Publicado: 19/04/2003: 852

Año 2003

 Vigilia Pascual

Ciclo B. Año 2003

            1.- Queridos sacerdotes, religiosos y seglares. Un saludo fraterno a la Primera Comunidad Neo-Catecumenales de la parroquia del Carmen y a los miembros de las comunidades de las parroquias de Fátima, Cristo Resucitado de Torremolinos, San Patricio y San Francisco Javier de Melilla, que estáis aquí para celebrar la Vigilia Pascual y para renovar las promesas bautismales una vez concluido el largo camino de renovación bautismal que tanto ha supuesto para nuestra vida cristiana.

            Acogemos y bendecimos a las dos niñas que van a ser bautizadas e incorporadas a Jesucristo y a la Iglesia. Bienvenidos queridos padres, padrinos y familiares.

            2.- Buscáis a Jesús el Nazareno, el Crucificado. No está aquí: ha resucitado.

            Estamos aquí esta noche para celebrar la Resurrección del Señor. El Cirio Pascual encendido es un símbolo del Resucitado. La palabra de la epístola y el Evangelio nos han anunciado que está vivo. “Yo soy el que vive. Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos” (Ap 1, 17).

            El agua bautismal derramada sobre nuestras cabezas nos recordará que estamos llamados a resucitar con Él. En seguida nos encontraremos con el Resucitado en la celebración de la Eucaristía. Él nos comunica en este encuentro pascual su libertad, su amor y su alegría.

            La vida cristiana es búsqueda permanente del Señor. Es vivir la oración del Salmista: “Tu rostro buscaré, Señor”. Con momentos de luz y otros de oscuridad, con la alegría de haber respondido a la llamada de Dios y con el dolor del pecado, somos como los enfermos que se acercaban a Jesús: paralíticos, ciegos, leprosos que experimentaron la salvación gratuita del Señor.

            Hemos buscado al que nos concede el perdón de los pecados, el amor de Dios Padre, la fuerza del Espíritu Santo. Hemos buscado al Señor, que ha asumido la dura experiencia humana. Por eso, ante nuestro propio sufrimiento físico, moral y espiritual, hemos llegado hasta la Cruz. El Viernes Santo, ayer, la hemos adorado con un  beso al Crucificado. Es Gracia para nosotros que la Cruz no sea escándalo para nosotros, sino fuerza y salvación de Dios.

            Mas en esta Vigilia Pascual se intensifica la Luz. Buscamos al Crucificado y la Iglesia nos anuncia: “Ha resucitado”. ¡ALLELUIA! Verdaderamente ha resucitado el Señor, La muerte también ha sido vencida.

            “La Iglesia mira ahora a Cristo Resucitado. Lo hace unida a Pablo, que lo encontró en el camino de Damasco y quedó impactado por Él: “Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia”. En el rostro de Cristo, la Iglesia, su esposa, contempla su gloria y su alegría”. (NMI, 28).

            3.- “Andemos en una vida nueva”.

            Mas no es suficiente contemplar alegres el rostro del Resucitado. Al triple canto litúrgico del Aleluya debe acompañar la renovada acogida a la vocación a la que Dios nos llama a “una vida nueva”, como escribe San Pablo. “Si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya”.

            Una vida nueva. El Papa, en su Exhortación “Al comienzo de un nuevo milenio”, nos señala una de las tentaciones de nuestro tiempo y de siempre: “vivir desde una ética minimalista”. El Bautismo que nos incorpora a la Pascua del Señor, nos impulsa a vivir el Evangelio, que supera los puros criterios éticos.

            La vida nueva es el seguimiento de la vida de Jesucristo y de sus enseñanzas señaladas por las Bienaventuranzas, por el Mandamiento nuevo del amor, por el perdón y por la oración del Padre Nuestro.

            Como ha dicho Juan Pablo II, el pasado miércoles santo: “el odio, la violencia, la sangre, la muerte, no tienen la última palabra. La victoria definitiva es de Cristo. Tenemos que volver a empezar desde Él si queremos construir para todos un futuro de paz, de justicia y de solidaridad auténticas”.

            Vivimos en el mismo mundo que todos, pero el Señor nos invita y nos envía a estar señalados por su Resurrección y por su Espíritu. Repitamos el anuncio paulino: una vida nueva que, en muchos casos, para el no creyente, puede parecer ilógica, desproporcionada, pero es la vida de Jesucristo.

            4.- “Oh Dios, aviva en tu Iglesia el espíritu filial para que, renovados, nos entreguemos a tu servicio” (Oración Colecta).

            A todos los aquí reunidos es esta Vigila Pascual, os repito lo que hemos pedido a Dios en la Oración Colecta: “que nos entreguemos a su servicio”.

            Sois de distintas parroquias, de distintas edades y de diferente formación. Pero todos – casados, solteros, padres, célibes – renovamos las promesas bautismales en esta Vigilia que reaviva los símbolos del paso de la noche a la luz, de la muerte a la vida, en el fuego nuevo y en la llama nueva, prendida por Cristo Resucitado, simbolizado en el Cirio Pascual, ante el cual se ha cantado el pregón.

            Renovamos esta noche las promesas bautismales y la decisión agradecida de entregarnos al servicio de la misión evangelizadora, que tiene su primer servicio en el testimonio de nuestra vida personal y comunitaria.

            Si nos incorporamos a la muerte y a la Resurrección de Jesucristo por el Bautismo, nuestra vida ya no es según la carne, sino según el Espíritu.

            Renovemos el Bautismo con un doble sentimiento: de gratitud a Dios por la fe cristiana que nos ha concedido y crezcamos en ilusión por vivir con fidelidad evangélica esa fe que esta noche gozosamente hemos profesado.

            Y rebosantes de esta experiencia pascual, anunciemos lo que hemos vivido. Porque la confesión de la fe forma parte de la fe verdadera. Es un aspecto constitutivo del creer.

+ Antonio Dorado Soto,

Obispo de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto