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Manos Unidas: Para dar nueva esperanza a los pobres

Publicado: 08/02/2004: 503

Para dar nueva esperanza a los pobres

Manos Unidas 2004


1.- En fechas recientes decía el Papa Juan Pablo II que “hoy se pide a toda la Iglesia que dé nueva esperanza a los pobres”. Para Ella, acogerlos y servirlos significa acoger y servir a Cristo… y, por consiguiente, “el amor preferencial a los pobres es una dimensión necesaria del cristiano y del servicio al Evangelio… Amarlos y mostrarles que son los predilectos de Dios, significa reconocer que las personas valen por sí mismas, cualesquiera que sean sus condiciones económicas, culturales o sociales en que se encuentren, y ayudarles a valorar sus propias capacidades “ (Ecclesia in Europa, 86).


2.- Así lo ha entendido Manos Unidas desde su fundación, en 1960, cuando un grupo de mujeres de Acción Católica General, propuso una manera original y sencilla de vivir el amor fraterno y el servicio a los empobrecidos del mundo.

La Campaña de este año tiene como lema: “El futuro del mundo, compromiso de todos”. Mientras que algunos abordan ese futuro mediante sus luchas ideológicas, otros con sus protestas y muchos a través de sus limosnas, Manos Unidas intenta asumir lo mejor de cada grupo.

Toma de los primeros la convicción de que la única manera de salir de la pobreza es detectar las caudas que la provocan y erradicarlas. Para conseguirlo dedican mucho tiempo y abundantes medios a exponer los hechos, a tomar conciencia de sus causas profundas y a enjuiciar esta situación a la luz del Evangelio. Es un trabajo que se realiza a lo largo del año en diversos grupos cristianos y en los centros de enseñanza que lo aceptan. Hoy todos tenemos conciencia de las injusticias.

Además también la Iglesia protesta contra esta situación injusta. Lo hace el Papa en numerosos discursos y en esos escritos que constituyen la doctrina social católica; lo hacen las Conferencias Episcopales, los misioneros y todo el Pueblo de Dios a través de su denuncia profética.


3.- Lo más difícil es mantener esa actitud sin rendirse y dar una nueva esperanza a los pobres. Pero la aportación generosa de los fondos desde todas las comunidades cristianas y la realización de muchos proyectos educativos, médicos, agrícolas y sociales, para las gentes del lugar en que parecen más necesarios y mejor programados, sirve para levantar el ánimo y la esperanza de las personas más escépticas.

Por todo ello, invito a nuestra Iglesia diocesana de Málaga a participar en la presente Campaña de Manos Unidas. Por supuesto, mediante la aportación de la ayuda económica que pueda aportar cada uno, pero también mediante el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia, frente a la situación de pobreza que se vive en el hemisferio sur.

Para que nuestra esperanza tenga solidez, es necesario que hunda sus raíces en la Eucaristía, ya que sólo Ella comunica esa caridad afectiva y efectiva que es el alma del apostolado en general y del servicio a los hombres en particular. (LG, 33).


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga