DiócesisHomilías Mons. Dorado

Celebración penitencial

Publicado: 12/04/2001: 522

Celebración penitencial

Jueves Santo de 2001

            1.- “… descubrir a Cristo como mysterium pietatis, en el que Dios nos muestra su corazón misericordioso y nos reconcilia plenamente consigo. Éste es el rostro de Cristo que conviene hacer descubrir también a través del Sacramento de la Penitencia” (NMI, 37).

            “La reconciliación sacramental es un encuentro intenso con Cristo…”

            Y por eso, “… el Sacramento de la reconciliación es un instrumento fundamental de nuestra santificación”.

            2.- Las lecturas de la Palabra de Dios nos invitan a “renunciar a nuestra conducta anterior y al hombre viejo, corrompido por apetencias engañosas. De este modo os renováis espiritualmente y os revestís del hombre nuevo creado a imagen de Dios, para llevar una vida verdadera, recta y santa”. (Ef 4, 27).

            El Salmo 50 nos descubre nuestra incapacidad para convertirnos. No me puedo convertir. Me han de convertir. Cuando el Salmo habla en primera persona, el fruto es el pecado: “contra Ti, contra Ti, sólo pequé”. El pecado tiene un adjetivo posesivo; es mío.

            En segunda persona está Dios, que conoce la verdad y ama la sabiduría. Luego viene la súplica urgente: “Lávame, rocíame Tú, borra mi culpa, devuélveme la alegría de la salvación, crea en mí un corazón puro, sáname y quedaré sanado” (Jeremias).

            3.- Pero la conversión tiene, por nuestra parte, un precio: aceptar la verdad de mi vida, tener valor para reconocer mis desvíos, acoger la carga de mi responsabilidad.

            No hay conversión con la mentira o la verdad a medias. Convertirse es desenmascarar la vida, superando los innumerables mecanismos de autodefensa que tenemos a mano.

            “Hazme volver y volveré” (Jer 31, 8).

            4.- La Segunda Lectura nos advierte que se trata de la conversión del corazón. Y nos invita a peregrinar a nuestro corazón para descubrir sus enfermedades, nuestras cardiopatías, los síntomas enfermizos del corazón.

            Jesús nos habla:

-       de los “tristes de corazón”: “la tristeza se ha apoderado de vosotros”= desencanto, envidia, estar de vuelta, …

-       la soberbia (Magnificat)= autosuficiencia, desprecio de los otros, …

-       corazones endurecidos: los “corazones de piedra”= que no aman y no quieren a la gente…

-       la doblez= la hipocresía, el disimulo, la capacidad de aparentar, …

¿De qué padece mi corazón? Dejadme hacer un electrocardiograma a la luz potente de la Palabra de Dios. Es un test de verdad.

            La comprobación esperanzada de los profetas y de los santos es que Dios puede sanar el corazón del hombre. “¿Quién me librará de este cuerpo que es portador de muerte?”, gritaba San Pablo. Y añadía: “gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor” (Rom 7, 24-25).

La calidad de nuestra vida la garantiza la salud del corazón: “Dios mismo os ha enseñado a amaros mutuamente” (Hch 16, 14).

+ Antonio Dorado Soto,

Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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