DiócesisHomilías Mons. Dorado

Vigilia de oración (Nochevieja)

Publicado: 31/12/2000: 764

Vigilia de oración

31 de diciembre de 2000

1.- “Gloria y alabanza a Ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios. Te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te damos gracias”.

            Con esta oración de alabanza y de acción de gracias, que hemos rezado muchas veces, queremos despedir, en esta Iglesia Catedral, el año 2000. Porque en este Año Jubilar “Dios ha bendecido a nuestra Iglesia de Málaga con toda clase de bienes espirituales y celestiales”.

            Este mismo Templo Catedral ha acogido las peregrinaciones multitudinarias de los arciprestazgos, comunidades diversas, asociaciones y grupos cristianos. Todos, presididos por la Palabra de Dios, hemos celebrado el Jubileo con motivo de los 2000 años de la Encarnación de Jesucristo.

            Hemos profesado nuestra fe en Él y hemos acogido la gracia de su misericordia y su perdón.

            Lo que hemos vivido durante el año, como Iglesia del Señor, constituye un profundo motivo de gozo y de acción de gracias.

            En este Año Jubilar hemos experimentado la alegría de la salvación de Jesucristo. Con sus palabras y obras, especialmente con su muerte y Resurrección, y con el don del Espíritu Santo, ha llevado a plenitud la revelación y la salvación de Dios.

            En este año 2000 se ha reafirmado y renovado nuestra identidad eclesial. Creemos que la Iglesia es el Sacramento de Cristo, el Cuerpo del Señor, el Templo del Espíritu Santo.

            Nuestra Iglesia, a ejemplo de María, ha acogido la palabra de Dios y quiere proclamar el Evangelio con nuevo ardor.

            Este año ha sido una ocasión excepcional para reconocer nuestros pecados personales y comunitarios y pedir perdón a Dios y a los hermanos.

            Desde los pueblos más pequeños a las parroquias de la Costa y de la Capital, hemos vivido el renovado esfuerzo de ser fieles a los tres objetivos pastorales prioritarios que decidimos en el año 1996, y que han sido el camino de nuestra Iglesia de Málaga

            2.- “Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas” (Lc 12).

            La oración de esta noche nos abre el comienzo de un nuevo siglo, de un nuevo milenio y de un nuevo año. En este momento, que señala fuertemente nuestra historia, queremos acoger la invitación del Papa:

“Que la mirada esté puesta en el futuro, que se fortalezca la fe, se acreciente la esperanza y se haga cada vez más activa la caridad, para un renovado compromiso cristiano en el mundo del próximo milenio” (IM).

            ¿Cómo saber situarnos ante el futuro, como nos pide el Papa?

            En primer lugar con la oración que, en estos momentos, es de petición a Dios nuestro Padre.

            De la gratitud a la petición. Hemos recibido muchas peticiones en este Año Jubilar, pero seguimos necesitados de la fuerza del Espíritu. Por eso pedimos en esta Vigilia que nuestra comunidad eclesial “se fortalezca en la fe, crezca en la esperanza y viva más activamente la caridad. Y que el Señor nos conceda el don especial de la Paz, para que `las relaciones entre los hombres se inspiren cada vez más en el ideal de una fraternidad verdaderamente universal´”. (Mensaje de la Paz).

            Son dones de Dios que debemos acoger, interiorizar y desarrollar a través de nuestra vida personal, familiar, social y eclesial.

            Y en segundo lugar, tal como nos enseña el Evangelio, viviendo “como quienes esperan a que su Señor vuelva” y nos traiga “una tierra nueva y unos cielos nuevos”. Os invito, queridos diocesanos, a entrar en el nuevo siglo con mucha esperanza y renovada ilusión. Os invito a vivir “preparados”, “vigilantes”, “despiertos”, en sana tensión hacia el futuro. Para que no nos dominen los miedos ni las idolatrías del mundo que nos hacen perder o disminuir los valores evangélicos, la audacia evangelizadora y el sentido de Iglesia.

            Acción de gracias y oración de súplica en estas últimas horas del año 2000, que ponemos en las manos de Santa María, Madre de Dios. Comenzamos el nuevo año precisamente con la celebración de Santa maría, Madre de Dios. A ella confiamos la fidelidad al Evangelio de nuestra Iglesia de Málaga, que se honra en proclamarla Virgen de la Victoria, la de Jesucristo, a quien todos reconocemos como nuestro Señor y Salvador. A ÉL LA GLORIA POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.

+ Antonio Dorado Soto,

Obispo de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto