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Ejercicios de los sacerdotes

Publicado: 15/09/2005: 562

Fiesta de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores (2005)

 Ejercicios de los sacerdotes

Málaga, 15 de septiembre de 2005

Fiesta de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores

            1.- Hoy es un día especialmente consagrado a la Santísima Virgen en la Liturgia de la Iglesia. Es la Fiesta de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores.

            En esta homilía os invito a fijar vuestros ojos en el Misterio de María y a revisar en qué medida la presencia de la Virgen en la vida determina nuestra vivencia espiritual y afectiva y cómo estamos siendo educadores marianos de nuestro pueblo.

            2.- La madre Teresa de Calcuta tenía un amor entrañable y una devoción profunda a la Santísima Virgen y tenía sus manos encallecidas por el trabajo y enlazadas siempre con el Santo Rosario. En un libro suyo, que resume su pensamiento espiritual, refiere la siguiente anécdota:

            “La última vez que estuve en Holanda vino a visitarme un protestante acompañado por su esposa y me soltó: “tengo la impresión de que los católicos os pasáis con María”. Yo le contesté que SIN MARÍA NO HAY JESÚS”.

Él no replicó.

Unos días después me envió una hermosa postal con esta expresión: “SIN MARÍA NO HAY JESÚS”.”.

En esta breve frase se resume la mejor apología de la devoción de la Iglesia Católica a la Santísima Virgen.

3.- En esta Fiesta litúrgica de hoy podemos contemplar cuáles fueron sus “dolores” o “angustias” y cómo traducirlo en nuestra vida.

En los Evangelios se destacan especialmente siete dolores o “angustias”. Cronológicamente os recuerdo:

3.1. El primer dolor lo relata San Lucas 2, 27 ss…: es la profecía de Simeón: “Simeón dijo a María, su Madre: “Mira, este Niño será signo de contradicción; y a ti misma una espada te atravesará el corazón”.”.

María, con su actitud nos enseña a querer al otro como es y a querer lo que Dios quiere.

3.2. Mateo 2, 13 deja constancia del segundo dolor de Santa María: la huida a Egipto.

“El Ángel del Señor se apareció a José y le dijo: Levántate, coge al Niño y a su Madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo”.

La actitud de la Madre ante este dolor, acepta y nos enseña a afrontar con valentía las dificultades que se presentan en nuestra vida y en el ejercicio de nuestro ministerio pastoral.

3.3. El dolor de perder a su Hijo Jesús en la visita al templo de Jerusalén, que nos relata San Lucas en el capítulo 2 y versículo 14, es una actitud que nos llama al seguimiento de Jesús, a buscar el encuentro personal con el Señor en medio de la noche oscura y a buscar pastoralmente con afán al descarriado, a la oveja perdida, a salir al encuentro de los alejados.

3.4. La Virgen vivió con dolor y angustia el encuentro con Jesús que sufre en el camino del Calvario cargado con la Cruz, que denuncia nuestra tendencia a ignorar y a ocultar el sufrimiento de los hombres en lugar de hacernos encontradizos con los que sufren.

3.5. El precioso himno “Stabat Mater dolorosa juxta crucem lacrimosa”, nos presenta el quinto dolor de la Virgen que sigue firme, de pie, junto a Jesucristo clavado en la Cruz, que es el signo del fracaso total ante el que todos huyen escandalizados o desesperanzados.

Mantenerse en pie junto al desamparado y al marginado y no huir ante el misterio del dolor y del aparente fracaso, es una actitud cristiana difícilmente comprensible en nuestra cultura moderna.

3.6. El Evangelio nos presenta esa escena llena de ternura en la que la Virgen  tiene en sus brazos el Cuerpo de Cristo, su Hijo, muerto y abandonado. Es un dolor aceptado que nos recuerda la actitud evangelizadora de acoger con amor al que nos sale al paso en nuestra vida, a los crucificados, a los sin vida, sin techo.

3.7. Debió afectar a nuestra Señora de una manera especial la sepultura de su Hijo, Jesucristo. Es el dolor de la soledad: cuando todos se marchan, el amor de su vida deja un vacío que no se llena con nada, y el sentimiento del fracaso pone en cuestión el sentido y la eficacia de nuestro trabajo y de nuestra vida, María nos enseña a “esperar contra toda esperanza”.

4.- “Sin María no hay Jesús”, decía muy bien la madre Teresa de Calcuta. Y podemos añadir nosotros con la misma verdad:”Sin Jesús no hay María”.

Ella es la mujer que se puso incondicionalmente en las manos de Dios, y el Señor la acogió y la bendijo más que a criatura alguna. Ella es la mujer agraciada por Dios, la llena de gracia.

Con las palabras del canto del Magnificat (“el Poderoso ha hecho obras grandes en mí”), María de Nazaret, la Virgen llamada a ser Madre, expresaba su conciencia de ser instrumento en manos del poderoso Espíritu de Dios a favor de los hombres.

5.- La presencia de la Virgen en nuestra vida nos tiene que dar el sentido de Dios, del amor y de la confianza, la constante admiración hacia Cristo como centro permanente de nuestro corazón y nuestra vida, el valor soberano de la amorosa y tenaz fidelidad que nos afirma.

+ Antonio Dorado Soto,

Obispo de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto