea. Se cuenta que, desde muy niña, la hija de Samuel, nombre de Omar después de su bautismo, fue instruida por su madre la virtuosa Columba en los principios del cristianismo. Desde sus más tiernos años aspiró la inocente muchacha a la perfección y santidad evangélicas. No contaba cinco de edad, cuando, atraída por la fama de los milagros que obraba la Virgen de Villaverde por su mediación de su hijo Jesús, burlando la vigilancia de los servidores, marchó de su casa, y cruzando las ásperas laderas y las breñas donde el paso se hace casi imposible y peligroso, corrió al azar salvando precipicios de espanto y simas insondables.

Sus familiares, después de angustiosa búsqueda la encontraron arrodillada a los pies de la imagen, su salvadora, en el recinto solitario y calmo de la ermita.  Más tarde, mostró deseo de recluirse en una celda, a cuya santa ambición no se opuso su padre. Uniéronse a ella otras doncellas cristianas de Bobastro y juntas vivieron varios años en una especie de clausura monacal, en caserío que existió junto a la ermita, junto al arroyo, al pie de la Las Mesas, donde todavía la Madre de Dios continúa recibiendo culto bajo la advocación de Nuestra Señora de Villaverde, patrona de Ardales y titular de su parroquia, a quien Argentea no dejó de visitar un sólo día.

Cuando Bobastro después del desastre de Poley cayó en poder de Abderramán, los fanáticos árabes llevaron a la doncella a Córdoba, donde fue encarcelada. Allí supo que sus hermanos Chafar y Soleimán habían sido asesinados y sus cadáveres ultrajados y expuestos a las iras de la soldadesca sobre la puerta "Babassuda", principal del alcázar. A los trece años de estos sucesos, Argentea fue martirizada en aquella ciudad, el 13 de Mayo del año 931, subiendo al cielo con la doble palma de la virginidad y el martirio. Es grandioso el marco en que se movieron estas figuras.

 

Diego Vázquez de Otero

Autor: diocesismalaga.es