DiócesisHomilías Mons. Dorado

El misterio de la Encarnación (Ronda)

Publicado: 06/12/2003: 741

 EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN

Ronda, 6 de diciembre de 2003

            El punto central de nuestra fe cristiana es la encarnación del Hijo de Dios en el seno virginal de María Santísima.

            Antes que nada la existencia de la Virgen María y de su misteriosa maternidad es la garantía del realismo histórico de nuestra salvación. San Pablo, cuando quiere recalcar la veracidad histórica de Cristo, lo atestigua diciendo: “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer” (Gál 4, 4).

            Decir que María es la Madre de Jesús quiere decir que el Hijo eterno de Dios se hizo  tan de carne y hueso como nosotros, tan grande y tan frágil como cualquiera de nosotros, miembro de un pueblo, testigo de Dios y autor de la salvación al precio de su propia sangre.

            Y porque fue la Madre de Jesús, María fue también la primera oyente de su Palabra, la mayor admiradora de sus milagros, la discípula más atenta y más fiel que Jesús pudo encontrar en el mundo.

            La vida de Jesús fue marcando las etapas en la peregrinación espiritual de la Virgen María. Primero fue la aceptación humilde y confiada de su misteriosa maternidad, luego las sorpresas de los primeros años, la admirada veneración de la vida pública de Jesús, las angustias de la persecución, los dolores de la pasión, el sacrificio inmenso de la muerte.

            Con la muerte y la resurrección de Jesús, el corazón maternal de María se abrió a la inmensidad de la redención de Jesús: todos los hermanos que Jesús adquirió desde la Cruz, son desde entonces, somos, hijos de María. Ella nos ama como hijos porque nos ve queridos por Jesús, sostenidos por Él y redimidos con su sangre.

            Ésta es, en pocas palabras, la gran vocación de esta sencilla mujer de Nazaret, elegida por Dios, santificada por el Espíritu Santo, glorificada por encima de todas las criaturas, presentada por Dios ante el mundo como imagen, modelo, anticipo de la nueva humanidad, creada a su imagen y semejanza.

            La Virgen María es lo más puro y más humano que ha crecido sobre la tierra; lo más bello, lo más sano, amable y misericordioso que hay en la Iglesia de Dios.

            En este tiempo de Adviento y Navidad hemos de pedirle a la Virgen María que nos enseñe a conocer a Jesucristo, a quererle como le quiso Ella, a cumplir y vivir su Evangelio tan de verdad y tan sinceramente como Ella lo vivió al ritmo diario de los pequeños y grandes acontecimientos de su vida.

            Podemos hacerlo de muchas maneras: hagamos cada día una pequeña oración a la Virgen María, intentemos vivir en comunión espiritual con Ella los actos importantes de nuestra vida y los momentos más intensos de nuestra piedad cristiana, recemos en casa el Rosario.

            Que sea Ella nuestro modelo, maestra y guía de nuestra relación con Cristo y nuestra obediencia amorosa a la voluntad de Dios.

+ Antonio Dorado Soto,

Obispado de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto