DiócesisHomilías Mons. Dorado

Natividad del Señor

Publicado: 24/12/2006: 610

Natividad del Señor

Misa de Medianoche: 24 de diciembre de 2006


1.- Nos reunimos a celebrar la Navidad de Cristo a medianoche, que es un signo del silencio con que Dios entró en la historia de los hombres, en nuestra historia y en nuestra vida.

Navidad es un misterio infinito, que se expresa en signos humildes. Junto al pesebre coinciden a un mismo nivel la adoración teológica de los Ángeles, que proclaman al Niño como el Señor y le reconocen como el único Salvador; la ciencia de los sabios orientales, que le entregan su vida; y el villancico de los Pastores, los que tienen corazón de fe, capaces de admirar y de gozar en la sencillez y generosos en comunicar su gozo a los demás.

Para los que tienen Fe, la Navidad es el gozo sin límite de saber y sentir que “Dios está con nosotros”.


2.- “Dios está con nosotros”. Esta es la verdad más decisiva para nosotros, la más auténtica, la última, la más consoladora, porque la felicidad del hombre está en poseer a Dios, en ser como Dios.

Nuestra primera actitud ante este misterio de la Navidad ha de ser siempre la adoración, como los pastores, como los Ángeles, como los Magos, como María y José.

Dejémonos penetrar el alma por la alegría de este Dios cercano y entrañable, como los que tienen alma de niño y corazón de pobre. Aunque no lo entendamos, la verdad es que Dios ha entrado en nuestra historia de hombres para que todos los hombres y mujeres entremos en el mundo y en el lugar de Dios. “Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres” (Tim 2, 11).


3.-  El hombre actual, que somos nosotros, ha quedado en gran medida atrofiado para descubrir a Dios. Se ha hecho “incapaz de Dios”.

Movidos exclusivamente por intereses egoístas, sin capacidad de abrirnos a Dios por ningún resquicio de nuestra existencia, caminamos por la vida sin la compañía interior de nadie, viviendo un estilo de vida que nos abruma y empobrece.

Ante un Dios del que sólo sabemos que es Amor, no cabe por parte del hombre sino el gozo, la adoración y la acción de gracias.

Dios existe. Y está ahí, en el fondo de nuestra vida. Somos acogidos por su bondad y su misericordia.

Estamos acostumbrados a escuchar que “Dios ha nacido en un pesebre en el portal de Belén”. Y no nos sorprende ni nos conmueve un Dios que se nos ofrece como Niño.

Pero esa es justamente la Buena Noticia de la Navidad: ahora sabemos que Dios no es un ser tenebroso y terrible, sino Alguien que se nos ofrece cercano, entrañable, desde la ternura y la transparencia de un Niño.


4.- Este es el Mensaje de Navidad. Hay que salir al encuentro de ese Dios con prisa, como los pastores y los Magos; hay que cambiar de corazón, nacer de nuevo, recuperar la transparencia del corazón, abrirse confiados a la Gracia y al Perdón de Dios. Hay que “llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa” (Tim 2, 12).

En esta fiesta de Navidad se nos pide confiarnos a Dios y creer en la fuerza del Amor. Cada uno de nosotros hemos de sentirnos llamados a llenar nuestro corazón de amor, no de violencia; de diálogo y de paz, no de guerra.

Entonces podremos cantar también con verdad: “Gloria a Dios en los Cielos y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.


5.- La Navidad no es una fiesta fácil. Sólo puede celebrarla desde dentro quien se atreve a creer que Dios puede volver a nacer en nosotros, en nuestra vida diaria.

Ese nacimiento será pobre, frágil, débil, como fue el de Belén. Pero puede ser un acontecimiento real que nos hará felices. Y se despertará en nosotros una alegría diferente, nos inundará una confianza desconocida. Porque Dios es el mejor regalo que se nos puede hacer a los hombres.

La Navidad nos invita un año más a contemplar, a vivir y a irradiar el misterio de “Dios-con-nosotros”. Como María, la Virgen y Madre nuestra.


+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga

Diócesis Málaga

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