DiócesisHomilías Mons. Dorado

Dedicación del Templo Parroquial de Ntra. Sra. de Gracia

Publicado: 12/10/2005: 1444

Cerrado de Calderón, 12 de octubre de 2005

Dedicación del Templo Parroquial de NUESTRA SEÑORA DE GRACIA

Cerrado de Calderón, 12 de octubre de 2005.

            1.- Celebramos hoy la dedicación del templo de la nueva parroquia de Nuestra Señora de Gracia.

            El nacimiento de una nueva parroquia es un acontecimiento lleno de promesas y de vitalidad. Con ella comienza en el barrio un nuevo principio de vida, un centro de encuentros y comunicación, una fuente de espiritualidad y de renovación.

            Porque eso tiene que ser una parroquia, una comunidad donde unos cuantos hombre y mujeres, pocos o muchos, viven su cristianismo con tal intensidad que son capaces de formar un nuevo punto de presencia y crecimiento de la Iglesia de Jesucristo, para alabanza de Dios y salvación de los hombres.

            2.- El templo es expresión del deseo humano de tener a Dios como vecino, como cohabitante, de poder habitar junto a Dios y alcanzar así el modo perfecto de habitar la comunión perfecta que destierra la soledad y el miedo definitivamente. Aquí, en Cerrado de Calderón, faltaba una Casa de Dios y del Pueblo de Dios; porque la parroquia está llamada a ser casa y escuela de comunión. Como nos decía Dios en la Lectura del Segundo Libro de las Crónicas con ocasión de la dedicación del Templo de Jerusalén:

            “Yo he elegido y consagrado este templo para morada eterna de mi nombre. En él estarán siempre mis ojos abiertos y mis oídos atentos a las súplicas que se hagan en este lugar. Elijo y consagro este templo para que esté en él mi nombre eternamente. Mis ojos y mi corazón estarán siempre en él”. (2 Cro 7, 15-16).

            3.- Una parroquia nueva, en unos tiempos nuevos, debe tener un nuevo rostro.

            Una parroquia actual ha de ser capaz, ante todo, de formar nuevos cristianos, convencidos y convertidos, capaces de ofrecer a las nuevas generaciones el recuerdo de Dios y la memoria de Jesucristo, la esperanza de la vida eterna, fuente vigorosa de una vida iluminada, esperanzada, solidaria y alegre.

            Una parroquia de hoy debe tener bien claras y firmes sus tres dimensiones:

  • actividades de formación doctrinal, moral y vital para ser matriz de nuevos cristianos y de nuevas familias seriamente cristianas: catecumenados para niños, jóvenes y adultos; técnicas para llegar a los alejados. No se puede seguir haciendo lo mismo que hace treinta años y de la misma manera.
  • celebraciones litúrgicas donde se alabe a Dios con gozo y belleza, donde la gente rece a gusto y se animen unos a otros a ser mejores. Donde la Eucaristía sea la fuente y la meta de la vida cristiana.
  • espíritu y vida de fraternidad. Un centro de servicios que lleven gestos de amor y consuelo a los enfermos, a los pobres, a los ancianos y a los marginados.

Y todo esto en comunión estrecha con las parroquias del Arciprestazgo, con el Obispo, con el Papa. Sabiendo que la Iglesia no empieza ni acaba en las pequeñas fronteras de nuestra parroquia, viviendo en comunión real y efectiva con la Iglesia diocesana y universal. Sintiendo el gozo y la alegría de formar parte de esta familia universal presidida y guiada por Nuestro Señor Jesucristo, Cabeza de la nueva humanidad.

4.- Que el nuevo templo os haga sentir la presencia del Señor entre vosotros: es la casa de Dios, que debe estar abierta y que os ayude a ser una comunidad de fe, de oración y de caridad.

            Una comunidad que ayude a ver que Dios existe, que vive con nosotros y que nos ama.

            Y que os bendiga la Virgen de Gracia, que nos recuerda nuestra pobreza y las maravillas que Dios hace en mí.

+ Antonio Dorado Soto,

Obispo de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto