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MI CURA, por Ana María Aldea

Publicado: 07/07/2020: 1910

mi cura

En la palabra justa dicha en cada momento, así como en el silencio, cuando es necesario, reside su gran capacidad pastoral y evangelizadora. Es un gran apóstol, tanto por sus palabras como por sus obras.

Recuerdo perfectamente aquel domingo, hace ya muchos años, en el que me encontraba muy angustiada y dolida y, providencialmente se encontraba en el confesonario. Me acerqué a él y me confesé. La brevedad y concisión en sus consejos llenos de comprensión, así como de contundencia, me ayudaron a descubrir que la Misericordia del Señor es infinita y que no hay nada que Él no pueda perdonar si nosotros estamos verdaderamente arrepentidos. A partir de aquel momento, mi relación con el sacramento de la penitencia cambió para bien, convirtiéndose en un momento de profunda y serena alegría. Eso se lo debo a él.

Posee una capacidad de trabajo y un sentido común admirables, siempre mantiene la calma, muy propia de los que saben que los proyectos y las tareas de las que se encarna no son suyas sino de Dios, por ello pone un gran esmero en todo aquello que hace.

Su enorme sentido común no es nada común, y en él se basa para darme una respuesta cuando le pido un consejo o le cuento algo que me inquieta. Por ello también diría que es una persona muy valiente, porque se implica de forma clara y directa y siempre te ayuda a vez la luz. Eso me hace sentirme segura y confiada.

Lo veo pendiente de los más débiles, de los que nadie se acuerda, de los que más sufren, de los que no tienen voz, y también de los pecadores, para quienes siempre tiene preparada “una manta” por si sienten frío al descubrir su alma y de los que dice: “siempre hay que apoyarlos en su lucha contra el pecado, pero acompañando al pecador”, para que éste no se sienta solo, abandonado o marginado. La caridad es un eje principal de su sacerdocio.

Su ministerio sacerdotal está transido por la discreción y el “no hacer ruido”, de forma muy silenciosa pero muy eficaz, convirtiendo al silencio en un potente elemento evangelizador.

Le doy gracias a Dios por su ministerio y por haberlo puesto en mi camino para ayudarme a llegar a contemplar su Gloria.

 

Diócesis Málaga

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