Publicado: 20/10/2002: 516

Domund. Año 2002

1.- Hoy, día del Domund, día de las misiones, merece la pena que dediquemos nuestra reflexión a este tema.

Tenemos que ser misioneros (evangelizadores) siempre y en todo lugar, pero en este día queremos recordar y valorar todo el esfuerzo y testimonio de tantos hermanos y hermanas nuestras, sacerdotes, religiosos y laicos, que lo han dejado todo para ir a tierras lejanas y encarnarse en sus culturas. Han ido a todos los pobres de la tierra, especialmente a los que viven en condiciones de necesidad extrema, para hacerse hermanos y hermanas de todos ellos, para anunciarles la Buena Noticia de Jesucristo y juntos avanzar hacia su desarrollo.

Actualmente más de 20.000 católicos españoles, hombres y mujeres, trabajan en las misiones. A pesar de que ser misionero en estos tiempos es una actividad de alto riesgo, pues cada semana muere asesinado uno de ellos en cualquier parte del mundo. La novedad de estos últimos años consiste en la creciente incorporación de misioneros seglares.


2.- Se le puede aplicar a todos ellos las hermosas palabras de San Pablo en la Segunda Lectura de la Misa de hoy:

“Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor”.

Es lo que más llama la atención de algunos reporteros que visitan las misiones: su vida austera, el amor con que tratan a todos y la capacidad de infundir esperanza para que sean las gentes del lugar los evangelizadores y los protagonistas de su progreso.

Con los misioneros suelen llegar también la medicina, la enseñanza, y nuevos proyectos de desarrollo y liberación, junto con la Fe en Jesucristo. Porque el amor de Dios no se puede separar del compromiso con el hombre. Es justo que hoy demos gracias a Dios por la actividad de su fe y por el esfuerzo de su amor.

Pero quizá lo más revolucionario es la fuerza y el aguante de la esperanza, que los ha llevado a esos países y que les permite superar el desaliento. A veces tienen que contemplar cómo las catástrofes naturales, las luchas entre las ideologías y los intereses de los países ricos, frenan el legítimo desarrollo o destruyen en un instante la escuela, el templo o el hospital que costaron tanto esfuerzo.

Por eso es justo que demos gracias a Dios por estos hombres y mujeres, que los tengamos presentes en nuestras oraciones y que compartamos con ellos generosamente nuestro dinero en la colecta de hoy. Para que sigan proclamando el Evangelio en todos los rincones de la tierra y para que nunca falten esos testimonios de esperanza en nuestro mundo.


3.- El Papa recuerda en su Mensaje para la Jornada del Domund que “al inicio del tercer milenio cristiano, se impone con mayor urgencia el deber de la misión, porque –como recordé en la Encíclica “Redemptoris missio”- el número de los que aún no conocen  a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado. Para esta humanidad inmensa, tan amada por Dios Padre, que por ella envió a su propio Hijo, es patente la urgencia de la misión”.

Pidamos al Señor que el testimonio de fe, de amor y de esperanza de nuestros misioneros, dé esperanza a este mundo oscuro y atormentado. Y que esta Eucaristía nos haga sentir y vivir en plena comunión con toda la Iglesia de todos los rincones de la tierra.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga