DiócesisHomilías Mons. Dorado

Misa del Alba de la Cofradía del Cautivo

Publicado: 29/03/1999: 559

Lunes Santo de 1999

Misa del Alba de la Cofradía del Cautivo

Lunes Santo de 1999

            1.- El Lunes Santo amanece con la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo y de María Santísima de la Trinidad muy cerca de nosotros. Los contemplan nuestros ojos y los sienten nuestro corazón. A partir de ahora y hasta el despuntar de la aurora de mañana, las imágenes del Cautivo y de María Santísima de la Trinidad estarán rodeadas de la devoción, el amor y la gratitud de miles de trinitarios y de otras personas que, sin haber nacido en este barrio, tienen especiales motivos de gratitud al Señor y a la Virgen.

 

            El primer acto de este día tan lleno de fe es la celebración de la Eucaristía: así la presencia del Señor será real – y no sólo en imagen – en el Pan y en el Vino consagrados. Y le contemplaremos con la f e.

 

 

            2.- Las palabras del profeta Isaías, que han sido proclamadas hace un momento, nos ayudan a mirar y comprender al Cautivo con más profundidad.

 

            ¿Qué nos ha dicho el profeta;

 

“Mirad a mi siervo… no gritará, no clamará, no voceará por las calles… Yo te he llamado para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión… y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas”.

 

            A todos impresiona la imagen del Cautivo. Al avanzar el trono por el puente y por las calles de nuestra ciudad, se oye decir: “parece que anda”. Nos encontramos con su mirada. Es mirada del que sufre. Su rostro tiene paz y nos la transmite.

 

            ¿Quién es el Cautivo? Es el Señor, el Hijo de Dios. El que había sido anunciado por el profeta Isaías como “el siervo de Dios”, que no grita, no vocea, pero que nos ha salvado con su muerte y resurrección. Que ha venido a abrir los ojos de los ciegos; esto es, a dar luz a nuestras vidas, a que tengan sentido, a liberarnos, porque estamos cautivos de egoísmos que nos hacen vivir encerrados en nosotros mismos, de materialismos por los cuales olvidamos con frecuencia los valores ético-morales y olvidamos a Dios, que es siempre el Padre de la misericordia.

 

            El Cautivo nos quiere hombres y mujeres de fe, de mucha fe, que es la verdadera luz que “ilumina a todo hombre”. Él no nos quiere cautivos –Él lo está por nosotros--, sino verdaderamente libres de lo que más esclaviza, que es el pecado, por el cual nos apartamos de Dios. Él quiere que nuestra vida sea, como la de Él, que “no vino a ser servido, sino a servir”, especialmente a los más pobres, a los más marginados, a los que quizás, en contra de su misma voluntad, viven cautivos. A los que les falta el trabajo, la vivienda, la cultura, la alegría, la amistad. Y lo mejor que podemos servirles es la fe en el Señor, el amor a la Virgen y nuestra caridad cristiana, porque quien cree en nuestro Padre Jesús Cautivo, se hace servidor de todos y no se cierra sobre sí mismo.

 

 

            3.- El Señor es mi luz y mi salvación. Así lo hemos rezado esta mañana como respuesta a la lectura de Isaías, como saeta del viejo testamento, hemos rezado el Salmo 26: “El Señor es mi luz y mi salvación”.

 

            Lo repetimos ahora en silencio, con todas las fuerzas de nuestro amor a nuestro Padre Jesús Cautivo. El Señor, el Cautivo, es nuestra luz y nuestra salvación. Con Él no temeremos, Él es –así lo hemos rezado—la defensa de nuestra vida. Porque Él está con nosotros, él se ha hecho uno de nosotros. Verdadero Dios y verdadero hombre. “Después de la Encarnación del Hijo de Dios, existe un rostro de hombre en el que es posible ver a Dios” (Juan Pablo II).

 

            Si somos capaces de mirarle con fe y con amor, si buscamos en Él la verdadera luz y la salvación, podremos “gozar de la dicha del Señor”

 

 

            4.- En este Lunes Santo, queremos confesar y manifestar públicamente nuestra fe en el Señor: con nuestra oración y nuestros cantos, con nuestra devoción en la celebración de la Eucaristía, con la visita a los enfermos y a todo el personal del Hospital y durante la procesión de esta noche. Es una manera pública y multitudinaria de decir que creemos en Él, que esperamos en él, que le amamos sobre todas las cosas y que él es el “Señor de Málaga”, o, al menos, de muchísimos malagueños.

 

            Las flores cubrirán dentro de unos minutos los tronos del Cautivo y de María Santísima de la Trinidad. Las velas encendidas alumbrarán la procesión de la noche.

 

            A las flores y a las velas se une, en esta mañana, nuestra oración con la confianza de que el Señor, el Cautivo es nuestra luz y nuestra verdadera salvación.

+ Antonio Dorado Soto,

Obispo de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto