DiócesisHomilías Mons. Buxarrais

«Respeto y comprensión para con el Islam»

Publicado: 08/09/1979: 681

Homilía en el Pontifical de la Patrona (1979)

Hoy, día 8 de Septiembre, los católicos malagueños unimos a la celebración del nacimiento de la Virgen nuestra fiesta patronal, centrán­dola en la veneración de esta imagen de Santa María de la Victoria, vin­culada a un hecho de gran importancia histórica para nosotros, como es la reconquista de Málaga.

Parece ser que fue esta misma imagen, donada por el emperador Maximiliano a los Reyes Católicos, que el día 19 de Agosto de 1487 (hace 492 años), presidía la procesión con la que los monarcas quisieron entrar en la Ciudad, después de su rendición.

Así, la fe cristiana obtenía de nuevo la legitimidad en este suelo, en el que siglos antes había echado ya sus raíces.

Victoria ¿sobre qué?

El título de «la Victoria» que damos a nuestra Patrona, se compren­de mejor desde la perspectiva de la fe en Cristo, triunfador del pecado y de la muerte, que desde un simple hecho histórico. Porque la victoria sobre un pueblo y su sistema político, religioso y cultural, siempre será relativo y aun parcial. En cambio el triunfo que Cristo nos obtuvo con su muerte y resurrección es definitivo y con proyección total (Col. 1,13-20). María, la Madre de Jesús, nuestra madre, a la que veneramos en esta imagen, está misteriosa pero profundamente vinculada al triunfo de Cris­to, del que anticipadamente ya participa por su Asunción.

De ahí que, para nosotros, celebrar a Santa María de la Victoria tiene más referencia al triunfo progresivo sobre el pecado y la muerte, que sobre el pueblo musulmán.

¿Vencedores o acreedores del Islam?

La victoria sobre el pecado y la muerte se han dado ya en Cristo y en María. En nosotros, los que nos movemos en el marco histórico, el triunfo se nos ha prometido como un don y se nos ha impuesto como una tarea.

Un día el don será definitivo y total. La tarea es de ahora y siempre; de aquí y de todas partes, hasta que el Señor «vuelva».

El quehacer encomendado es amplio y polifacético. A cada perso­na, a cada pueblo, a cada época le corresponde el suyo propio. Es lo que podríamos llamar la intransferible responsabilidad histórica que cada ge­neración tiene en la construcción del Reino de Dios.

Pues bien, a mi manera de ver, a nosotros por historia, idiosincracia y cercanía geográfica nos corresponde dar un paso más en el camino de la victoria que celebramos. Se trata de un triunfo del respeto sobre la agresividad; de la comprensión sobre el rechazo ciego y visceral del isla­mismo.

Por eso pienso que, además de vencedores somos también acree­dores del Islam.

Sus grandes valores espirituales

Esta última afirmación, si es mal entendida, puede sonar a blasfe­mia; y si es mal comprendida, parecerá inoportuna o desatinada.

¿Qué respeto y comprensión se nos pide hacia el islamismo, se dirá más de uno, cuando siempre se nos ha presentado como el gran error? ¿O qué pueden enseñar a la civilización europea esos pueblos hoy en­frentados, divididos y con problemas sociales y culturales muy superio­res a los nuestros?

Cuando hablo de respeto y comprensión para con el islamismo no apruebo ni su contenido religioso total, ni sus sistemas políticos actuales. Sólo pido que, a través del estudio y del diálogo, lleguemos a tener en cuenta los grandes valores espirituales y morales que esos pueblos, sobre todo los llamados del Maghreb, tienen. A mi manera de ver, es exigencia nacida de nuestra fe cristiana.

La palabra de Dios nos estimula

Y, si no, recurramos a las fuentes de nuestra fe.

Recordad la actitud de Yahvé para con los ninivitas. La reacción de Cristo frente a la mujer cananea y el centurión romano.

Ved como en María el respeto y la comprensión toma relieve de mujer-madre en su visita a Santa Isabel, en el misterio del Niño perdido y hallado en el templo, en las bodas de Caná, en la discreta y esporádica presencia en la vida pública de Jesús, en su estar fiel y calladamente al pie de la cruz y, finalmente, en su presencia orante en medio de la Iglesia naciente.

Los cristianos en el mundo islámico

Pienso que la «presencia silenciosa» de María a lo largo de la vida de Jesús es como el camino trazado para los cristianos que, por múltiples razones, viven entre los hermanos musulmanes. A ellos no les es posible «evangelizar» a los creyentes islámicos. Sólo se les permite la presencia silenciosa y servicial, compartiendo con los musulmanes su trabajo por un mundo mejor. Alguien recogerá lo sembrado.

La historia de la Iglesia nos alecciona

Recordemos también la casi insuperable figura histórica de San Fran­cisco de Asís, en el siglo XII, avanzando, solo, en nombre de Jesucristo, hacia sus hermanos del Islam. Y antes, en el siglo XI, San Gregorio VII dando atinadas orientaciones sobre la relación que debía haber entre cre­yentes cristianos y musulmanes.

Y últimamente, en nuestro siglo, desde el Cardenal Levigerie, pa­sando por el Hermano Carlos de Foucauld, hasta el Concilio Vaticano II en uno de sus documentos más originales como es el Decreto “Ad Gen­tes”, y terminando en la encíclica del actual Papa “Redemptor Hominis”,... vemos como la Iglesia, bajo la inspiración del Espíritu Santo, pide que sus cristianos sean respetuosos y comprensivos para con todo hombre, todo pueblo, aunque no sea cristiano.

Razón de la homilía

Quizás puede parecer, como ya he dicho antes, que el tema de la homilía del día de la Patrona no debía ser el que he escogido. ¡Hay tantos otros más urgentes y necesitados de iluminación cristiana! Puede que haya razón.

Sin embargo, hay hechos entre nosotros que detectan actitudes enraizadas, quizás atávicas, evidentemente anticristianas y que, como ta­les, debemos extirpar cuanto antes.

Porque a mí, como cristiano y como pastor vuestro, me duelen palabras, silencios, comentarios, miradas y aun gestos de rechazo y des­precio contra musulmanes que cruzan nuestra Provincia, yendo o vi­niendo de otras naciones a la suya. Me pesa que la Diócesis todavía no tenga un lugar de acogida para orientar e informar a nuestros hermanos del Islam que preguntan y buscan por nuestras calles y plazas. Me saben mal tantas expresiones y tradiciones populares que pueden herir la sensi­bilidad de los habitantes del Maghreb. Siento que la inmensa mayoría desconozcamos su historia, costumbres y religión. Os aseguro que en muchos casos el Islam resulta un reto a la diluida fe cristiana de algunos de nosotros y, a su vez, un estímulo para ser más fieles a Jesucristo y su Iglesia.

Horizontes de esperanza

A pesar de todo, no debo ocultaros el gozo de constatar como, por ejemplo en Melilla, nuestros sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares crecen día a día en un gran respeto y comprensión no sólo para con los musulmanes, sino también para con las comunidades judías e hindúes, tal como escribía hace unos meses uno de nuestros párrocos.

Como tampoco puedo ocultaros la alegría con que he recibido en Málaga la fundación, hace escasamente un año, de una comunidad de Hermanas Blancas, cuyo quehacer pastoral entre nosotros es ayudarnos a crecer en la dimensión misionera, especialmente crecer en el respeto, com­prensión y aprecio para con los creyentes islámicos.

Construyendo el Reino de Dios

La festividad de Santa María de la Victoria nos recuerda, a la vez, que fuimos históricamente vencedores, pero que ahora somos también acreedores para con unos pueblos a quienes debemos más respeto y com­prensión. Os aseguro que en la medida que todos aprendamos a ser más respetuosos y comprensivos, en esta misma medida se irá construyendo el Reino de Dios.

Málaga, 8 de Septiembre de 1979. 

Autor: Mons. Ramón Buxarrais