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FERMÍN NEGRE. Comentario al Evangelio de hoy, martes 7 de julio

Publicado: 06/07/2020: 83644

A un mudo le devuelve el habla. Devolver la palabra a quien se le niega la voz.

Y ser valientes con nuestras palabras y silencios para que nadie amordace nuestra libertad. Aunque a veces la peor censura es la que uno mismo se autoimpone. Por no incomodar. Por ser políticamente correcto. Por decir lo que los demás quieren oír.

Como dice Pérez Reverte, “Lo primero que desactiva a un buen periodista, a un buen novelista, a cualquiera, es vivir con miedo de sus propias palabras”. La autocensura termina abriendo úlceras de estómago.

Jesús va por ciudades y aldeas con una palabra cosida a su piel: misericordia. Se compadece. Le duele la gente. No pasa de largo. Como ovejas extenuadas y abandonadas. Sin pastor.

¿Quién lleva la pastoral? ¿Quiénes son los pastores? ¿Lo de buen pastor es solo para curas y obispos? ¿O todo el pueblo de Dios en comunión es responsable de la pastoral? Todos juntos reflejamos más perfectamente el rostro del Pastor Bone. Solo Dios es el dueño de la mies; nosotros solo administradores. No nos adueñemos de lo que no es nuestro.

¿Por qué nos hacemos inmunes al Evangelio? ¿Por qué no traspasa nuestras comisuras y nos arde por dentro?¿Acaso tenemos inmunidad de rebaño? Ojalá funcionáramos como un cardumen. Movimiento en perfecta sintonía para cuidarnos mutuamente y navegar como un solo cuerpo.

La mies es abundante. Y cada uno debe preguntarse honestamente cómo, dónde y a quiénes servir. Hay tarea y lugar para todos, pero no todos el mismo trabajo y el mismo sitio. A veces nos empeñamos en controlar y dirigir la vida de los otros cuando ni siquiera somos capaces de conducir la nuestra.

“Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él, y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él” (GE 11).

Hacen falta hombres y mujeres que, enamorados del Evangelio, quieran llenar los campos de semillas nuevas.Y orar cada día para que la misión siga apasionando a muchos más obreros.

¡Nos rezamos!

 

Fermín J. Negre Moreno

Sacerdote