DiócesisHomilías Mons. Dorado

Bendición del Templo de Cártama

Publicado: 16/12/2005: 622

16 de diciembre de 2005

Bendición del Templo de Cártama

16 de diciembre de 2005

            1.- Bajo la presencia de la Santísima Virgen de los Remedios, celebramos hoy la bendición de este templo renovado. Es un gran acontecimiento: un templo digno y bello, aunque sencillo, reconstruido por un pueblo con esfuerzo y sacrificio, es una manifestación pública de fe católica que habla por sí misma. Es un acontecimiento lleno de promesas y de vitalidad apostólica: una fuente de espiritualidad y de renovación.

            Es una manera de expresar que Dios existe y que Dios es Dios, que Él no puede ser tratado como un valor marginal, privado o residual. Que Jesucristo, ayer, hoy y siempre, es el primero en todo y el mejor guardián del hombre, que adorar a Dios es una actividad nobilísima y que la humanidad que olvida a Dios no tiene más remedio que volverse inhumana.

            Y por eso la falta de templos es un signo más de que estamos construyendo unas ciudades donde no hay sitio para Dios.

            2.- Quiero deciros asimismo que un templo (y por eso lo llamamos también “Iglesia”) es ante todo un símbolo de un ser viviente: la comunidad cristiana parroquial y diocesana. Este templo está llamado a ser (y para eso se ha construido) como el retrato de una parroquia llena de vida. Los templos hermosos sin una comunidad cristiana piadosa y evangelizadora no son sino museos o mausoleos fríos que no pueden disimular su propio vacío. Deseo y esperamos todos que la consagración de este nuevo templo dinamice la vida cristiana y los grupos que constituís esta comunidad.

            3.- El quehacer y las primacías de nuestra Iglesia diocesana y de nuestras parroquias están bien descritos en nuestro Programa Pastoral Diocesano.

            La Iglesia está, como siempre, ante dos imperativos sagrados que la mantienen en una tensión insuperable: por un lado está la fidelidad a la memoria viva, a la asimilación teórica y la respuesta histórica de la revelación de Dios en Jesucristo, que es su origen y cimiento de su existencia. Y por otro lado está llamada a la comunicación generosa de la salvación que Dios ofrece a todos los hombres y que le llega por el anuncio del Evangelio, la celebración de los Sacramentos, el testimonio de su vida y la colaboración generosa de cada uno de sus miembros.

            El cultivo de la identidad cristiana y eclesial y el ejercicio de la pastoral misionera, son igualmente sagradas.

            4.- El quehacer supremo de la vida cristiana es el descubrimiento y consentimiento a Dios, la relación personal con Él y la fe viva. La Iglesia y la parroquia son ante todo “la casa de Dios” y “el hogar de los hijos de Dios”. Hogar vivo antes que edificio de piedras, donde Dios se revela al hombre como vida, fuerza, santidad y fascinación irresistible. Reconocer a Dios, transparentarle y revivirle desde Cristo es la primera tarea del cristiano. Descubrir y anunciar al Dios vivo y verdadero en Jesucristo y como Jesucristo es la primera necesidad de la Iglesia y de la parroquia. A eso llamamos evangelizar, catequizar y formación permanente

            5.- La Iglesia y la parroquia no pueden cumplir su misión si no refleja en sí misma la unidad y la comunión de la Santísima Trinidad y la unión que Cristo vivió con el Padre y que Él quiso para todos sus discípulos. La Iglesia y la parroquia son una comunión de fe y de esperanza, de acción y de amor. Una Iglesia dividida no puede testimoniar la verdad de Cristo. A veces, entre grupos cristianos y movimientos se dan tales distancias que equivalen a rupturas de comunión y de colaboración. Los problemas para ella no vienen casi nunca de fuera, sino de dentro, por olvidos mortales o por rupturas internas. Hoy es tarea sagrada de la Iglesia y de la parroquia llegar a ser realmente una comunidad fraternal llevada en propia mano por seglares como sujetos activos en comunión con el ministerio de presidencia en el amor de los presbíteros. El reto que tiene por delante la Iglesia no es tanto ser una democracia, cuanto una real comunidad de fe orante, de misión evangelizadora y de colaboración crítica con la sociedad

            6.- Una urgencia en la Iglesia española es que se multiplique el número de hombres y mujeres y jóvenes que sientan como un inmenso don de Dios el poder entregar su vida al servicio del Evangelio y de Jesucristo. El problema principal de la Iglesia no es que haya menos curas y monjas –que también es problema-- , sino que haya menos creyentes a fondo, con voluntad incondicional para responder a Dios y a su vocación, para colaborar con Él y para acoger su Gracia y su Promesa. Los hombres somos todos unos “pobres hombres”, pero es a los que Dios ha amado y los ha constituido en puentes y mediaciones para que nos encontremos con Él, porque, como decía San Pablo, “en la debilidad de los hombres se manifiesta la fuerza de Dios”.

            El mejor servicio que la Iglesia ha aportado en la historia, se ha derivado de su mayor fidelidad al Evangelio. Y a esa forma de vida que son las Bienaventuranzas.

            Y, en fin, que este nuevo templo os haga sentir la presencia del Señor entre vosotros: es la casa de Dios. Y que os ayude a ser una comunidad de fe, de oración y de caridad para responder a la demanda que “los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, nos piden a los creyentes de hoy, de no sólo “hablarles” de Cristo, sino en cierto modo “hacérselo ver”.”, como nos recuerda el Papa. (NMI, 16).

+ Antonio Dorado Soto,

Obispo de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto