DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo V de Cuaresma

Publicado: 06/04/2003: 715

5º Domingo de Cuaresma

Ciclo B. Año 2003

“Queremos ver a Jesús”

            1.- Las conmovedoras palabras que escuchamos hoy en el Evangelio sirven de preludio a la Pasión. Están ambientadas en el Templo de Jerusalén, a continuación de la solemne entrada de Jesús como Rey de Paz.

            Comienza el Evangelio con la curiosidad de unos ciudadanos griegos llegados a Jerusalén para asistir a la fiesta de la Pascua. Ante lo que se contaba de Jesús de Nazaret, de sus milagros, de su amor a los marginados y de su libertad frente a los poderosos, trataron de tener una entrevista para conocerlo de cerca. “Queremos ver a Jesús” es su deseo y su petición a los discípulos de Jesús.

            La expresión “ver” no se limita a los ojos del rostro. Se refiere ante todo a la mirada del espíritu; contemplar la realidad profunda de Cristo con inteligencia limpia. Es como dice el Papa, lo que “los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los cristianos de hoy: no sólo `hablar” de Cristo, sino `hacérselo ver´”.

            2.- Jesús los acoge, pero les advierte enseguida que el misterio más desconcertante de su vida está todavía por venir. Con lenguaje simbólico les advierte que su muerte en la Cruz está próxima, les habla de sus miedos y de la necesidad de que todos los que crean en Él sigan sus huellas. Pero insinúa al mismo tiempo que esa muerte humillante, lejos de ser el final, será su timbre de gloria, la glorificación del Hijo del hombre. Y da a entender que cargar con la Cruz es la condición de todos los que le sigan

            3.- El hecho de creer en el Dios Crucificado no nos ofrece privilegios a los seguidores de Jesucristo. La fe nos hace hijos de Dios y partícipes de su vida divina, pero no es un seguro frente a las dificultades, ni nos promete una existencia placentera. Más bien, la fe en el Evangelio nos trae dificultades. Porque no es fácil ponerse de parte del perdedor y defender a los pisoteados. Tampoco es fácil amar a quien te calumnia y te hace daño, ni perdonar a quien te ofende. Sin embargo, sabemos que es la condición de los seguidores de Jesús: morir a sí mismo para resucitar en Dios, amar hasta dar la vida si es preciso. Porque la vida es fruto del amor y brota en la medida en que sabemos entregarnos.

            4.- Ésta es la Nueva Alianza de la que nos habla el profeta Jeremías en la Primera Lectura. Consiste en vivir una relación con Dios Padre que nada tiene que ver con el egoísmo y el cálculo. En la persona de Jesucristo Dios nos ofrece su amor y su perdón a manos llenas; y nos justifica de manera gratuita.

            Al mismo tiempo, con la fuerza y la presencia del Espíritu Santo, nos da su paz y su luz para que amemos con los sentimientos de Jesús de Nazaret y apostemos por el pobre y sigamos la senda de las Bienaventuranzas. Porque el que es capaz de dar su vida por el otro, el que se decide a morir, como el grano de trigo, el que renuncia al egoísmo, a la avaricia, al orgullo y al poder, encuentra una existencia humana que vale la pena y es garantía de vida eterna. Con palabras de Jesús: “el que quiera servirme, que me siga; y donde esté yo, allí también estará mi servidor”. Porque sólo quien es capaz de morir como el grano de trigo bajo la tierra, fructifica de verdad.

+ Antonio Dorado Soto,

Obispo de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto