DiócesisHomilías Mons. Dorado

Domingo VI del Tiempo Ordinario

Publicado: 15/02/2004: 479

Domingo VI del Tiempo Ordinario

15 de febrero de 2004


1.- Hoy escuchamos la proclamación de las Bienaventuranzas. San Lucas presenta aquí una declaración programática del pensamiento de Jesús, pronunciada por el Maestro después de haber elegido, en el Monte, a los doce apóstoles. Es la página más sorprendente del Evangelio.

Sólo tienen sentido, belleza y sabor para los que creen en la Resurrección de Cristo y piensan bajo la luz de esta fe (Segunda Lectura).

El reto de Jesús es la afirmación de que la verdadera felicidad se alcanza por caminos completamente diferentes a los que nos ofrece la sociedad actual.

Al profeta Jeremías le dolía que la mayor parte de sus angustiados compatriotas hubieren abandonado a Dios, “la fuente de agua viva” (17, 13), para engañarse a sí mismos con la inútil esperanza de auxilios humanos. Les amonesta en tono sapiencial, con esta composición redactada en forma literaria (popular en Oriente) de un díptico-contraste entre la “bendición” y la “maldición”.


2.- En el texto de San Lucas, las afirmaciones de “bienaventuranza” se limitan a cuatro. Y a las cuatro bienaventuranzas contrapone otras tantas “malaventuranzas”, dirigidas a quienes viven la actitud opuesta…

En este discurso programático, Jesús declara cuál ha de ser la fisonomía espiritual del hombre si quiere ser cristiano.

Según Jesús, es mejor dar que recibir; es mejor servir que dominar; compartir que acaparar; perdonar que vengarse; crear vida que explotar.

Felices los que saben ser pobres y comparten lo poco que tienen con sus hermanos. Malditos los que sólo se preocupan de su riqueza y de sus intereses.


3.- La actitud de pobreza como forma de vida sacerdotal, viene particularmente exigida por ser un modo específico del seguimiento de Cristo y una forma de solidaridad con los marginados.

Se trata de una pobreza vivida como signo de confianza providente en Dios, que nos envía como anuncio de libertad en un mundo que valora sobre todo el tener, como fermento de fraternidad evangélica con los más pobres. Pobreza como actitud religiosa de gratuidad, por lo que hemos recibido gratis…

Pobreza como actitud creadora de libertad y defensora de la justicia.

Toda esta forma parte de una actitud primariamente evangélica que es la pobreza: el seguimiento de Jesucristo pobre.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga