DiócesisHomilías Mons. Dorado

150 aniversario de la fundación de las Siervas de María

Publicado: 00/08/2001: 1142

150 Aniversario Fundación Siervas de María

Año 2001

            1.- Introducción:

            “Adoremos a Dios en la memoria de los santos”. Esta tarde, en el recuerdo agradecido de Santa Soledad Torres de Acosta, al cumplirse el 150 aniversario de la fundación de la Congregación de las Siervas de María.

            “Adoremos a Dios y démosle gracias”, por el bien que para la Iglesia y para la sociedad ha sido este siglo y medio de existencia de la congregación que, como carisma específico, nace el 15 de agosto de 1851 en Madrid, en medio de muchas dificultades y que supuso, en su tiempo, una forma original que causó la admiración de los que conocieron la obra recién comenzada.

            En aquella época muchas Congregaciones ofrecían sus casas y sus obras asistenciales a las personas enfermas y ancianas. El grupo de mujeres que se habían reunido, animadas por el párroco, D. Miguel Martínez Sanz, quiere dedicarse a la atención a los enfermos, pero en sus respectivos domicilios. Era una nueva forma de hacer realidad las palabras de Jesús: “Estaba enfermo y fuisteis a visitarme”.

            En este tiempo se encuentra Manuela, que después sería conocida como Soledad, a quien veneramos como Santa Soledad Torres de Acosta. Era al más joven, de familia sencilla. Con las demás recibe el hábito y emite sus votos ante el Arzobispo de Toledo. La solemnidad de la Asunción de la Virgen María, contempla el comienzo de una historia de amor y servicio al enfermo que la Congregación, repartida por el mundo, ha ofrecido y continúa ofreciendo.

            La diócesis de Málaga es enriquecida con el don de la vida religiosa de las Siervas de María en el año 1940. Recién terminada la Guerra Civil, la nueva comunidad es acogida por el entonces Obispo, D. Balbino Santos y Olivera.

            Y, queridas religiosas, habéis sido fieles al Señor, a la Congregación y a la diócesis de Málaga. Y la diócesis quiere manifestar su gratitud por tanto bien como habéis hecho en Málaga, celebrando gozosamente con vosotras este aniversario de vuestra fundación.

            2.- “El que practicó la misericordia”. Es la respuesta de Jesús que ha proclamado el Evangelio. Y que concluye con las sabias y profundas palabras del Señor, que son invitación y envío: “Vete y haz tú lo mismo”.

            Es lo que ha hecho la Congregación y lo que hace cada religiosa “Sierva de María”, en cualquiera de sus casas. Las Siervas de María hacen lo mismo que el buen samaritano: acercarse al herido, física o espiritualmente, y atenderlo con delicadeza, con ternura, con amor.

            Y, como el buen samaritano, aportan todo lo que tienen: su ciencia, su presencia, su tiempo, especialmente durante la noche, que son horas de cercanía al enfermo, al anciano. Horas para escuchar que, posiblemente, sea una de las medicinas que el enfermo más necesita.

            Nuestra sociedad quiere que no se pierda, especialmente en la atención al anciano, al enfermo crónico, la dimensión humana. Nada más importante que el bien de la cercanía, del acompañamiento, durante las muchas horas de soledad del enfermo.

            Es la expresión de un amor desinteresado que vuestra fidelidad al don recibido de la vocación os urge cada día.

            Todos somos llamados a hacer el bien, pero en la Iglesia, cada cristiano y cada vocación específica, hace el bien como respuesta a una pobreza concreta de nuestros hermanos.

            La Congregación, como expresan sus Constituciones, “se dedica al cuidado de los enfermos en asistencia esmerada, gratuita y preferentemente a domicilio”.

            Una atención al que sufre, que refleja el espíritu del carisma, “sin distinción de clase social, de raza, religión o enfermedad y sin más preferencia que la mayor necesidad de los asistidos”.

            Amor al enfermo, al necesitado, que ya aparece en la denuncia del profeta Isaías, que ha sido proclamada en la Primera Lectura: “¿No será más bien otro el ayuno que Yo quiero?”, dice Dios. El ayuno de partir el pan, de acompañar y asistir al enfermo.

            3.- “Si no tengo caridad, nada me aprovecha…”

            San Pablo nos enseña que podemos hacer todo el bien posible; pero si no tenemos caridad, de nada nos sirve.

            Nuestro reconocimiento agradecido a las Siervas de María es también oración a Dios por vuestra fidelidad y para que surjan vocaciones.

            Oración para que seáis, como afirman las Constituciones, “contemplativas en la acción”. Y esto significa, como enseña San Ignacio, cuya fiesta celebramos hoy, “en todo amar y servir”.

            “Si no tengo amor”; esto es, si no contemplo a Dios como fuente y raíz de mi vida, el servicio a los demás no tendrá la savia cristiana que le da consistencia y fuerza de testimonio a lo que vivo.

+ Antonio Dorado Soto,

Obispo de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto