DiócesisHomilías Mons. Dorado

Navidad 1993: Dios con nosotros

Publicado: 24/12/1993: 544

Vamos a celebrar un año más la fiesta de Navidad. Para nosotros, los cristianos, es mucho más que un recuerdo: es volver a hacer presente y actualizar el misterio del Nacimiento del Hijo de Dios de las entrañas purísimas de la Virgen María.

En el Niño de Belén descubrimos por la fe la presencia de Dios entre nosotros. Dios
ama tanto a los hombres que ha querido hacerse hombre para hacernos a todos hijos
de Dios. Y resulta sobrecogedor ver a Dios tendiendo la mano al hombre desde la
humildad desvalida de un niño pobre.

Él ha venido a ‟anunciar a los pobres la Buena Noticia, a proclamar la liberación
a los cautivos, la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un
año de gracia del Señor‶. Él, que no juzga por apariencias ni sentencia de oídas, nos
invita a todos a ir al encuentro de Dios y del hombre. Navidad es fiesta de encuentro;
es una fiesta para salir al encuentro. Es preciso que todos salgamos de nosotros
mismos, de nuestro estrecho horizonte egoísta o partidista, al encuentro de Dios y de
las personas. Navidad es eso: Dios que viene a nuestro encuentro, al encuentro de
cada persona. No hay Navidad sin encuentro personal con Dios. No hay Navidad sin
encuentro afectivo con las personas, sobre todo con las más solas, las más débiles,
marginadas y pobres. Navidad es fiesta de fe y de amor, fiesta de encuentros.

Para muchos cristianos de siempre, Dios es tan solo un juguete roto, relegado
al desván donde se almacena todo lo que no es necesario cada día. Y lo tienen allí sólo
para momentos especiales. En realidad no han conocido el amor de Dios; no saben
que Dios es un Padre y un amigo con quien el creyente dialoga y convive cada día,
para vivir bajo la mirada de Dios y en su presencia.

Desde el misterio de Belén, Dios nos está buscando a sus hijos para llenar
nuestro corazón de vida y nuestra vida de esperanza. Y hay muchos caminos para
acercarse a Belén. Cada uno tiene que encontrar el suyo.

Para algunos, el camino del compartir: acercarse al otro desde la fraternidad y
compartir con él cuanto el otro necesite. Quizá un poco de ternura, o la amistad que
tanto plenifica, o parte de nuestros bienes, o una sencilla palabra de cercanía y de
aliento.

Para otros es el camino de la plegaria. Acercarse al Sacramento del perdón y
vivir una experiencia gozosa de saberse amado y acogido por Dios. En el silencio del
corazón y en la fraternidad de la comunidad cristiana. ¡Nunca es más humano el
hombre que cuando se dirige a Dios en la oración y cuando le escucha en el silencio!

Para todos la escucha atenta del Evangelio que nos proclama la Iglesia en este
tiempo. En él nos anuncia que el Reino está cerca, al alcance de la mano. Y que todo
gesto de amor al hombre es un paso que nos conduce hacia Belén: donde Dios y el
hombre se encuentran en la adoración, en la alegría y en la paz. Porque Dios ha
entrado para siempre en nuestra historia y se ha quedado presente entre los hombres,
en cada hombre.

La Navidad cristiana es celebración y es anuncio de la cercanía entrañable de  Dios
que llega al corazón de cada uno. María, la Madre que ‟estaba en pasmo‶–como dice
San Juan de la Cruz– nos está llamando desde el portal. Ella, que es la puerta del
Cielo, puede introducirnos hasta el misterio hondo de Dios. Para todos la Navidad es
una nueva posibilidad de encontrarnos al Niño con la Madre, como los pastores y como
los Magos, y poder contar luego con entusiasmo las maravillas de lo que hemos visto
y oiído.

+Antonio Dorado

Obispo de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto