DiócesisHomilías Mons. Dorado

Peregrinación religiosa al Sepulcro del Apóstol Santiago

Publicado: 10/07/2004: 476

Peregrinación religiosa al Sepulcro del Apóstol Santiago

Año Santo 2004

1.- Con el mismo punto de partida (Málaga), por distintos caminos y con la misma meta (el sepulcro del Apóstol Santiago), donde nos encontraremos todos el día 10 de julio, nuestra Iglesia Diocesana, representada por todos nosotros, ha iniciado:

1) una peregrinación,

2) religiosa,

3) al sepulcro del Apóstol Santiago.

Y conviene que fijemos bien desde el principio las características y la espiritualidad de esta experiencia de la peregrinación.


2.-  Peregrinar es salir de un sitio y caminar hacia una meta.

Este hecho es una expresión de la naturaleza íntima del hombre. Peregrinar es tanto como buscar nuevas posibilidades de ser.

Hay muchas formas de vivir, de emprender una peregrinación. El hombre sabe que va en busca de otras tierras, de otras personas. Es un fenómeno cultural: el hombre sabe y peregrina para vivir, para buscar tierras mejores: el nomadismo, la emigración. Yendo a lo más profundo, el hombre peregrina para conocer, para ver, para encontrar la ayuda que él necesita para conseguir su plenitud humana…


3.- Una forma de peregrinación es la peregrinación religiosa. Recordemos la gran peregrinación del Pueblo de Israel saliendo de Egipto en busca de la Tierra Prometida para alcanzar la libertad, para poder adorar a su Dios. En la peregrinación religiosa el hombre añora el encuentro con Dios, que es el encuentro con sus orígenes, con la fuente que es la garantía de su existencia. Y lo añora no solamente de una manera espiritual, sino que lo desea y lo necesita alcanzar también de una manera material, con sus ojos y sus manos, en la plena realidad de su carne:

“Oh Dios, Tú eres mi Dios, por Ti madrugo. Mi alma tiene sed de Ti, mi carne te desea con ardor como tierra reseca, agostada y sin agua. Yo te contemplo en el Santuario viendo tu poder y tu gloria” (Salmo 62).

El hombre se pregunta: ¿Dónde puedo estar más cerca de Dios? Y peregrina a las cumbres, peregrina a las fuentes, a esos lugares donde la naturaleza misma le invita de una manera especial a descubrir la presencia de Dios. Otras veces peregrina para encontrarse con un hombre que le hable de Dios.

4.- Y así llegamos a la misión del Santuario, de los lugares santos, donde se siente especialmente la presencia de Dios, donde Dios aparece especialmente asequible, cercano.

El hombre peregrina siempre a los lugares sagrados que él siente como por la especial presencia de Dios, a los santuarios para alcanzar el encuentro con Él, para conseguir el perdón de sus pecados o el poder y la paz de su protección y bendición.

La persona que tiene una idea profunda y más purificada de Dios peregrina hacia Dios para recibir de Él lo que Dios le quiere dar, la pureza de corazón, la santidad y la vida eterna. El gran modelo de la peregrinación religiosa en el mundo, sobre todo para nosotros los cristianos, es Abrahám.

El peregrino de Santiago de Compostela tiene delante de sus ojos una meta muy precisa: el sepulcro del Apóstol.

Y cabe preguntarse: ¿Qué tiene el sepulcro de Santiago que no tengan otros muchos sepulcros? Pues que Santiago fue amigo de Jesús, convivió con él, escuchó su Palabra, anunció la fe, evangelizó España y dio la vida en testimonio de su Fe.

Llegar al sepulcro de Santiago, abrazar al Señor Santiago es casi como abrazar a Jesús, es llegar al ambiente de Jesús, entrar en el círculo de sus íntimos, escuchar su Palabra, compartir la fe y el amor por el Maestro de aquellos primeros discípulos. Caminar hacia Compostela es como peregrinar hacia la Iglesia de los orígenes, hacia lo más íntimo, lo más puro, lo más verdadero de la Iglesia de Jesús. Y a la vez es entrar en comunión con la historia de la Europa cristiana, de los santos y de los pecadores, de los antiguos y de los modernos, de esa constelación de fieles y buscadores de Dios que forman la gran familia de los amigos de Santiago.


5.- Pasos en la realización del camino: podemos señalar los siguientes:

a). El primero es el del despojamiento. Un peregrino es un pobre sin casa, con poco dinero, con gran inseguridad.

b). Segundo paso: el deseo, la esperanza. El peregrino es un enamorado, un seducido por la estrella que le guía hacia el deseo de su corazón.

c). Tercer paso: el desarraigo de sí mismo; es descubrirse a sí mismo en su propia verdad, en su radical desnudez y pobreza, tal como aparece a los ojos de Dios. Es el encuentro con la verdad desnuda de nuestro propio ser, de nuestra propia vida.

d). El cuarto paso: el encuentro. El camino de Santiago no es una ruta turística. Es un encuentro con Dios en Cristo. El hombre se acerca a Dios, nos dice San Agustín, con los pies del deseo.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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