DiócesisHomilías Mons. Dorado

Virgen de la Candelaria

Publicado: 02/02/2000: 1708

Virgen de la Candelaria

Colmenar: 2 de febrero del 2000


1.- la devoción a la Virgen de la Candelaria se expresa hoy de una manera especialmente intensa: el solemne traslado de la ermita a la Parroquia, el solemne quinario que estáis celebrando, la ofrenda floral, la ofrenda de los niños, el homenaje popular y esta Eucaristía, son como una expresión de un sentimiento de amor a la Virgen que se alimenta cada día de lo más íntimo del corazón de la mayoría de los hijos de Colmenar.


2.- Todos los gestos y los símbolos litúrgicos de esta fiesta nos hablan de luz (Jesucristo, Luz del mundo: en la Candela o velas), de pureza y de limpieza de alma (la purificación de la Virgen), y son al mismo tiempo una llamada a cada uno de nosotros.

Una llamada especial al candor contra las posturas egoístas, a la limpieza contra las muchas suciedades de nuestro mundo y de nuestra vida y a la claridad contra la mentira y el engaño.

Una llamada al candor, o lo que es lo mismo, a la sencillez, la sinceridad y la pureza de alma.

La devoción a la Virgen de la Candelaria es una invitación a la lucha contra la malicia, la hipocresía, el engaño, la afanosa búsqueda del provecho propio, aunque sea explotando a los demás, engañando, abusando, aprovechándose de los demás.

Cuanto más perfecto es un ser, es más sencillo. Cuanto más vale, menos alardea. Cuanto más vale, más sirve. La Virgen de la Candelaria lleva un Niño en sus brazos, lleva a Jesús que nos dijo: “Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos”.


3.- La Virgen de la Candelaria nos hace una llamada a la limpieza de corazón y de vida.

En nuestro tiempo hay especiales dificultades para vivir con manos inocentes y corazón limpio. Nos hallamos ante una sociedad moralmente enferma.

Una afanosa búsqueda de satisfacciones egoístas y de comodidades, eliminando todo sacrificio y todo esfuerzo, va creando un tipo de personas lánguidas, débiles, sin fuerza interior, incapaces de resistir a la tentación de la carne, del poder y de la codicia. Por todas partes se nos brinda una sensualidad fácil y corrosiva; cesiones y concesiones al gusto, condescendencias y cobardías ante las pasiones egoístas, nos van destruyendo lentamente, sutilmente. Para muchos ya todo es igual, todo está permitido y así se apaga todo ideal sublime, se trivializa el amor y el sexo y se corrompen las buenas costumbres.

La Virgen de la Candelaria es una invitación a la limpieza de vida, de corazón y de mirada. “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Porque Dios existe y vive entre nosotros; pero a veces no le vemos porque tenemos manchado el corazón.


4.- La Virgen de la Candelaria es una llamada a la claridad y a la transparencia.

Una característica de nuestra época es la ambigüedad y la indefinición en cosas fundamentales. ¿Quién dice toda la verdad? Se dice la verdad que interesa. Se borra la línea divisoria entre el bien y el mal. Una cosa es buena o mala según interesa. Se mezcla todo, según convenga. Y hasta se ha inventado un tipo de cristiano que es protagonista de la ambigüedad: creyente, pero no practicante.

El mundo necesita claridad, más claridad en las personas. La desorientación de la gente es grande y necesitamos vidas luminosas que orienten, no que confundan. “¡Que vuestro lenguaje sea sí, si o no, no”, dice el Señor.

La vida del cristiano tiene que ser luminosa, clara, transparente, sin hipocresía ni dobleces. El bautizado es un iluminado y estamos llamados a ser “luz del mundo”, como dice el Evangelio.

“Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos”.

Un signo del Jubileo es la memoria de los testigos de la fe, de los grandes creyentes. Entre todos destaca la Santísima Virgen a quien vosotros veneráis como patrona bajo el título luminoso, claro y transparente de Candelaria. Es la primera cristiana y la mejor discípula de Jesucristo. Ella nos dice hoy: “Haced lo que Él os diga”.

+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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