Publicado: 19/10/1997: 582

Domund 1997


1.- Celebramos hoy el “Domingo Mundial de las Misiones”. El Papa comienza su mensaje de este año diciéndonos que el Domund se hace más importante a medida que nos acercamos al Gran Jubileo del año 2000 y espera “el amanecer de una nueva época misionera” en el inicio del tercer milenio, porque tiene la firme convicción de que “no hay liberación alternativa con que poder alcanzar la verdadera paz y la alegría que puede brotar sólo del encuentro con el Dios-Verdad”.

Y todavía hay millones, miles de millones de hombres y mujeres a los que no ha llegado el Evangelio de la Gracia y de la Salvación de Dios, que es y anunció Jesucristo. Miles de millones de hombres y mujeres que no pueden vivir el gozo y la esperanza que levantan en nuestros corazones cuando conocemos de verdad al Dios de nuestra salvación tal como nos lo ha presentado Nuestro Señor Jesucristo con su palabra y con su vida.


2.- La celebración del DOMUND nos obliga a preguntarnos cuál es nuestra preocupación misionera y cómo estamos viviendo la solidaridad con otros pueblos y otras Iglesias. Porque Jesucristo es un derecho de todo hombre y su Evangelio “responde a las expectativas de todo hombre por conocer la verdad sobre Dios y sobre el hombre, sobre su liberación del mal y de toda esclavitud, sobre el sentido de la vida y de la muerte, sobre su sed de justicia y su hambre de solidaridad”.

Los cristianos tenemos que desear con impaciencia que el Evangelio de Jesús sea anunciado a todos y en todas partes, porque en él está la fuente de la salvación para todos, el principio de la fraternidad universal, el secreto de la paz y el verdadero desarrollo humano.

Por eso, los cristianos no podemos resignarnos a un estancamiento de la evangelización y de la conversión al cristianismo en todos los países de la tierra. Sería tanto como negar la fe en Jesucristo o negar el amor verdadero a nuestros hermanos del mundo. Ningún creyente y ninguna institución de la Iglesia puede eludir el supremo deber de anunciar a Cristo a todos los pueblos.


3.- La celebración del Domund se nos presenta hoy con este lema: “Los misioneros, mártires como Cristo”, para recordarnos a esos más de 200.000 hombres y mujeres repartidos por todo el mundo que dan su vida por amor y fidelidad al Señor y que dejan lo que tienen y dedican su vida al servicio del Evangelio, por amor de Dios y de Cristo, en la atención a los necesitados, junto a los pobres o los enfermos, junto a los niños sin familia, en el servicio ministerial del Pueblo de Dios.

Sostenidos por la fuerza del Espíritu Santo tratan de ser testigos de la misericordia de Dios, dando su vida en el silencio y en el anonimato. Sólo se comprende su entrega infatigable cuando se les contempla a la luz de la fe. Son creyentes que han descubierto que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Ésta es la fe que les ha movido a dejarlo todo para ir a proclamar el Evangelio. Son los discípulos y seguidores de ese Maestro que, como nos dice el Evangelio de hoy, no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos.

Ellos, los misioneros, nos recuerdan que sólo evangelizan las personas que viven realmente el Evangelio. Y que no se puede comunicar a nadie la fe como algo bueno y verdadero si uno mismo no ha descubierto por experiencia propia toda la fuerza, el gozo y la esperanza que se encierran en el Evangelio.

Los misioneros, mártires como Cristo, nos recuerdan la necesidad de que nos esforcemos en conocer mejor el Evangelio y en alimentar más nuestra fe en Jesucristo para avivar nuestro espíritu misionero, porque sólo las personas y las comunidades que viven el Evangelio con convicción, y tienen experiencia real y viva de que Jesucristo es capaz de salvar al hombre de hoy, pueden, de verdad, evangelizar.

Hoy, el Papa ha declarado Doctora de la Iglesia a la Patrona de las Misiones, Santa Teresa de Lisieux.

Que ella haga crecer en nosotros en nuestras comunidades cristianas una fe clara y decidida, una fe entusiasta y efectiva, una fe de verdad misionera y universal.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga